Cuernos de mujer

994277_4258498600093_1336106160_nMe invade de repente una ola de enemistad, por decirlo de una manera suave, hacia Miguel. Veo con claridad meridiana su juego, su estrategia: dejar que la situación se haga insostenible y se pudra hasta que sea yo quien no aguante más y tome la iniciativa: "Fue ella la que quiso separarse", le dirá a sus amistades o conocidos.
Siempre pensé que Miguel no me conocía para nada, pero ahora me doy cuenta de lo bien que me había cogido el aire. Sabe que si se me empuja debidamente, salto al abismo. Y ha estado achuchando durante semanas, meses, años. Yo, estúpida de mí, sin enterarme de la misa la mitad.

La protagonista ha descubierto que su marido la engaña con otra gracias a unos billetes de avión y a unas facturas de cenas regadas con Moët en Roma y en París. No voy a hacer spoiler. Si pueden, léanla, es divertida y muy humana. Se trata de un fragmento de Cuernos de Mujer, de Carmen Rico-Godoy. La exitosa y breve novela, que yo he leído de un tirón, me hizo parar en seco el otro día. Clavé los ojos en el escaparate de una librería de la calle Hortaleza. Me miraba fijamente, me gritaba casi tras el cristal. La vi rodeada de ejemplares viejos y descatalogados, de cuentos originales, primeras ediciones y libros de segunda mano. Su título y haber leído ya otras obras de Carmen me hicieron sacar los cinco minutos que siempre tenemos, e hice que el librero la rescatara de la vitrina.

Este párrafo es el cuarto del estilo que encuentro en distintas publicaciones, novelas, ensayos... Siempre que detecto este tipo de contenido procuro doblar la esquina de la página o directamente dedicarle un post. Así, cuando alguna me cuenta sus dramas por la terrible separación o su infernal divorcio, yo me remito a la literatura, a líneas y palabras concretas cargadas de sabiduría y de vidas de otros, que sirven de espejo. Podría remitirme a mis apuntes del Máster de Separaciones y Divorcios del Colegio de Abogados, o a mis propias experiencias, pero para qué... Les digo: "Tu caso es un caso de libro. Se te pasará". De lo primero estoy segura, he aquí la evidencia; de lo segundo, no. No lo estoy en absoluto (pero sería una crueldad y una insensatez proveerla con más dosis de amarga realidad, sería como ponerle una pistola en la cabeza).

Todos los tíos son capaces de destrozarte la vida. Pero muy pocos saben romper un corazón de modo original. En general, todos los hombres tienen dos defectos de serie: son cobardes y egoístas. Hace falta llorar mucho para pillarle el punto a esta aseveración. Luego, sabiéndolo, ya tú decides si juegas más o si te retiras. Porque el juego va de eso siempre. Siempre. Serán situaciones aparentemente distintas, con sujetos opuestos, circunstancias espaciotemporales y económicas y de edad muy dispares, ... que acaban igual porque en la ecuación interviene un hombre. Y los tíos son -repitan conmigo- cobardes y egoístas. He vivido, leído y escuchado mil rupturas "de libro". Bajo el matorral de detalles particulares, emerge el sustrato inalterable: un tío cobarde y egoísta. Analizo uno, dos, tres, cuatro, ..., cinco mil, y detecto lo siguiente: que siguen patrones tan idénticos de conducta que parecen amebas. Resultan muy muy mediocres en su modus operandi. Se buscan a otra pero para no tener que dejarte y ser "el malo" ante sus hijos (si los hay), parientes y amigos propios y comunes, lo que hacen es ir desapareciendo muchas muchas muchísimas horas de casa, y cuando se dignan personarse provocan silencios asfixiantes y una tensión insufrible. Se llama ser pasivo agresivo y los tíos (especialmente los infieles) son maestros en este arte -aún sin saber qué significa, conste-. "Es que te enfadas por todo", "Ayer pensabas lo contrario", "Te lo dije, ¿otra vez se te ha olvidado?"... Veneno gota a gota. Te lleva a la muerte en vida. La convivencia alcanza una atmósfera irrespirable. Un día, no logras dismularlo más y explotas. Necesitas hablar. Hablar. Tú le pides hablar, para arreglarlo por supuesto, no para divorciarte. Pero claro, él lleva rumiando ese instante mil horas y lo agarra como tablón de salvamento. Él ha provocado esa situación, calladito y dedicado a las omisiones más crueles, te fuerza a que tú tengas cojones y ovarios por los dos y te atrevas a dar el paso de verbalizar que las cosas fallan. Muerta de miedo, tratas de desbloquear ese sinvivir. Y entonces dirá que necesita tiempo pero que no hay garantía de que esto se vaya a arreglar; o que las cosas no van bien hace mucho tiempo, demasiado, etc. y serás tú la que mencione la palabra fatídica: divorcio-separación. Y él se aferrará a que tú lo propusiste... Indirectamente, como un asesinato por encargo, te obliga a terminar con algo que él ya se ocupó de joder a tus espaldas, yéndose con otra. Son cobardes y egoístas, repito, hasta cuando creen que son muy astutos. No saben que la infidelidad se puede disimular mejor, o no saben hacerlo. En fin, está ya todo escrito.