Cuestión de práctica

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Permítanme que capte su atención desde la edulcorada perspectiva de los topicazos. Estén tranquilos, en breve llegan las críticas, las quejas, los cómo es que no sabes que… y demás. Piensen en el sexo más como un viaje que como un destino al que llegar. Ciertamente, lo ideal es que durante el encuentro se alcance el orgasmo, o los varios orgasmos, de ambas partes pero, todo el mundo sabe que el sexo, incluso sin orgasmos, es de las experiencias más placenteras que existen. Claro, claro…

Como inciso irrenunciable: el orgasmo femenino es bastante más difícil de lograr que el masculino. Aquí aprovecho para recordar también que las zonas erógenas principales de la mujer (especialmente el clítoris, la entrada de la vagina y labios menores y los pechos) son mucho más delicadas que sus equivalentes anatómicos masculinos. Es así: no es que yo me haya levantado con ganas de hacerme la especial ni esto sea un panfleto de feminismo trasnochado. Por favor, por “duro” que ella lo pida, ojito con atacar las referidas áreas con la misma brusquedad y fuerza que aplican ustedes con sus miembros viriles en las maratonianas sesiones de cuánto-me-quiero-a-mí-mismo.

Estas dos “advertencias” me sirven para que conste que, siendo lamentable, no deja de ser frecuente que las mujeres no logren alcanzar el orgasmo con sus parejas, y me refiero incluso a relaciones largas. Mucho menos lo conseguirán con uno que sólo es un amante esporádico; al final, se trata de dos extraños empujándose con poca ropa. No se conocen de nada… El encuentro puede ser mágico, o un fiasco total porque no siempre que compras lotería, te toca, ¿no?

Considerando que un novi-marido de años, a veces, no logra que ella se relaje y llegue al clímax, cómo va el espontáneo, el “de esta noche” a dar con la clave y a saber sus especialidades y gustos íntimos… Desde luego, hay hombres que han nacido para eso y lo logran sin despeinarse, haberlos haylos, muchos; y también los hay que han practicado tanto y con tan buenas maestras que no hay puzzle que no resuelvan hasta con los ojos cerrados… Pero, pero… Ni todos rezuman las artes de Casanova ni todas son “nivel de dificultad bajo”.

Al hilo de esto, me viene a la cabeza la muy temida cara B de la relación: los orgasmos fingidos. Sí, sí, aún hoy muchas se decantan por mentir a su pareja para que no se frustre, no se acompleje, … o para vete tú a saber. Las hay incluso seguidoras del fake it until you make it, pero yo no soy nada beliver de ello. Es más, me posiciono muy en contra. Si no le explicas lo que quieres o detestas, y no eres multiorgásmica, chica, muy mal lo va a llevar porque, por listo que sea y por buena intención que tenga, si eres de las que le cuesta y encima no te desencriptas… Es un hecho que cada mujer necesita cosas distintas. Traducido: en la práctica, es complicated.

Otro matiz: señoras y señoritas trabajen, mastúrbense en sus ratos libres y jornadas vacacionales. Compren manuales, inviertan en juguetes eróticos, dildos y vibradores y practiquen. Límense las uñas y practiquen. Lean y practiquen y descubran sus cuerpos. Dediquen tiempo a conocer su respuesta sexual y a provocarse orgasmos. Si me leen desde hace tiempo, habrán encontrado comentarios míos preguntándome qué se supone que tengo que hacer con el resto del día pasados los 18 segundos que me ocupa lograr un orgasmo de traca con el vibrador mega-potente-ultra-fashion… Una vez identificadas las reacciones físicas que provoca la estimulación sexual, es mucho más sencillo experimentarlas con una pareja.

No voy a entrar ahora en el otro quid de la cuestión: el complicadísimo arte de aprender a dejar la mente en blanco. Porque eso sí que es crucial, hablo de las mujeres, pero a muchos la mente les pasa factura en el peor de los momentos, ¿a que sí?