Virginidad en los tiempos de google

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Por millonésima vez desde una revista donde jamás he publicado ni conozco a nadie, han contactado conmigo para que, sin cobrar, opinase en calidad de experta sobre la pérdida tardía de la virginidad. Como el tema me da máxima pereza y además me resultaba muy evidente que aún no habían madurado suficientemente el enfoque del artículo, no acepté llamadas telefónicas ni por skype hasta que no me mandasen las preguntas concretas. Tardaron varios días y, cuando las recibí, van y me piden mi respuesta para ayer. El caso es que finalmente, aunque me quedé sin comer para sacar un rato (esto, ya les adelanto que sólo me lo ha agradecido la talla de mi culo), es que no me ha confirmado siquiera la recepción del email que le mandé con ciertas opiniones. O no le han gustado o no le han servido, pero vamos, que ni un correíto de vuelta. ¿Cómo era eso de "ni agradecido ni pagado"? Parezco rubia, o nueva, no sé. Parezco virgen. Horror. Y todo, nuevamente me pasa por no querer resultar borde y responder un meridiano "no te ayudo porque no me interesa y porque paso de currar gratis".

Ya les decía antes que a mí la gente virgen, en lo sexual y especialmente en todo lo demás, me da mucha pereza. Será por mi impaciencia o porque mantengo constante mi sobredosis de cafeína. Lo cierto es que echar la vista atrás, fuera de la clase de yoga y sus torsiones y retorcimientos anti natura, me espanta. Copio aquí lo que le dije por escrito, opinándome encima acerca de todos y de todo en general. Tú dale un micro a un loco... pues eso.

La periodista me contaba que, cuando propuso el tema a debate en internet, se habían mofado de ella, la gente se había negado a facilitar sus testimonios, y un sinfín de desastres. Le llovieron ataques e insultos contra ella y contra el tema en las redes. Mencionaba dos cuestiones: la abstinencia de muchas personas jóvenes y la pérdida de la virginidad de modo forzado, quizá por la presión de los amigos.
Yo le dije:
Respecto de esto en concreto, ten en cuenta el Efecto Pigmalión: la presión externa nos lleva a comportamientos y actitudes que no reflejan nuestros deseos auténticos sino que, en realidad, obedecen a un afán de contentar al mundo (familiares, compañeros, amigos, etc.). Tras esas virginidades que "estorban", que hay que quitarse ya mismo y con prisa, subyace mucho miedo. Miedo a no ser como los otros. Miedo a quedarse atrás o a no ser "moderno". Miedo a ser rechazado por el grupo, a quedar excluido. Pero cuidado que, por otro lado, tras esas virginidades que se perpetúan, tras la exclusión del sexo a pesar de que apetezca o de haberse presentado la situación adecuada para mantener una relación, hay también miedo. Miedo a intimar. Miedo al abandono. Miedo al embarazo. Miedo a las ETS y al sida. Miedo a no saber lo que se tiene que hacer o a hacerlo "mal". Miedo a dejar de ser virgen. Miedo al dolor (sangrado, etc.). El cambio da miedo. Lo desconocido da miedo. Y cuando la gente tiene miedo, reacciona de modo irreflexivo o poniéndose a la defensiva.

La IN-cultura americana fomenta los dos extremos: alevines de putas que venden-subastan su himen online vs chicas que reniegan de su naturaleza de ser vivo sexuado y post-ponen o anulan su lado sexual sine día, adhiriéndose al creciente segmento de la abstinencia como opción sexual. Todas en su perfecto derecho, claro, pero no me parecen dignas representantes del colectivo femenino, no son la generalidad.

Acerca de que no se considere como pérdida de virginidad la práctica del sexo oral y anal, yo le comenté: Estamos aún muy condicionados por la ideología machista que contempla a la mujer como una posesión, como un objeto a dominar y susceptible de ser "estrenado". Vergonzoso y asquerso, pero cierto. La mujer se cosifica desde las religiones monoteístas desde hace milenios: la mujer es limpiadora, es madre, es cocinera y se la considera un cacharo con agujeros. Asusta pensar que aún convivimos con el dogma de la Virginidad de la Virgen y con el delito aberrante de la ablación-mutilación genital femenina; es mundialmente tolerado a pesar de ser ilegal y de atentar contra la dignidad y contra la integridad y la salud de la mujer. Si lo pensamos, da miedo... Muchas culturas fomentan penetraciones no vaginales para "engañar" al futuro marido. Otras étnias obligan a la muchacha casadera a que le metan una navaja por el coño el día de la boda y exhiben el pañuelo a los amigos, familiares y familia del novio. Se llama ceremonia del "yeli" y si no se demuestra, con sangre, la virginidad y "pureza" de la chcia, resulta que el novio puede cancelar el comprimiso y la famila de la novia cae en deshonra...

Quizá por esas atrocidades la himenoplastia saltó a la fama de las operaciones de estética para facilitar que, a golpe de talonario, una mujer pueda timar a un gilipollas que pretende estrenarla, como si fuera un par de pantalones.

Los de la publicación, como les comentaba, no han dado señales de vida. En fins...

La mayoría de los hombres aprecian que la mujer con la que están tenga experiencia pero, por otro lado, si él no tiene suficiente confianza en sí mismo, puede sentirse inseguro al verse ante alguien con mucho más mundo que él. Si decides hacerte la virgen, asegúrate de que puedes hacer todas estas cosas:
- ¿Podrás sonrojarte a voluntad?
- ¿Sabrás fingir todo el rato?
- ¿Soportará él el shock cuando se lo comuniques?
- ¿Lograrás aparentar inexperiencia?
- ¿Y asombro?
- ¿Podrás controlarte? La tentación, durante el empotramiento, de corregir sus errores ("Has empezado sin mí" o el aún peor "¿Qué poco ha durado hoy?") puede ser muy grande.