El amor en los tiempos del Ébola

Hablemos de la reaparición de Olvido Hormigos, una buenorra lanzada como carnaza para picar, freír y asar del canal de Vasile hace un par de años.

La culpa de su defenestración mediática absoluta (abría hasta los informativos la noticia) fue de uno con el que estaba acostándose, en su pueblo, los Yébenes, al que no se le ocurrió otra cosa que subir a internet el video sexual de la Concejala.

Fue fulminantemente apartada de su cargo público, esta madre, por entonces, de dos chiquillos preadolescentes. Tras meses de frenética actividad televisiva y tras la participación de Olvido en varios realities, se la había tragado la tierra catódica. Por lo visto, conforme se olvidaban de ella en los programas, la cosa en su familia parecía encarrilada. Arrepentida, quizá, se dan otra oportunidad. Convertida de nuevo de ama de casa full time, asentada en la localidad toledana, era la vuelta a su infierno privado tras una rachita intensa de aparecer en los medios aireando, desmintiendo y confirmando los meneos varios que se dio con Asdrúbal y otros tiparracos de la noche y la farándula (algunos presuntos y bastantes confirmados, pero todos distintos de su esposo). Recientemente, tras el enésimo perdón de su pobre marido, había vuelto a dar a luz, esta vez a una niña. Y hace unos días, ¡zas! tras una sesión de fotos, sale a tomar una copa… Y la lía parda… La fatídica escapada a Madrid, acaba filmada en vídeo. Un documento gráfico que capta cómo se lía con uno en plena calle, bajo una farola apoyada en un coche y dentro de él, donde se remató la faena, y el paseíllo regreso a la discoteca de donde salieron juntos, colcándose la ropa. Patético.

Parece que su esposo ha tocado fondo y ni los tres hijos, ni los veinte años de aburrimiento (para ella), van a poder impedir un divorcio tan anunciado como la muerte de Santiago Nasar.

Por mi parte, vivo muy mareada por el péndulo que oscila entre el cilicio y la carne, ahogándome en la duda de mostrar u ocultar, pero en el resto de España, el debate que impulsa y provoca esta mierda de noticia plantea cuestiones tales como: ¿Es infidelidad o pacto de pareja? ¿Relaciones para toda la vida? ¿Tanto me confunde a mí la noche y el agua con misterio? ¿Adicción al sexo? ¿El cariño lo es todo? ¿Se puede vivir sin pasión? ¿Cabe la muerte de cintura para abajo? ¿Terapia o arrepentimiento?

“Lo único interesante del amor es hacer el amor. Lástima que para eso haga falta un hombre” dijo Coco Chanel y seguro que Olvido Hormigos lo ha pensado también. Yo lo he llegado a gritar, desde luego.

Y ahora, vamos con lo que de verdad me emociona: Teresa da negativo en ébola. Vaya por delante esto, porque lo merece. Porque a mí, la crisis del ébola me ha caído en el alma como la mía propia. No he podido tragarme nada de nada de nada acerca del sindios que me quieren colar los del Gobierno. ¿Cómo se les ocurre traer a mi país un virus que, lo digo de verdad, es de Primero de Pelis Americanas que NO hay que traerse?

Y una vez llegan a España los misioneros a terminar de morirse aquí… oh, vaya… ¿qué se hace con ellos y CÓMO se hace? Se evidencia la falta de protocolos y de medios, quizá por culpa de los recientes recortes, y la ausencia de coherencia y de profesionalidad de los políticos, que NO de los sanitarios… Una vez más, el contagio de esta mujer desencadena la reacción automática y ya habitual entre nuestros dirigentes: culpabilizar a la víctima. De inmediato, comienza la bochornosa campaña de desprestigio de la propia enfermera. Manda cojones.

Y una tarde, veo el vídeo de su marido Javier Limón, ya ingresado, pidiendo ayuda para salvar a su perro. Y, lo confieso, me paso horas moviendo la petición de firmas contra la ejecución de Excalibur. Porque mis gatos para mí son mi familia y comprendo que, para otros humanos, también lo son los animales con los que conviven. Y obviamente, por pedir que se analice al animal antes de matarlo, no significa me dé igual que mueran personas a mansalva de hambre, de sed, de enfermedades y por guerras inspiradas por la codicia de ciertos tarados y la locura de grupos armados. No creo que haya que elegir. Cuando vi las imágenes de las personas que aguardaban a la puerta de la vivienda donde permanecía el perro, ensangrentadas por los golpes de la policía, y a los veterinarios encapuchados entrando al domicilio de la pobre Teresa para matar a Excalibur, comprendí que con estos, la batalla siempre va a estar perdida. Por qué nadie quiso tomar la decisión de aislar al animal y ponerlo en observación (ay, que no había medios…). Nadie quiso considerar que quizá era una gran oportunidad para analizar el comportamiento del letal virus (cuya patente tiene registrada casualmente Estados Unidos…) sobre los animales. Si yo fuera Teresa y supero la enfermedad, recaigo en cuanto me entero que han matado a mi perro. Porque esta es la sensibilidad de los de “las peras con manzanas”, y son los mismos que se van de caza y que quieren seguir con atrocidades como las corridas de toros, y permiten y fomentan “festejos” donde los animales son torturados. Panda de bestias sin cualificación para los puestos de ostentan. Me da asco y vergüenza que gente así me represente fuera y se gaste el dinero de mis impuestos.

Quiero ver la cara de Blesa y la de Rato y la rubia cabeza llena de “no me acuerdos” de Cristina de Borbón entrando en la trena, y que los tres arrastren a los que llevan tiempo encubriendo tanta porquería (que arrastren consigo a todos). Quiero a la Pantoja en la trena, a ser posible, compartiendo celda con la Zaldívar, y que caigan los del Gurtel, y los de los ERE’s y los de Bankia por vender preferentes y por robar con las tarjetas black. Quiero que Pujol caiga y cumpla su amenaza de que caerán con él otros. Y quiero que alguien pare la paja mental de Artur Mas, no acabemos el día 9 con los tanques en la calle… Deseo a todos estos corruptos y a sus semejantes, y a los que por acotar no enumero, que se cumpla la ley del Karma. Quiero que haya justicia judicial, que la cósmica igual tarda. Quiero que devuelvan la pasta además de que lo paguen en cárcel, porque han logrado que este país esté tocado y hundido. Lástima conjugar para esto el verbo querer. Serán los tiempos del ébola.