Nada, salvo dinero

Pero pasó el tiempo, y el cuerpo se acostumbró a la cruel mutilación, y el corazón aprendió de nuevo a latir solo. El ridículo de Felicia fue relevado por otros ridículos, y hasta ella misma se olvidó de lo ocurrido. Incluso se le quedó como un poso de ternura hacia aquel hombre que tanto la […]