Ojalá sirva de algo

1234408_4607720010410_135850326_nHe amanecido con una horrible preocupación. Hubiera preferido tener enredado en las sábanas a un Jason Lewis , que me perdone Dios. Sin chulazo, sin cena copiosa, sin pesadillas ni remordimientos de conciencia, la mala noche ya me la enfiló Eurovisión. ¿Qué se puede decir? Pues que por bien que defiendas lo indefendible sigue siendo indefendible. Pobre Edurne, vaya ñorda de canción que le adjudicaron. Hija mía ya puedes quitarte la capa sin caerte como Madonna y hasta las bragas, y bailar y hasta enrollarte con un bailarín cachas, que nada de nada. El sueco se copia versiona el último temazo de David Guetta y hala, quinientos mil puntos. Bien jugado, Suecia. Con dos cojones. Así van ellos y así va España. Los suecos abriendo Ikeas y nosotros cerrando hasta las centrales de Coca-cola. Aquí somos sordos o desde luego, no me lo explico. ¿Quién concibió la letra de esa mierda de tema, acaso un becario que iba de tripi utilizando el autorrector del i-Phone? Igual era el sobrinísimo de alguien poderoso... No sé. Seguramente. Pero a mí me indigna el criterio que se aplica en nuestro país en Eurovisión. Este año no iba Chiquilicuatre y, si un pedazo de pibón, que clava la canción y borda la coreografía, una artista casi perfecta como es Edurne queda así de mal, es sólo por la mierda de canción que ha llevado. Punto. Y ahora, sigo con mi mal despertar, que no se ha debido, como ya he explicado, a la posición que España ha ocupado tras las euro-votaciones. El amanecer tormentoso fue por las otras votaciones. Unas de trascendencia mayor, por las que mi sensación de vértigo y de agobio, estaba harto justificada. Y era para estar alteradita perdida porque, la de hoy en las urnas es una reflexión y una decisión comparable a la de contraer matrimonio. Nos vinculará los próximos 4 años. Ahí es nada. No es un polvo de una noche, que sea mejor o peor... al final qué más da.

Nada más abrir el ojo, he llegado a agobiarme por la enorme responsabilidad que he sentido que pesaba sobre mí (yo era de ese 25% indeciso hasta ayer... bueno, hasta hace unas horas). "Levántate. Vota. Quien calla otorga". Y no daban ni las ocho de la mañana cuando yo estaba con la cara pegada a la pantalla, repasando propuestas electorales, viendo videos con las posturas de candidatos a la Alcaldía de Madrid, sopesando las recomendaciones de voto de mis contactos de facebook... Admito que no he hecho esto en ningunas elecciones anteriormente. Tres cafés me he tomado hasta que a las 11:30h. me he metido en la clase de yoga para marines a la que ya soy profundamente adicta. Gonzalo, el profesor, que parece un superhéroe de Marvel, ha logrado que, a base de sentir la muerte muscular en cuatro ocasiones, se me aclarasen las ideas.

A ver, a estas alturas de mi vida, con los partidos me sucede exactamente lo que con los tíos. Tengo muy claro, meridianamente clarísimo, lo que NO voy a tragar. No quiero ladrones-corruptos-imputados-condenados-encarcelados en el gobierno, como no quiero un hombre que me pega, por ejemplo. Harta de desayunarme con titulares de "nueva detención del político XXX miembro del partido...", el PSOE y el PP me han allanado el camino. Son reincidentes, como los infieles. Descartados. Pero, eliminada la opción de votar la misma mierda de siempre, que sería como volver con tu ex, el que te engañaba y pegaba, todo junto, ¿qué opciones electorales tengo? Pocas. Hay tíos que ni fu ni fa, como hay partidos tipo los falangistas, animalistas, y formaciones tan independientes y minoritarias que no me veo identificada con ellas, como no me enredo ya con los que padecen el Síndrome de Peter Pan o el Donjuanismo; a estos que los quiera su puta madre. Y a los partidos esos, para tirar mi voto, pues que los vote la ídem. Actualmente, lo mismo que ya no le doy ni la hora a un tipo que sea un traficante, o que posea unos deslumbrantes antecedentes penales y otras peripecias curriculares, no voy a dar mi voto a estos señores que son tan colegas de gobiernos que privan a sus cuidadanos de los derechos fundamentales y de la libertad, y que andan sedientos de quitar al que tiene, sea que tiene por una herencia, por una lotería o por el grave pecado de que se lo ha currado y ha sabido ganarlo. Así que mi vértigo, mis sudores, mi dolor de cabeza se agrava de ver que, lamentablemente, no tengo resaca: es que estoy acojonada porque NO hay opciones. Por desgracia, esto de votar exige una alta implicación. Comparable a elegir la casa o el coche, y no una falda en Berska, y encima, lo que salga de las urnas hay que comérselo: aquí no cabe devolverlo en 30 días con el ticket... Y por desgracia también, a mí los políticos me dan tanto miedo ya como los tíos: carecen de inteligencia, incumplen sus promesas y sé ya por experiencia que son capaces de lo peor y que sus actos me causan problemas.

