La confianza da asco

1479346_10200188966926272_640136497_n"Haz que desvestirte para meterte en la cama sea un arte. Lo importante no es qué llevas puesto sino cómo te lo vas quitando. Ve desabrochando la camisa despacito, ciñe el jersey al torso elegantemente mientras te lo sacas por encima de la cabeza, apoya un pie sobre la cama al enrollar las medias hacia abajo..." Stop! Llegado este momento, les pido que me permitan que me tome un minuto para dejar de reírme. Si es que, cuando dicen que el papel lo aguanta todo... Esta recomendación tan sumamente realista viene de la mano de una reputada sexóloga. Esta señora debe de vivir en el mundo perfecto, donde todos gozan de una preciosa retaguardia, del equilibrio de un yogui -lo digo por lo de quitarse las medias en vilo- y una gracilidad de bailarina de clásico. Ah, y claro, de hogares provistos de calefacción central -en ese universo no hay pobreza energética o el clima caribeño evita que necesites arrancarte la ropa para meterte en un pijama gordo a una velocidad de plusmarquista-, tampoco habrá cacharros sin fregar, cenas por preparar ni camisas que planchar... Prosigue con el consejo: "Mientras estés desnuda, contémplate en el espejo, pasa las manos sobre tus pechos y caderas. Esto no sólo hará que él se fije en tu cuerpo y eliminará la sensación de familiaridad de verte desnuda, sino que contribuirá a crear una imagen positiva de tu cuerpo". Esta parte sí se la compro, lo de crear una imagien positiva de tu cuerpo, pero con ciertas prevenciones. Llega un momento en que has visto tantas veces a tu pareja sin ropa que ya no te despierta nada. Pero nada. La rutina, la frecuencia, la facilidad, no sé, la mezcla de todo eso, hace que el deseo languidezca. Todo lo, por excelente que sea, por mucho que nos satisfaga, si se reitera, deja de producirnos una reacción (es de Básica: una sbreeposición al estímulo genera tolerancia y como consecuencia, deja de producirse reacción. Habrá que ir subiendo la dosis de estímulo para generar la misma reacción). El desnudo "natural" habitual, el hecho de mostrarnos sin ropa ante la pareja en circunstancias "normales" o "familiares", tiene como consecuencia la saturación. Así, al cabo de un tiempo, la contemplación del cuerpo ya no producirá ninguna reacción. Por ello, mostrar la desnudez con cierta intención, está bien, puede favorecer la deshabituación.

Captura de pantalla 2016-04-13 a las 15.42.28Perdón por la dosis de realismo pero es que, justo ayer, en mi desvarío me adentré en el inframundo del textil low cost. Esa tienda archipromocionada con escaleras mecánicas que nadie nunca sabe adónde te van a llevar, miles de luces alógenas, zona de recarga para móviles con sillones para que se tumben los hastiados acompañantes, millones de prendas por metro cuadrado a unos precios, insisto, inverosímiles y hologramas y estrés y ansiedad flotando en el ambiente. Al llegar a la zona de lencería, escucho a una pareja. Ninguno tiene más de veinte años. Ella sujeta por encima una prenda "tan guay" y él la contempla un horror creciente y muy malamente disimulado. Ella, posando frente a un espejo, de espaldas a él, afirma con la cabeza megasegura de la necesidad que tiene de esa faja enteriza que "qué bien que me llega hasta debajo de las tetas". El pobre modula el estupor al decirle: "Tía, yo no no me la compraba", un lamento soterrado que en la estructura profunda viene a traducirse en: "Si te veo con esta braga infinita no voy a poder empalmarme, tú misma". "¿Tienes déficit neuronal, bonita?" La pregunta me quemaba en la garganta. Un discurso reprobatorio se hilvanaba en mis pensamientos conforme me alejaba de los chicos: "Bien está que te la compres y que te la pongas y que te quites dos tallas una vez logres embutirte en ella, pero ¿necesitas arrastrar a este pobre de la mano para elegirla? ¿Para qué quieres destruir el engaño que pretendes levantar conforme te la subas y te aprietes las mollas de la barriga?". Pisé la calle al plantear, retóricamente: "¿Eres imbécil y no sabes que los trucos de belleza, por anunciados que estén en tv son secretos?"

Es cierto que con la pareja se ha de compartir lo bueno y lo malo, la salud y la enfermedad, la riqueza y la pobreza y tal, pero, ¿es necesario que su pareja le vea con el tinte del pelo -es decir, con la cabeza pringosa de una sustancia viscosa y de color inespecífico, con trozos de papel de plata y secciones en el cráneo que recuerdan a hachazos-, o con la bragafaja en la mano, o sentado en el WC leyendo el Marca con los pantalones arrugados y bajados hasta los tobillos? ¿De verdad precisamos verificar cuán humano es nuestro novio hasta el punto de entrar en el cuarto de baño y justo después de que lo haya utilizado? ¿En serio creen ustedes que eso mejora en algo la relación? Salvaguardar las formas, las parcelas íntimas, los espacios propios, aun estando en pareja es crucial. Llámenme lo que quieran peores cosas me habrán llamado ya pero, dejen que les diga que ver a un señor cagar no es complicidad, como no lo es hacerse la pedicura mientras el otro desayuna o recortarse el vello nasal en su presencia... Eso es atentar con armas de gran calibre contra el deseo que puede sentir su pareja por usted. Es por todo esto que se afirma con rotundidad que la rutina mata el amor. Y que la confianza da asco. Mucho.   [youtube http://www.youtube.com/watch?v=JVpxpUXFiZk&w=420&h=315]