Plus Size

Con un clic, Gloogle carga infinidad de reseñas hipócritas acerca de que las mujeres con "kilitos" de más triunfan en la moda. Hay artículos que aseveran que este verano son tendencia. "Por fin voy a llegar a tiempo a una operación bikini", es mi primer pensamiento cuando veo las fotos y leo en diagonal los textos. Diez segundos después, mi voz interna grita indignada que no. De ninguna manera. Me niego a afirmar que una mujer que pesa 100kg, con un sobrepeso diagnosticado de 40kg y un protocolo médico que alerta de riesgos para la salud de todo tipo, vaya a ser mi referente de nada. Bueno, ni el mío ni el de nadie. Pero ojo, que también me niego a que me manipulen y me planten delante, como cuerpo a lograr o estética a imitar, el de una niña cadavérica que, por maquillada y peinada que salga en la foto, no es sino una enferma de anorexia que no pesa ni 45kg con su 1,76m de altura, y que me recuerda a las víctimas del Holocausto. No más casos Isabel Caro.

Sin ánimo de fomentar discusiones bizantinas, que deberían resolverse admitiendo el axioma de que el ansia de vender mueve el mundo, parece que, de una vez, empezamos a ser conscientes de que todas estamos en el planeta y que todas tenemos que vestirnos. Se trata de cubrir las necesidades de todas las personas. En mi propio armario encuentro prendas de tres tallas distintas. Normal. Engordo, adelgazo, cambian los tallajes, evoluciona el criterio de lo que favorece o adquieres cierta experiencia a la hora de sacarte partido. En cualquier caso, admito que tengo la suerte de haberme movido siempre en el terreno de la "normalidad" (me refiero a las tallas solamente; lo otro, todo lo "otro"; mejor lo obvio). Si, por ejemplo, alguien como yo engordase quince kilos de pronto, no entraría en la XS. Notará que le aprieta hasta la tira del bolso y que le roza la cara interna del muslo al caminar y que los tirantes tan favorecedores se convierten en torniquetes, que las cremalleras estallan y que los corchetes de esos vestiditos sexy ya no abrochan,... Jode, pero podría comprarse prendas de la talla S, o la M o la L, y seguir adelante. Sin embargo, no todas partimos del mismo peso y estatura. Y no todas las mujeres pueden comprar una talla más o una talla menos porque no existen prendas fuera de los mágicos 32-46. Lo voy a dejar aquí, a pesar de lo fácil que me resultaría llenar cinco folios atacando la esclavitud del negocio de la moda, el estúpido criterio impuesto por tantos mamarrachos que, sin haberse comido un coño ni poseer uno propio, con sus lápices y diseños se erigen como dictadores de tendencias de la moda que sólo pueden vestir quinceañeras con anemia. Las mujeres comemos de todo (no sólo apio) y bebemos (no sólo agua) y tenemos culo y tetas y curvas (del tamaño que sea, XXXXS o XXXXL). Y necesitamos ropa para ir a trabajar, salir de copas, ir a una boda, de compras, al gimnasio... Ropa mona, favorecedora, para todas. Me refiero a las mujeres delgaditas y bajitas, que usan tallas menores que la 34, para que no tengan que irse a la Planta de Niños, y hablo también de las que superan la 46, para que no tengan que confeccionarse sus propios modelos, porque no existe nada chulo para ellas en ninguna parte. ¿Es mucho pedir que se fabriquen prendas para todas?

Plan para esta tarde noche: desfile de moda Plus Size de la diseñadora Patricia Guillen, Teatro Bodevil, calle General Orgaz, 17, a las 20h.

Me niego a utilizar frases cargadas de tópicos para referirme a la moda que diseña Patricia Guillén. Vean su web y juzguen. A mí me suena bien la filosofía de la firma: “Todas las tallas son bellas”.