Sexo oral (sigue II)

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Aprovechando esta ola de calor y el corralito griego, continuamos con el asunto de las felaciones. No me negarán que se trata de temas muy conectados.

Una vez inicias tu maniobra de aproximación a su entrepierna, notarás que no te quita la vista de encima. No es que “desconfíe” o que te vigile: es que le pone mucho verte en acción; supone presenciar una peli porno de la que es protagonista. Por tu parte, estate atenta a sus reacciones, así sabrás si le gusta o si no y, si es que le estás excitando tanto que irremisiblemente va a eyacular (algo que quizá quieras posponer, en cuyo caso, debes aminorar). Disfrutará mucho si llevas la voz cantante -perdón por el chiste fácil-. Logra que se excite y entonces, desvía la atención hacia otras zonas: su cuello, sus pezones, etc., no tengas piedad: a ellos no les pasa como a nosotras que sí nos perjudican los parones y los cambios de ritmo y de estimulación de cara a alcanzar el orgasmo. Con esto incrementarás el placer que sienta cuando de verdad termine.

¿Qué más se puede hacer?

“Acompaña con movimientos de tu mano la trayectoria que describas con tu cabeza, sube y baja, formando una O con los dedos para intensificar la fricción. En lugar de ir desde arriba, comienza en la base y ve subiendo con la lengua. Traza semicírculos con la piel que rodea la corona del glande. Si te concentras en el tercio superior, moviendo tu puño cerrado, coloca el pulgar como tope, de modo que incrementes la sensación de “penetración”. Lleva su pene hacia el fondo de tu paladar, haciendo que sienta el recorrido. Simula la acción de mamar, tomando el pene desde la base con la mano y poniendo la boca en el extremo y también puedes hacer movimientos de succión. No implica hacer trampas eso de ayudarte con la mano. Además, ten en cuenta que desde los dientes hasta la campanilla hay entre 5 y 8cm, y que la medida de su pene con casi total seguridad será mayor… Prueba a invertir la dirección tu mano, colocando el anillo que forman el pulgar y el índice hacia abajo, justo en la base del pene, donde puedes aplicar mayor fuerza que en la punta. La velocidad puede variar pero, si te aceleras mucho, se correrá antes. Hablando de esto: la estimulación del punto P* provoca que se desencadene el orgasmo –si lo haces mal o a quien no debes, lo que conseguirás es que se moleste, se ofenda, piense que te has vuelto loca o incluso, que se marche-. Fragmento de mi libro “Verdad y mentiras en el Sexo”.
Respecto de la estimulación anal, sucede lo mismo con nosotras: puede que a ella le encante que acaricies el perineo y el ano, o que introduzcas un dedo, pero es igualmente posible que a otra, sólo con que note que te acercas a esa zona, se cierre en banda y le cortes el rollo si insistes.

Si te da reparo comerle la polla a un extraño estás en tu derecho de colocarle un preservativo; es más: tienes que hacerlo, porque arriesgas tu salud. Hay infinidad de clases de condones pero, para el sexo oral, como el sabor del látex no es agradable, se puede optar por los de sabores o por poner sobre un preservativo común un poco de lubricante del gusto que más rabia te dé. En ese universo de oportunidades, hay afrutados (fresa, cereza, mango, …), típicos de repostería (chocolate, chocolate blanco, vainilla, …) y hasta imitando agunas bebidas (refresco de cola, caipiriña,…). Como la sensibilidad no es la misma, puedes hacerlo sin preservativo; en este caso es recomendable, mucho, evitar todo contacto con líquido preseminal y, por supuesto, con el esperma. Con la mano, mantén controlado el glande, chupa el tronco, los testículos, etc; el truco reside en no tragarte tu saliva, sino en echarla hacia fuera constantemente (ojo que tampoco se trata de escupir de modo disimulado, sino de proporcionar lubricación extra a tus dedos y dejar así que sean ellos los que aborden la “zona de riesgo”). Para practicar un cunnilungus, ídem: utiliza cuadrantes de látex o film de cocina o un preservativo cortando la punta, de modo que cubra la vulva.

No es seguro hacer sexo oral sin profilaxis, ya que puedes contraer alguna ETS a través de la boca, especialmente si tienes llagas, cortes o heridas. Poco se habla de los casos de cáncer de garganta en hombres y en mujeres de todas las edades causados por practicar sexo oral…

Ten en cuenta que:

– ellos también necesitan preliminares (no te tires de cabeza a su falo como un caníbal);

– ellos también son “tímidos” y “aficionados”: les cuesta -como a nosotras- explicar qué les gusta y probablemente desconozcan los términos correctos para designar algunas partes de su propio cuerpo, los nombres técnicos de las caricias que quieren pedirte o de las posturas que desean hacer contigo;

– ellos también necesitan cumplidos o palabras que les tranquilicen (si no te ves gritando “métemela toda” o el comprometedor “¡eres el mejor!” –¿Ah, sí? ¿El mejor de entre cuántos o comparado con quién?-, quizá puedas hacerle saber que todo va bien con un gemido de placer o un “me encanta”);

– ellos también disfrutan viéndote en acción: sé espontánea, déjate llevar y pásalo bien.

Si se “olvida” de avisarte de que está a punto de correrse, tú misma podrás darte cuenta, por sus movimientos de caderas, porque se pone rojo, se le acelera la respiración (igual eso te queda lejos del alcance de la vista) pues bien: el pene se hincha, los testículos se pegan al cuerpo, y se le tensarán las manos (con las que te aferra la cabeza o del pelo). Tras el orgasmo, suelen preferir que te quedes quietecita –no todos valoran los mimos “post”-.