Creer

1017072_4263117555564_15366204_nTe crees imprescindible hasta que notas que eres más bien invisible.

Te crees que te quiere hasta que demuestra que se quiere más a sí mismo.

Te crees todo tolerancia hasta que escupes que les quitarías los burkas y los pañuelitos a las moras a hostia limpia.

Te crees muy valiente hasta que fríes alitas de pollo.

Te crees inteligente hasta que tratas de usar el microondas en la casa de alguien.

Te crees inmortal hasta que descubres que la cara que te devuelve el espejo necesita un planchado.

Te crees que, como tu ex conocía tu cuerpo de arriba a abajo, que ya no vas a soportar tener que enseñarle a ningún otro cómo y qué es lo que te gusta en la cama. Oh, sí, claro. Segurísimo. Qué aburrimiento, ¿no? Es una verdadera putada eso de hacer que ese nuevo chulazo que te tiras redescubra tus puntos erógenos (y algunos que ni siquiera habías ubicado aún). Un coñazo total eso de guiar su hábil lengua a los sitios adecuados... Un auténtico infierno eso de pasarse el día completo en la cama, a base de cava y ostras o de gominolas y tequilas, conduciendo a este nuevo ángel en peregrinación por el santuario de tu anatomía. Toda la razón, es un espanto escucharte gemir: "Ahí, sí, sí, sííííííííí".

Te crees... Con el tiempo, comprendes que lo mejor es no creerse nada.

Cada año me produce vértigo escribir el primer post. También me daba respeto el último que publiqué en 2008, 2009, 2010, 2011, 2012, 2013, 2014 y en 2015. Cada año me esfuerzo en tomarme las uvas con todo el ceremonial: lencería roja, oro en la copa, alzando el pie izquierdo y alguna que otra superstición más, como si eso sirviera de algo. Cada año menos es más.