Monólogos de la vagina

Captura de pantalla 2016-01-19 a las 19.27.19Apuesto a que estás asustada. Yo lo estaba.
Por eso empecé este trabajo. Me preocupaban las vaginas. Me preocupaba lo que pensamos acerca de las vaginas y, aún más, lo que no pensamos de ellas. Me preocupaba mi propia vagina. Ella necesitaba un contexto de otras vaginas, una comunidad, una cultura de vaginas. Hay tanta oscuridad y tanto secretismo en torno a ellas, como respecto del Triángulo de las Bermudas. Nadie cuenta nada cuando regresa.

Si tu vagina hablara, en una o dos palabras, diría:
Más despacio
¿Eres tú?
Dame de comer
Quiero
Yum, yum
Oh, sí
Empieza otra vez
No, no, más allá
Chúpame
Entra
Buena elección
Piénsatelo mejor
Más, por favor
Abrázame
Vamos a jugar
No pares
Más, más
¿Te acuerdas de mí?
¡Adelante!
Aún no
Sí, sí
Oh, Dios
Gracias, Dios
Aquí estoy
Vamos
Encuéntrame
Gracias
Adiós
No tan fuerte
No pares
¿Dónde está Carlos?
Así mejor
Sí, ahí, Ahí...

Decidí hablarles a las mujeres acerca de sus vaginas. Las entrevistas a las vaginas se convirtieron en los monólogos de la vagina... En un primer momento las mujeres se mostraron reacias a hablar. Eran un poco tímidas. Pero una vez que empezaban, no había quien pudiera pararlas. A las mujeres, de un modo secreto, les encanta hablar de sus vaginas. Se excitan mucho, principalmente porque nadie les ha preguntado nunca.

Entrevisté incluso a mujeres de entre 65 y 75 años. Estas entrevistas fueron las más conmovedoras de todas, posiblemente porque la mayoría de ellas nunca había realizado una entrevista a su vagina previamente. Por desgracia, la mayoría de las mujeres de este grupo de edad tiene una relación muy poco consciente con su vagina. Me sentí terriblemente afortunada de haber crecido en la Era Feminista. Una mujer de 72 nunca se había mirado la vagina. Sólo se había tocado en la ducha, pero jamás de un modo consciente. Nunca había experimentado un orgasmo. Con 72 años, decidió ir a terapia y con el valor que le infundió su terapeuta, se fue a casa y a solas, una tarde encendió unas velas, puso un poco de música tranquila, se dio un baño y descubrió su vagina. Me explicó que le llevó más de una hora, por culpa de la artritis, pero que cuando por fin descubrió su clítoris, dijo, lloró.
EVE ENSLER

La mayoría se compra vestidos, cosmética, zapatos y souvenirs en Londres. Yo arraso en las librerías y en todas las demás tiendas, porque compro como si no hubiera un mañana. Hace años, para entrevistar a su directora, vi la adaptación al castellano de "Los monólogos de la vagina". El texto de Eve Ensler me pareció sencillamente genial. Me encantó. Se representó en el Teatro Nuevo Alcalá durante no sé cuántas temporadas con lleno total y también recuerdo que su elenco, compuesto por tres actrices, fue de gira a diversas ciudades. Leer más

Ahora, manejando la obra original no logro dejar de reírme y de asentir ante verdades como puños. La autora, feminista en su época, derrocha ingenio y valentía para abordar un asunto que resultaba y resulta más cómodo ignorar. Me permito apuntar un hecho: aún hoy, el corrector de word subraya la palabra vagina como si fuera una errata. Creo que convendría que alguien se lo hiciera mirar...