Aquí yace M.M. 90-60-90

Captura de pantalla 2015-09-15 a las 11.49.18Amén de los incontables affaires con presidentes y con obreretes, con deportistas, con actores y con productores y magnates; de la espeluznante retaíla de abortos; de sus juergas; de su insomnio; de sus subidas de peso; de sus intentos de suicidio; de su deslumbrante belleza y su cuestionado talento; tras la maraña de teorías acerca de quién está tras su muerte, hay una historia adictiva que me ha atrapado literal que no literariamente. Comparto sólo algunos de los descubrimientos que regala su increíble biografía.

Gladys (madre de Marilyn), a quien han dado el alta temporalmente en el sanatorio, les visita, pero organiza tal escándalo cuando los Giffen le proponen una adopción legal que, horrorizados, deciden desprenderse de la pequeña, antes de que los niños se encariñen demasiado con ella. Lo mismo sucede con la familia de Reginald Carroll, hasta que un malhadado día alquilan una habitación a un tal señor Kimmel. Su nueva familia no tiene hijos y Norma Jean no sabe con quién jugar al regresar de la escruela. El señor Kimmel es muy ingenioso, sabe juegos de manos y le cuenta historias muy divertidas. Un día invita a la niña a la habitación. Años después la actriz confesaría a su amante ocasional, el periodista danés Hans Jörgen Lembourn: "No fui literalmente violada, pero me obligó a hacer algo y tuve un shock. Nunca lo he superado y aflora en mí de repente. Me obligó a tomarle en mi boca, ésa es la verdad. Yo entonces no sabía nada de esas cosas". Esta primera agresión sexual encierra la clave de muchos de sus miedos y también de su fascinación por la felación que iría levantando en torno suyo toda una leyenda, auténtica en su mayor parte.

A Marilyn le gustan cada vez más los hombres maduros, en quienes halla al padre que nunca ha conocido. [...] "Siempre me han atraído los hombres maduros -diría Marilyn pocos años después- porque los jóvenes no tienen cerebro, sólo quieren ligar y no piensan en mí en absoluto. Se ponen cachondos sólo porque yo soy actriz. Los hombres mayores son más gentiles y saben más, y los que yo he conocido eran importantes en el mundo de los negocios y han intentado ayudarme".

(En la película Río sin retorno) Su compañero de reparto es Robert Mitchum, quien al verla la identifica inmediatamente como aquella chica desnuda, cuya foto le había enseñado tantas veces su compañero en la fábrica, Jim Dougherty (primer marido de Marilyn), antes de la guerra.
La relación de Bob Mitchum con Marilyn es una típica muestra del desprecio y la vulgaridad con la que era tratada por sus compañeros. A Marilyn se le podía decir y proponer de todo, nunca se enfadaba. Era un compañero más para los hombres y ninguno de ellos se preocupaba por sus sentimientos. Durante el rodaje se llegó a situaciones límite inconcebibles con otras actrices. El doble de Mitchum, llegó incluso a proponerle que les hiciese a los dos una felación simultánea: "¿Pero eso es posible hacerlo?" preguntó Marilyn y cuando ambos afirmaron divertidos que sí, respondió: "Ahora comprendo lo que es la muerte por motivos naturales".

Cuando ella y su esposo, el dramaturgo Arthur Miller alquilan un apartamento en Nueva York, en la calle 57: "Lo primero que hace al instalarse es pintar todo de blanco y traer su viejo y querido piano. Luego contrata a Lena Pepitone, una mujer enérgica que al convertirse poco después en su confidente, podrá contarnos con el paso de los años cómo era la Marilyn de 1957. De sus confidencias y del filo de sus memorias, surge una mujer triste, inocente y vulgar como su apartamento, que solo se transforma tras largas horas de maquillaje. La Marilyn casera poco tiene que ver con la imagen mítica de las revistas. Es una mujer algo rolliza, que prescinde de la ropa íntima pero adora la cocina italiana. Que se tiñe el vello púbico con decolorantes, que no se sonroja al eructar o tener ventosidades. Una mujer capaz de limpiarse los dedos con las sábanas tras comer cordero en la cama, que no es muy amiga del baño diario y que llora con facilidad. Una mujer triste, solitaria, capaz de espiar a un obrero atractivo durante horas, agazapada en la ventana, o de aguantar pacientemente la esperada llamada de un productor, como si del teléfono dependiese su vida. Una mujer que inicia sus mañanas con un Bloody Mary, para tomar luego unos cuantos benjamines de champán bien frío, Piper Heidsieck si es posible, para acabar las noches con Dom Perignon. Una esposa amante capaz de ordenar que no se cambien las sábanas de su lecho cada vez que hace el amor con Arthur Miller". Más sobre ella.

Estrenada la película (Niágara) con notable éxito, muchos espectadores destacaron su muy espectacular forma de andar y su contoneo de caderas. Fue Jimmy Starr, columnista de Los Angels Herals-Express, quien descubrió el secreto de su forma de caminar. Siempre se había creído que tenía una cadera deformada. Pero la realidad era que la actriz utilizaba el truco de acortar el tacón de uno de sus zapatos un cuarto de pulgada y de esta forma, cuando andaba, el trasero se le meneaba cadenciosamente.

Greenson -"Mi Jesús" le llamaba Marilyn cariñosamente- ha visitado a la actriz por primera vez en 1960. Y se ha quedado impresionado ante el panorama clínico que ésta presenta. En esa época ya se droga diariamente, según el diario médico y las fichas de su último médico, con Pentotal, Demerol -una especie de morfina-, Fenobarbital y Nembutal. Su diagnosis tras los primeros sondeos, es que la actriz sufre de manifestaciones psicóticas, esquizofrenia y reacciones depresivas de paranoia. "Si no hubiera sido ella, la hubiesen internado en un manicomio", concluye al finalizar el estudio de su nueva paciente.

[...] Pero curiosamente no se encontró en la habitación ninguna jeringuilla, como también desaparecieron del cuarto de baño los frascos de barbitúricos encontrados en el momento de su muerte: Librium, Sulfatidina, Noludar, Fenergan, Nembutal, Pantobarbital y Fenobarbital, todos ellos en cantidades considerables y muchos sin la etiqueta de la prescripción facultativa, legal en Estados Unidos, adherida al frasco. Sólo quedaba otra posibilidad: que Marilyn se hubiera administrado drogas por medio de una lavativa, a las que era -como Mae West recomendaba como receta de belleza- muy adicta. Macabro hasta el fin, Peter Lawford dijo el día de su entierro: "Marilyn ha tomado su última lavativa". Ignoraron su deseo, expresado en cierta ocasión, de que en su lápida grabasen simplemente: "Aquí yace M.M. 71-58-91". Sus iniciales y sus medidas, que tampoco -como todo en su vida- eran reales, ya que Travilla el modista juraba que las auténticas eran: 94 - 58 - 92.

Marilyn Monroe. La diosa del sexo. Luís Gasca.