Errores masculinos

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En mi nueva etapa de absoluta generosidad y entrega al prójimo pretendo mejorar el planeta. Para ello he pensado intervenir poco a poco en mi mundo, empezando por sacar a flote algunas de las grandes equivocaciones de los hombres. Para no eternizarme, me voy a centrar en los errores que cometen exclusivamente en el terreno sexual; de otro modo, no terminaría jamás.

Primera de las muchas cagadas: "los hombres piensan que las mujeres queremos sexo romántico en vez de lujurioso y pasional".
Puedo entender por qué se produce la confusión masculina al respecto. Admito que las mujeres damos, en cierto modo, mensajes confusos y contradictorios. Es un hecho que la mayoría necesitan que, especialmente al comienzo, les estimulen el clítoris suavemente con los dedos y la lengua. Por ello, y debido a este "acercamiento delicado", muchos dan por hecho que la penetración apasionada y con fuerza, no procede. Y ya no digamos nada de estamparla contra una pared, sacarle las bragas de un tirón con una sola mano mientras que, casi a la fuerza y a pulso, le acarician un pecho con la mano que te queda libre. (Entre ambos se excluyen... Es una egoísta organización interna suya.) Hay hombres que en la cama se comportan como un colibrí libando néctar. ¡Error! Salvo que tengas huesos de cristal, cuando te metes en la cama con un tío, quieres notar peso, músculos, empujones... Enredarte en una muy particular forma de baile, o de lucha, y acabar sudando, colorada y despeinada.

Cuidadito aquí: mientras que en determinadas zonas nos gusta un contacto suave, a veces casi un roce, en otras no rechazamos en absoluto ser tratadas con dureza, con fuerza y hasta con violencia. Sí, he dicho todo eso, pero que nadie se vuelva loco. NOTA: aplíquese sólo a determinadas zonas, en determinados momentos y a determinadas mujeres. Sí, así de complicado: delicadeza aquí y allí y fuerza allá y acá. El truco reside, como en casi todo lo que al sexo se refiere, en comunicarse con tu pareja y saber cómo se siente ese día. En un aquí te pillo aquí te empotro, pocas charlas y conocimientos hay... La única neurona deberá sobrevolar el pedal nerviosismo y ansiedad para tratar de captar esa información a través del lenguaje corporal, que siempre es la mar de elocuente si se le presta un mínimo de atención.

El asunto de "delicadeza-rudeza" que se precisa o tolera en la estimulación está muy conectado con las hormonas y todas esas cosas femeninas que los hombres jamás llegan a entender (y que nosotras tampoco, todo sea dicho). Y por supuesto, como ya apunté antes, la intensidad de la estimulación necesaria para que una mujer alcance el orgasmo es completamente personal. El tipo de vocabulario que cada cual emplea (soez, cursi, insultos, piropos,...) o la necesidad de guardar silencio, así como los gestos (tirones de pelo, pellizcos y chupetones, ...) son un código a descifrar y consensuar con cada cual. No se puede dar nada por sentado: lo que alguna de tus ex's te suplicaba igual le resulta un coñazo aburrimiento o un suplicio a la de ahora.

Generalizar parece imprescindible para poder proporcionar algún tipo de pauta válida, porque es cierto que a la mayoría les hace falta una estimulación de clítoris delicada y suave, pero a alguna también le va el fast and furious. La cuestión es que siempre se debe ir de menos a más. Por ejemplo, si abordas el clítoris con brusquedad y lo lastimas, te cargas el polvo.... y da gracias que no te den una buena hostia de propina a cambio del mordisco o del desgarro. Insisto en la estadística: que a alguna, excepcionalmente, le vaya el rollo dientes como a la Pantoja, o que le metan de primeras cuatro dedos, no implica que a las demás se lo puedas hacer. No. No. No. No. Olvida las caras de zorras que las ídem actrices del porno ponen. Es fake. Y la patada que te puedes llevar tú en plena cara va a ser real.

Es un hecho que, a mí, en vez de darme las gracias suelen odiarme. Pero sepan que, a pesar de la imagen que se hagan de mi persona, soy más de emocionarme viendo vídeos de gatitos echada en el sofá que de salivar afilando guadañas para cortar penes en un sótano. Pero si se quedan más tranquilos elaborando teorías acerca de mi perversidad y mi corazón de hielo, adelante, quién soy yo para frustrar las fantasías de nadie.