Otra de preliminares II

Captura de pantalla 2016-03-29 a las 12.28.42¿Por dónde íbamos? Estábamos desenterrando la pareja, yerta y sepultada bajo capas de aburrimiento, hartura, rutina y pereza. Y yo les estaba dando algunas sugerencias de mejora. En unos minutos van a leer unas cuantas ideas, unas mías propias y otras que proporcionan algunos manuales especializados, respecto de cómo devolver la pasión a esas relaciones estables de pareja que muchas veces ocultan un infierno de tedio y abstinencia. La mente humana busca retos. La facilidad y la previsibilidad devalúan incluso lo más grandioso hasta cotas ridículas. Convierte un guiso complejo y elaborado en un decepcionante biscote de arroz, insípido, relleno de aire y que te deja con más hambre que traías. Me consta que mis lectores pertenecen a muy diversas generaciones, tómense algunos de los consejos como recetas de abuela, si así se quedan más tranquilos al ver su megamodernidad absurda y mal gestionada insultada ante determinadas sugerencias, como la de escribir a mano.

Enviarle mensajes picantes, con cierta dosis de erotismo ad gustum. Que nadie dude del enorme poder de la palabra escrita. Deje notas por todas partes intente que no se las encuentre su madre el día que va a visitarles. Dentro de la nevera pegada al brick de zumo, en su bolsa de maquillaje, en la funda del portátil.... En cada una describirá una parte concreta de su pareja que le resulte súper sexy. En otra ocasión se puede escribir una lista de las "10 cosas" que le haría en ese mismo instante, si la tuviera delante o detrás.

Coquetear. Imaginemos que vienen invitados a cenar y que usted está sacando los cubitos de hielo en la cocina. No desaproveche el instante en que su pareja llega a buscar un plato para empotrarle contra la nevera y darle uno de esos besos de película mientras le mete la mano por la bragueta, y cuando entre alguien, charle con naturalidad mientras él se gira y disimula para que no noten su erección.

Salir sin bragas. La sexóloga que recomienda este truco obvia asuntos mundanos como la incomodidad, la cistitis acechando, la falta de higiene, las posibles manchas en la falda... Quién quiere pensar pudiendo follar. Este consejo supone un reto hasta para las más valientes -dice la señora. No ha salido por Madrid, se conoce-. "Sólo necesitas arreglarte para salir una noche y olvidar ponerte las bragas como si no tuviéramos ya un cromosoma entrenado para ponérnoslas como un reflejo involuntario, comparable a respirar. Puedes elegir entre contárselo a él directamente -plantea la terapeuta, el "oye, que no me he puesto bragas" de toda la vida-, o mostrárselo haciendo un cruce de piernas a lo Sharon Stone". Esta experta olvida el detalle de que lo más sexy de ese plano no es ver el coño de refilón durante un nanosegundo, sino el pedazo de par de piernas kilométricas que tiene la maravillosa rubia, su desafiante mirada, su tupé y su... ¡Vamos hombre, que es Sharon Stone! Llámenme rara pero yo me cuestiono la carga erótica de ver según qué par de jamones celulíticos y cortos embutidos en una minifalda absurda y coronados por unas manoletinas del Primark. El poder de la mente obra milagros: no teman. Inténtenlo, seguro que hay cosas peores que ver.

Improvisar. La aburrida charla sobre política, el eterno quejarse de su jefe de la pesada de su amiga, ... Suelte usted el cubata, finja un horroroso malestar, apártese de ese grupo de gente que no le cae ni siquiera bien, pida a su pareja que le acompañe al coche, o al baño, y disfruten de unos minutos de sexo express antes de regresar, con una cara que refleje una mejora ostensible en la salud.

Saque partido a la decoración. Los espejos, estratégicamente colocados, son toda una provocación, un estimulante y, para muchos, hasta divertidos. Si Madonna o Sabina en La Insoportable levedad del ser explotaron el poder erótico de los espejos, masturbándose sobre uno que apoyaba sobre el suelo, usted bien puede servirse de alguno que incida sobre la cama o el sofá, o desde el lateral, y recrearse en la escena que contempla y protagoniza al mismo tiempo. Evidentemente, se trata de un recurso que los exhibicionistas adoran ojo no se les vaya de las manos y terminen emulando cutremente a un actor porno pero que las personas tímidas o inseguras van a rechazar de plano. Conviene saber de antemano la ubicación del espejo para beneficiarse del ángulo oportuno, dejando que la pareja disfrute de esta faceta de voyeur o, por el contrario, pueda resguardarse del reflejo.

Vayan calentando motores. Masturbarse a lo largo del día, imaginando el encuentro vespertino, es un verdadero potenciador. Actuará casi como un afrodisíaco el hecho de ir explicándole a ella, vía telefónica o por medio de mensajes, lo que le aguarda después. Va en gustos pero igual es recomendable no llegar a la eyaculación. Aviso dedicado con cariño a los señores, en especial, a los que terminan antes de tiempo: los eyaculadores precoces durarán más si se han masturbado un rato antes de la relación sexual en pareja, una hora aproximadamente. De nada.

¿Recuerdan eso de besarse? Es lo que solían hacer antes de que la relación se consolidara y se redujera a un mero trámite previo a los asuntos importantes... Pues dejen que les diga que un beso largo, apasionado, puede ejercer un efecto estimulador sobre ambos mucho mayor que plantar las manos directamente en su bragueta. Los besos son mucho más íntimos que el coito (por eso muchas prostitutas no lo hacen).

Follar con la ropa puesta. Igual que lo de besarse, las parejas estables dejan de "asaltarse" con el paso del tiempo. Dejan de desnudarse el uno al otro. Dejan de disfrutar de las sensaciones que proporciona buscar la piel del otro y de tratar de esquivar la barrera de la ropa. La plena disponibilidad, eso de "hala, vamos, que hoy toca", sin juego, cada cual desvestido y entrando en la cama por su lado, es muy coñazo, perdonen que se lo recuerde.

Les digo lo del otro día: seguiré, pero no hoy.