Impotencia (III)

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Estábamos con esa vertiente del quiero y no puedo que tantas toneladas de pastillas azules ha vendido. De casi todas las situaciones cabe extraer distintas conclusiones aunque, a veces, lo más útil es contemplarlas desde distintos puntos de vista. Para afontar los episodios de impotencia, y salir airosos y con una sonrisa de ellos, a mí me resulta crucial la reacción de cada uno de sus protagonistas. La gran actriz, me temo que no es la señora o señorita espatarrada, sino una que va unida al cuerpo del señor y que, sin dar explicaciones, se encuentra "apagada o fuera de cobertura" justo cuando se la necesita, igual que mis más mejores aminemigas. Cuando, iniciada la relación, llega el temido momento de que eso no sube, o que saluda brevemente y decide irse de vacaciones, no es algo que pase inadvertido a los presentes... Ya publiqué ciertas consideraciones para que los señores mantuvieran la calma. A las doñas, unas cuantas bienintencionadas recomendaciones:

-No finjas que no te has dado cuenta. Habla con él sobre ello. Pero ojo: una cosa es mostrar cierta empatía con un "a veces me apetece mucho hacerlo pero no logro lubricar" y otra, sacar la guadaña con un "¿ya estamos otra vez?". Hazte la comprensiva y dile a su pene: "Pobre, ¿estás agotado, no?" o bromea acerca de las "muchas copas" que se/os ha/habéis tomado para aligerar la tensión del momento. Puedes preguntarle si le apetece que le estimules o si preferiría descansar un rato. Lo peor que se puede hacer es ignorar el asunto. Con cierta delicadeza, acaríciaselo desde la base hasta el glande, de arriba a abajo, o intenta con el sexo oral. Si en unos minutos no se le pone dura, cambia a otra zona (pezones, testículos, ...). Y si ni así, vete pensando en tirarte a otros.

-No te lo tomes como algo personal. No es porque tu culo haya engordado, ni porque hayas elegido la lencería errónea; tampoco se debe a que, en realidad, le gustan más las morenas, ni es culpa de que no hayas ido a Pilates en dos meses... Tampoco te plantees que es que ya no te quiere o si acaso alguna vez lo hizo. Cuesta que todos esos mensajes no inunden tu meninge pero, querida, que tu autoestima no se resienta: no es culpa tuya que su pene tenga problemas vasculares, que se ponga hasta las trancas de sustancias, que él esté cansado, que haya practicado sexo más recientemente de lo que te ha contado, quizá con otra, ejem, y demás factores posibles. Repite conmigo: ese fiasco no es culpa tuya.

-Dale la vuelta a la situación. ¿No nos piden que afrontemos la crisis como si fuera una oportunidad que la vida nos brinda para experimentar lo que se siente en la cola del INEM? Pues hablando de colas muertas, tú, ante la tuya, llena de optimismo, dile: "Genial, esto significa que te tengo a mi entera disposición". Hazle tu esclavo por un rato, deja que use su lengua y sus dedos para llevarte al orgasmo. Tócate para que él te vea. En definitiva: relájate y disfruta. Que ambos se corran no tiene que ser, necesariamente, el objetivo de cada relación sexual.

-Intentar la penetración de todos modos. Sucede muy habitualmente que si el pene se introduce, aunque sea con ayuda de sus dedos o de los tuyos, alcanza la erección una vez dentro de la vagina.