Piropos

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Abordemos otro de los argumentos que mi próxima enemiga esgrime para justificar que, desde hace unas semanas, en vez de en su cerebro, sus ideas se generan en el coño un poco más abajo, allí donde se hizo el láser.

"Mi novio nunca me dice un cumplido. Este chico me trata como a una princesa".

[Miedito me da entrar a valorar la iniciativa del Observatorio de la Violencia de Género para que se prohiban los piropos. Encuentro trazas de acierto en cada uno de los argumentos a favor y en contra de ellos. Llevo años quejándome de que, desde que los rumanos cavan las zanjas en las calles y reparan las aceras de Madrid, sustituyendo a los españoles, ya no se escuchaban piropos como Dios manda. He pasado del careto grisáceo de lunes a la sonrisa radiante de viernes noche tras recibir de uno que pasaba por ahí el regalo de algún cumplido inesperado... Frente a eso, admito haber llegado a casa sintiéndome sucia cuando algún fulano me ha dedicado una barbaridad insultante, humillante, ofensiva y vejatoria. Así que, siendo plenamente consciente de que las sensibilidades de cada cual son muy personales, y admitiendo que sé detectar que tras cualquier piropo subyace un halago, por equivocada que sea su formulación, dejaré que este asunto lo diriman a fondo otros. Yo no sé gestionar tanta tontería...

Sin embargo, me quedo pensando una frase que he escuchado acerca de este debate: los piropos no llegan de los conocidos, llegan de un tipo que te cruzas por la calle, de un extraño. Y ahí yo reflexiono: es cierto. Ésa es la amenaza, el agravio: que se trata de una intrusión, que llega de un desconocido (aunque sea agradable y acertada). Me parecía absurdo y me rebelaba a priori contra la prohibición retrógrada de dejar de dirigir cumplidos a mis amantes, a mis amigos y a mis amigas, a mis familiares, a mis gatos... ¡Claro! Ahí reside la clave: por respeto y por educación, yo jamás le gritaría a un extraño, por muy chulazo mancuernista depilado que esté, lo que si se descuidara le haría. Otro tema es lo que le susurre en mi cama... y para entonces, ya nos habríamos presentado.]

Retomo: "Mi novio nunca me dice un cumplido. Este chico me trata como a una princesa".

Por qué se siente tentada.

Das un toque final al gloss, te colocas unos pendientes que cuestan más de lo que te permites admitir, y mejor no mencionamos los zapatos que te has puesto. Te estudias a ti misma ante el espejo, y hasta tú estás impresionada con el resultado. Haces una salida triunfal por la escalera dirigiéndote hacia tu pareja; él te mira y dice... nada, no dice nada de nada en absoluto. Fantástico. Sin embargo, cuando cruzas la puerta del despacho, resulta que el chico de la oficina con el que medio tonteas, al verte se le escapa un "waw!", y se pasa la noche persiguiéndote y diciéndote lo guapa que estás y lo lista que eres, y que si él fuera tu novio no te habría quitado la vista de encima.
Todos somos un poco narcisistas, nos encanta que nos admiren, ¿quién puede culparte de que te atraigan los halagos?

Por qué no merecería la pena.

Si te encuentras en esta situación, normalmente es un caso de "amor nuevo versus viejo". El probado y testado frente al nuevo e infinitamente más excitante. Te sientes confundida, y con razón. El amor se siente de formas distintas en cada una de las fases de la relación. El nuevo amor es adrenalina y entusiasmo, ilusión, y el viejo amor es un estar contenta: el largo suspiro que se te escapa cuando estás acurrucada con él en el sofá (con o sin chimenea), viendo un DVD mientras coméis una pizza. Ambos son igual de apetecibles, pero de formas radicalmente opuestas. El nuevo te trata como a una princesa porque está tratando de cortejarte. Te baña en cumplidos y te otorga el 100% de su atención porque aún es demasiado pronto, ojito. Es lo que tu actual pareja hacía en sus comienzos también, ¿recuerdas? Y probablemente es lo que volvería a hacer si le hicieras comprender lo importante que es para ti y cuánto lo echas de menos. Cuidado: la mayoría de las relaciones resultan muy prometedoras en los primeros meses, pero raramente sobreviven en el tiempo.

Existe además un hecho documentado: desde la época de las cavernas, a nosotras nos conquistan por el oído, mientras que a ellos las cosas les entran por el ojo. Por eso, el humor, los cumplidos y las conversaciones son cooperadores necesarios como baja-bragas y permiten que auténticos trolls hombres no muy agraciados toquen línea de meta (y todo lo demás). Y por eso mismo, nosotras nos maquillamos, nos subimos a un taconazo por mucho que duela y pasamos frío para exhibir nuestras "gracias", sean o no naturales. Ya, ya, una mierda, pero no me lo he inventado yo.