Colecho

Captura de pantalla 2016-01-26 a las 21.43.52La semana pasada, durante las cañas, los vinos, los cubatas y la... morcilla, que siempre siguen al taller literario, y que son la razón por la que continúo yendo, escuché por primera vez la expresión colecho (palabra lo que se dice palabra, según la RAE, no es: La palabra colecho no está registrada en el Diccionario, así que lo dejaremos en "vocablo", si me lo permiten). Por el ruido de fondo de los vasos, el zumbido de charlas cruzadas y por pura inercia, entendí que íbamos a hablar de política, de cohecho (Delito consistente en sobornar a un juez o a un funcionario en el ejercicio de sus funciones, o en la aceptación del soborno por parte de aquellos). "No, Eva. Colecho, deberías investigar sobre esto", me sugirió misterioso uno de mis compañeros. Lo de colecho yo lo interpreté, al principio, fatalísimamente. Pensé que sería una variante del polyamor. Pues no. O de la orgía, como la de Marc Jacobs u otra. Tampoco. Quizá del intercambio de parejas. Qué va... No es que yo le mirase en plan "habla o te rompo las piernas", no, no, por favor, nunca hago esas cosas en público. Sólo tuve que amenazarle con no corregirle más sus textos y empezó a cantar.

La aclaración me situó en un contexto completamente distinto. Me explicó que se trata de una nueva moda de organizar la intimidad familiar.
Se trata, en efecto, de compartir el lecho, pero no como yo imaginaba. Esto del colecho consiste en que los hijos se quedan a dormir en la cama de la pareja desde que nacen hasta que cumplen los 8 años de edad. Todos los hijos; si hay más de uno, también. Hice una especie de visualización a cámara rápida, como Amélie (Audrey Tautou). Vi un camastro cuadrado inmenso ocupando todo el dormitorio y, sobre él, flotando en un edredón grueso de invierno, atrapados y enredados como peces en una red, había un chico y una chica separados por un bebé y un niño de dos años en diagonal, y otra de cuatro abrazada al perro, echados a los pies de la cama y sin arroparse. Se me quedó la cara como cuando vi la foto de Fran Rivera toreando con su hija de 5 meses en el brazo y casi se me cae el gintonic. Que ya sé yo que, de moderna, moderna lo que se dice moderna, yo peco poco. Y cada vez menos.  Señoras y señores, me hago cargo de que carezco de un diploma para diagnosticar pero, antes de escaldarme y despellejarme viva como hacen los chinos con los pobres perros y/o de sepultarme con perogrulladas tan evidentes y siniestras como que ellos harán lo que quieran porque ellos son sus padres y están en su derecho y lo hacen en su casa, yo les reclaco que tengo licencia para opinar, tengo un derecho constitucional para expresarme libremente y encima, estoy en mi blog. Dejen que les diga que esto no me parece modernidad; esto es una perroflautada que me induce a sospechar del retraso mental latente de esos padres y de quien se lo consienta o, en su defecto, de cierta clase de parafilia, usando esta palabra en el peor de sus sentidos.

Miré a mi amigo de mujer a mujer y: "No lo veo yo como una forma de fomentar el amor familiar sino de arruinar la intimidad de una pareja" y me explayé con nimiedades como el insomnio familiar por las tomas de madrugada o los llantos y pesadillas y paseos al baño de uno u otro... Quizá pasar la noche de imaginaria juntos, une tanto que me he perdido lo mejor de la infancia... "Recientemente he conocido un caso: se separan porque ella -en este caso era ella la que no cedió- metió a dormir al bebé entre los dos. Al principio, le parecía inhumano ponerla en su cunita porque era muy chiquitina pero, fueron pasando meses y meses, de ahí no se ha movido. Duerme en la cama de matrimonio, dando la espalda a su papá y abrazada a su mamá; y pueden vomitar sangre, ambas, sólo con que se plantee que la niña duerma en su cuarto. ¿Resultado? Pues que desde que llegaron del hospital con la recién nacida hasta los... ¿seis meses? no echaron un polvo. Y después, en tres años, habrán follado cinco veces. ¿Razones? La falta de intimidad, claro. Ella aparta la mano de él de un manotazo y dice eso de: "Ay, suelta... con la nena delante, no...". El pobre marido que lleva cerca de tres años follando con toda la que se cruza no ha logrado que su hija estrene el precioso dormitorio rosa que le habían preparado. Y duermen los tres juntos; bueno, hasta que él tenga que irse de casa, que dormirán las dos. ¿Y ahora llegas tú a convencerme de que lo más de lo más es lo del colecho de esa pareja de amigos tuyos?". "No, no, ¡qué va a parecerme bien! Yo creo que es una mierda y que mi amiga está loca". Y yo me tranquilizo porque, me empezaba a preocupar "a ver si es que tengo que beber más para que me parezca bien".

Entonces respiro hondo, pido otra ronda y saco la bola de cristal: "Les doy cuatro o cinco años", dije. Aunque en realidad, les daría dos sopapos y les aconsejaría que educaran a sus hijos y a sí mismos, ya de paso, como progenitores. No sé quién arrastra más gilipolleces, si los carcas retrógrados que invocan unos valores caducados y perversos "de toda la vida", o los modernos analfabetos que pervierten la familia de otro modo, del suyo propio megasúperoriginal, porque es "suya". Los que no quieren vacunas, los que alargan la lactancia materna hasta que el niño o la niña ya se han sacado el carnet de conducir, los que por no regañar o no castigar al niño, nunca le corrigen y claudican a su tiranía infantil y les dejan hacer lo que les viene en gana como salvajes,... A veces me pregunto si no han entendido que lo de la República Independiente de mi casa era sólo el slogan de un spot.