1002791_4258246393788_1486767746_nSin haber recuperado el aliento y con las pulsaciones aún un poco alteradas por culpa de Gonzalo el superhéroe y sus asanas circenses, y reventadita porque cuando él cuenta 1-2-3 estando cabeza abajo y retorcida, a mí me ha dado tiempo a contar hasta 45, escondida bajo unas gafas de sol para ocultar que iba con la cara lavada -porque resaca hoy no tenía, insisto-, he caminado hasta Alcalá 34. En cada esquina me planteaba si ir o no; he dudado mil veces si sería capaz de lograrlo, si no me rajaría y me lanzaría rumbo al Rastro o plantaría mis machacados glúteos y agotados isquiotibiales en una terracita al sol... Menos mal que estaba cerca y, por fin, vi a los policías controlando el acceso del magnífico edificio que hacía de sede. Varios cachorros de dálmata, dos galgos, un buldog francés y algún otro perro aguardando fuera a que sus amos cumplieran con el trámite electoral, padres con sus bebés, parejas, desortados que llegan de after, personajes anónimos, ... La sensación era de orden. Sin prisas. Sin altercados. Me he quedado justo al final de la escalera, he hecho cola unos minutos. Costaba avanzar. Por fin, atravesando un par de salas, la enorme mesa de sobres y papeletas. Una para el blanco y otra para el sepia. He decidido llevarme una copia de cada una de mis papeletas elegidas para que no se me olvide a quién debo exigir responsabilidades. Sin hacer pleno uso del derecho a que mi voto sea secreto, pero cuidando que nadie me viera, como cuando meto el PIN al pagar con tarjeta, he elegido las que, para entonces, y a partir de ya, quería y quiero que me representen sin pasar más vergüenza. Porque eso es lo que he llegado a experimentar estos años. Años. Años de vergüenza hablando con extranjeros o leyendo prensa de otros países. Años deseando que sólo me hablen del Real Madrid o del Barcelona en las repúblicas bananeras que he recorrido. Porque si mencionan a Mesi o a Neymar también cae chapapote... De nosotros lo que se comenta es que el Rey mete a su amante en el Palacio Real a vivir y la involucra en negocios de Estado a comisión y que tiene un yerno imputado (¿o ya está condenado?) y una hijita rubia que no sabe, que no recuerda y que estaba muy enamorada...; un Ejecutivo y una oposición y algunos sindicatos cuyos miembros están imputados o directamente en la trena; escándalos por corrupción a diario; la banca rescatada y algunos (pocos) banqueros en la cárcel; los desahucios por miles y los casi seis millones de parados... Todo eso en la cabeza, como en el tambor de una centrifugadora, pujando por hacerme desistir. El soniquete de: "Si todos roban; si va a dar igual. En cuanto manden a meter a dedo a sus amiguetes, a llenarse los bolsillos..." frente al: "Si no vas, consientes lo que otros menos vagos que tú elijan. Ve, y equivócate tú". Ha logrado imponerse el pensamiento de "no dejes que te gobierne la gente que ya se ha probado hace tiempo que roba y que encubre a los que lo hacen. Quédate y vota. Participa para que mejoren las cosas. Tan garrafalmente mal, es difícil volver a hacerlo". Poco más adelante, a la derecha en otra sala, he encontrado la mesa 119. Tras entregar mi DNI, han visto que existo y me han dado permiso para proceder. Un poco nerviosa, he introducido cada sobre. Mentiría si niego que lo he hecho llena de ilusión y, llámenme kamikaze, pero yo creo que esta vez algo va a cambiar. "Ojalá sirva de algo", he susurrado al darle las gracias al semicachas que manejaba el cotarro en esas dos urnas.
Luego, he cruzado y he visto la expo de Chema Madoz. Recomendable por varias imágenes ingeniosas y de fuerte carga conceptual.
¿No se supone que los domingos se descansa?