Desequilibrio

Captura de pantalla 2013-03-04 a las 13.57.56Si el sexo era maravilloso, ¿cómo puede ser que ya no lo hagamos?
Muy observadora, es decir, si tú lo notas, seguro que él también... Y ya que lo mencionas, ¿por qué no lo estáis haciendo?

La compañía de la gente que mantiene relaciones sexuales resulta mucho más simpática. Ya me perdonarán por apuntar semejante obviedad. Las parejas que suelen practicar sexo habitualmente tienen matrimonios más felices que las que no. Ya, ya sé que hoy me estoy cubriendo de gloria con una perogrullada tras otra. Y aquí dejo la tercera: las parejas que follan están menos tentadas de ser infieles y tienen un porcentaje de ruptura-divorcio más bajo. La razón por la que les hablo como si tuvieran doce años es porque es mi edad mental estoy tratando de explicar este asunto de la manera más directa que puedo: sin sexo en vuestra relación es más que probable que os separéis.

Doy por hecho que ninguno de los dos tiene 95 años y que no hay un sacerdote mirando al borde de vuestra cama, así que, estáis arriesgando vuestra pareja si permitís que esta sequía sexual se prolongue. Salvo que tengáis una razón de peso para evitar el contacto físico íntimo (bebés, estrés, un trabajo nuevo, una muerte de un familiar, etc.), debéis tomar en serio el tema. Mejor dicho: el problema.
Una de las razones más frecuentes de la ausencia de sexo es que en las parejas se produce un desequilibrio de libido. A uno le apetece muchísimo siempre pero al otro casi nunca y el problema se termina haciendo tan grande que causa una tensión y un distanciamiento que desemboca en que dejáis de tener sexo completamente. Un drama: el deseo no se compra.

La cuestión es equilibrar los niveles de apetencia sexual. Y el truco, por supuesto, es lograr un acuerdo, un compromiso, un modo de que la persona que tiene un apetito sexual más alto pueda satisfacerse sin que la otra parte de la pareja sienta acoso sexual o que se aprovechan de él/ella. Esto exige mirar la cuestión con cierta perspectiva. El sexo se redefine. Una terapeuta ponía el ejemplo de que la persona más activa sexualmente se masturbase ante el que se muestra más pasivo. El primero, tan contento; y el segundo no habrá tenido que esforzarse nada, así que feliz también. Según ella, un éxito: dos clientes satisfechos. Yo discrepo tanto que prefiero remitirme a otro experto, David Schnarch en su libro Resurrecting sex, donde analiza que el deseo recibe la influencia de muchas variables al mismo tiempo: nuestra salud influye, igual que las circunstancias (lo que te está sucediendo en ese momento: tu pareja te mete mano mientras tú vas empujando el carrito del supermercado), el nivel de intimidad que tenéis como pareja, cuánto confiáis el uno en el otro, los genes y la libido natural y lo que cada cual encuentra erótico y cómo lo emplea para excitarse, si necesitas sentir amor para disfrutar del sexo o si eres capaz de disfrutarlo sin estar enamorado. Todos estos factores han de darse simultáneamente para que a una persona le apetezca y, además de todo esto, el factor crucial de que la excitación y la reacción fisiológica femenina y masculina, son diferentes. Piensen en las respuestas que la estimulación provoca en unos y en otras. Ellos pueden ver su excitación, tan orgullosos de su erección que sale y atraviesa la bragueta. Y esta visión por sí misma, les excita aún más. La excitación en la mujer se manifiesta en forma de lubricación y se produce internamente. Para poder contemplarla necesitaríamos un cuello de jirafa y permanecer abiertas en la posición de loto para ver el fenómeno. Schnarch afirma que las mujeres en el plano sexual son menos espontáneas y más reactivas. Ellos pueden volver a casa cachondos por el hecho de haber visto a una rubia comprando una revista en el kiosco de la esquina y nosotras, no. Al recibir la señal de nuestra pareja, ellos son más de "son las 7:21 y no me he tomado aún el café" mientras que nosotras reaccionamos más con cuestiones tipo: "¿de verdad me gusta éste hoy?", o "¿estamos bien juntos?" o "¿qué estarán haciendo los niños?" o "¿estoy cansada?". Si eres un hombre y te apetece echar un polvo esta noche a eso de las 22h, mejor vete portándote bien y planeándolo con 24h de adelanto. Sí, lo sé, dan ganas de rendirse. Y aunque suene exageradamente complicado, no lo es. Se trata de interiorizar unos cuantos principios básicos.

Si usted es la parte de la pareja con mayor impulso sexual, las recomendaciones de los expertos son las siguientes. Si es usted el otro, tendrá que esperar.

- Mastúrbese más e incordie menos a su pareja.
- Dése cuenta de lo que realmente busca cuando demanda sexo. Los hombres tienden a hacer avances sexuales cuando lo que realmente necesitan es un abrazo. Traten de distinguir la necesidad de afecto o de seguridad de la excitación sexual. Las mujeres a veces exprimen a sus parejas y demandan sexo excesivamente por cuestiones de seguridad. Razonan ???? que si él se queda agotadito de hacerlo contigo, va a estar menos predispuesto a tirarse a la tía buena del bar.
- Sea directo cuando demande sexo. Céntrese en separar ambas cuestiones: el afecto con relaciones sexuales y el que no las conlleva, para que no haya señales confusas. Hablen y demuestren empíricamente la diferencia entre un gesto de cariño o romántico, de uno con intenciones eróticas. Así, para que conste, desabrocharse el pantalón, abrir la cremallera, sacársela y menearla ante su cara, se considera del segundo tipo.
- Plantéense redactar una especie de contrato donde se pacte tanto el tiempo que cada cual disfrutará de relaciones sexuales (ojo, dejen claro que será con la pareja...) y quién habrá de tomar la iniciativa. Fuera de lo pactado, no se permitirá demandar sexo (esto va por el que siempre está dispuesto... Y recuerden poner las fechas clave, como cumpleaños, etc, para que no haya decepciones). Esto del acuerdo por escrito no lo ha inventado la de las 50 sombras de Grey, lleva décadas circulando por los manuales de los sexólogos.
- Pregúntese si realmente sabe lo que a su pareja le gusta. Cuanto mejor sea el sexo, más disfrutarán y más lo querrán practicar ambas partes. Muchas veces los bajos niveles de deseo responden a que el sexo es tan insatisfactorio o incluso doloroso, que se evita. Siento ser yo quien se lo diga: hay gente muy inepta en la cama, con técnicas deplorables.
- Acepte un hecho: puede que su pareja le quiera de verdad aunque no siempre esté dispuesta a mantener relaciones sexuales.
- No espere reacciones espontáneas de deseo, aprenda a crearlas, a motivar a su pareja. La receptividad erótica de cada persona es distinta; mientras que a unos les basta un guiño, otros precisan de horas de besos y caricias... Preste atención y el tiempo que su pareja necesita para provocar que le apetezca.