Impotencia

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Una de las palabras más deprimentes que se me ocurren es "impotencia". Emerge cuando sientes el tacto áspero de la soga alrededor del cuello y notas que el taburete donde tus dos pies se apoyan, resbala irremisiblemente; cuando lees "salida" pero no encuentras más que una puerta cerrada; cuando a pesar de haberlo intentado todo, la solución huye; cuando pones todo tu esfuerzo en arreglar situaciones u objetos pero resulta ineficaz. Sobre impotencia puedo escribir un libro. La experimenté mirando a los ojos de alguien a quien quería, y a quien yo deseaba seguir queriendo y cuidando, mientras se le iba la vida. Y ante la negativa a escuchar de quien no desea la verdad sino escapar de ella. Y ante el abandono repentino e inesperado. Y ante la crítica salvaje, injustificada y sin derecho de réplica de alguien que me importaba... La mayoría de la gente asocia impotencia con Viagra, sin más. A mí me consta que no hace falta nacer con una polla para saber que sentir impotencia es fatal. Les invito a que nos asomemos de refilón al lado más crudo del quiero y no puedo, que al final es la esencia de la vida misma en general.

Casi un tercio de los casos de impotencia se deben a causas físicas, y la mayoría de ellos son tratables. Por favor, que no cunda (tanto) el pánico.
Dicho esto, asumamos que, a veces, muchas, pero que muchas veces, los penes y los cerebros tienen ideas diferentes acerca de lo que es divertido. Así, sucede que mientras tú desearías reventarla, tu pene se esconde en tus Calvin y se echa una siesta.

Otro dato estadístico y veraz: casi todos los señores tendrán problemas de erección una vez se acerquen a los cuarenta (a esa edad, nosotras nos convertimos en multiorgásmicas, ahí queda eso). La casuística y las situaciones que pueden ocasionar la incapacidad para lograr una erección son infinitas, como lo son las sustancias que la gente se mete: el alcohol, las drogas, ciertos medicamentos,... Además, apliquemos aquí de nuevo el "tú eres tú y tu circunstancia": el estrés (de origen laboral u otro), o la ansiedad y la depresión (por no tener empleo o por cualquier otro motivo), el duelo por la pérdida de un ser querido, o incluso la falta de sueño, el insomnio, el agotamiento o el cansancio, forman parte del abanico de posibles causas de estos episodios de impotencia. En estos casos, conviene olvidarse de ese momento y tomárselo como algo esporádico, sin más. Si te obsesionas, si te preocupas y no dejas de pensar en ello, es cuando vas a provocar que te suceda de nuevo, porque la siguiente vez estarás pensando en que no pudiste y los nervios te superarán. No conviene añadir ningún tipo de presión extra a tu mejor/único amigo. Si lo haces, puede que se cumpla tu peor pesadilla y te conviertas oficialmente (aunque quizá sólo de modo temporal) en impotente. Y no va a colar lo de "es la primera vez que me pasa".

La primera e ineludible pregunta: ¿Por qué sucedió? Además de las razones que he enumerado, una muy, pero que muy habitual, es la culpa. Oh Yeah! Puede que el señor en cuestión carezca de moral, de principios y hasta de alfabetización, pero (de nuevo la disociación polla-mente), resulta que en incontables ocasiones la impotencia se da cuando existe cierto arrepentimiento y sentimiento de culpabilidad por haber cometido fechorías y maldades hacia tu pareja, como la infidelidad. Llamemos a esto ley del Karma u "Ojo por ojo" o como se quiera. Insisto: el señor puede ser amoral, egoísta y un cerdo, pero al final, su polla (que es la que manda en definitiva) sí tiene principios, y es incapaz de sobrellevar tanta fechoría con la cabeza alta. Literalmente.

Obviamente, detrás de ciertos casos de falta de erección radican razones médicas de las que no osaría yo hacer broma alguna. Es relativamente sencillo discriminar estos casos, que necesitan ayuda médica especializada. Cuando un hombre se despierta por las mañanas con una erección, o cuando se puede masturbar sin problemas, es probablemente una impotencia por causas emocionales o psíquicas, dado que el pene funciona perfectamente en situaciones exentas de presión o sin la interacción de una pareja. Lo cual me lleva a otra de las posibilidades: la incapacidad de tener una erección con alguien en concreto. Si se da el caso de que es precisamente con tu pareja habitual que no logras alcanzar o mantener la erección, quizá toque ir algo más allá y analizar qué tipo de bloqueo o problema existe: exceso de presión, auto exigirse un rendimiento sexual excesivo, sentimiento de vergüenza o inseguridad por el tamaño del miembro o por el aspecto físico, o que tu pareja se haya mostrado demasiado crítica o haya bromeado acerca de su cuerpo o de su técnica amatoria... Hay que hablar. Y por hoy, aquí lo dejo. Que el calor sea misericordioso.