¿Está bien así?

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Me pregunta una futura enemiga si es motivo suficiente para dejar a alguien el hecho de que no consigue tener orgasmos con él.

Hay que diferenciar el gañán que no ha intentado siquiera averiguar por qué nunca has tenido un orgasmo ni ha tratado de rectificar la situación, del tipo que se pasa el día devorando desesperadamente manuales de sexo y que prácticamente se ha dislocado la lengua esforzándose para que lo tengas.

En este punto, si somos realistas, hay que hacer una obligada reflexión: ningún hombre puede "darte" un orgasmo, tienes que "cogerlo" por ti misma. Me explico: cada cual, solita, tiene que aprender a tener los orgasmos, masturbándote o con un vibrador, y luego, podrás indicarle a él cómo tiene que usar sus dedos, dirigirle para que use su lengua como a ti te gusta y explicarle que tú necesitas ciertas posturas -normalmente, las que proporcionan más impactos y presión sobre la pared vaginal frontal-, o pedirle que ponga una mano extra aquí o allá, o un dedo o un dildo o un vibrador para ayudarte a tener un orgasmo durante la relación sexual. Chicas: con la de horas que se pierden leyendo tonterías en las redes sociales y la de siestas que no dormimos, tiempo para estas prácticas hay. Además de para lo ya comentado, respecto de poder comunicarte de modo eficaz con tus parejas sexuales, utilizar juguetes sirve para identificar las reacciones de tu propio cuerpo, y ayuda a familiarizarte con tu propia respuesta orgásmica.

Todo esto, traducido, implica que el peso de la responsabilidad sobre tu orgasmo recae sobre ti. Que es donde deber estar. Es tu cuerpo y tu orgasmo. Tienes que hablar claro y comunicarte con tu pareja para que sepa lo que te pone y lo que no y cómo. Por supuesto que existen hombres con un inmenso talento innato, o con la suficiente experiencia y que saben exactamente y como por arte de magia lo que han de hacer, cómo tocarte, etc. Pero por desgracia sé de muy buena tinta que ser un empotrador de primera, capaz de realizar las técnicas más maravillosas, no significa que como pareja el chulazo resulte ni medio recomendable. Por eso, hay que pensarse muy mucho lo de dejar a un hombre que merece la pena (con los escasísimos que son) por el hecho de que no tiene ni idea de cómo hacer que te corras, sin haberle hecho antes partícipe de tus necesidades; es como tirar un collar de brillantes porque no sabes cómo funciona el broche.

Pensaba dejar el post aquí. Ésta es la opinión sensata. Quédense con ella. Pero, para la pregunta: ¿Debes dejarle porque con él nunca logras tener un orgasmo?, tengo una versión más radical, o dicho de otro modo: tengo la certeza de que no basta cuando, no sólo te has atrevido a "pedir" y "dar detalles" de qué y cómo y cuándo quieres qué cosa, sino que se te han agotado la paciencia y las intentonas de adaptar su modus operandi a lo que tú necesitas en la cama. Esta panorámica me obliga a mencionar a la temida sombra de la infidelidad, que llega atraída por insatisfacción sexual y que suele preceder a la ruptura, como el trueno a la tormenta. Y también me vienen a la memoria frases como "ya, claro, eso son 16 segundos, ¿qué se supone que tengo que hacer el resto del día?", dicha como respuesta a quien te invita a conformarte de por vida con los orgasmos de los eficaces vibradores de última generación... Claro que molan, no te jode, pero los quieres tener con él.

Cada cual otorga al sexo un peso específico distinto dentro de la relación. Fíjense en las acelgas lo felices que parecen... pero, como para ti la pasión sea importante, si tu pareja no es compatible sexualmente contigo... Ya puedes explicarle, que será frustrante comprobar que todo es como predicar en el desierto. Ya puedes ponerte pelucas y tacones, que la segunda vez que te coloques el body de látex será como jugar a la Barbie. Ya puedes intentar involucrarte en sus técnicas y movimientos, que te morirás de aburrimiento mientras memorizas las formas de tu lámpara de techo... y él no los mejorará. Ya puedes hacerte las ingles brasileñas con soplete para echarle un polvo en un acantilado durante la puesta de sol, que él se quejará de que las rocas raspan... Suerte.