La ley del chándal

Con perdón de los dioses del Olimpo, este fin de semana he pasado horas y horas rindiendo culto a los del Oblicuo. Sepan ustedes que en el Arena, la mancuerna mandaba sobre la castidad, la pobreza y la obediencia. La concentración en proteína, obsesionaba. Los ciclos y los productos para ganar peso y volumen, los cócteles de aminoácidos y vitaminas y los botes de concentrados de taurina, L-Carnitina, glutamina, caseína y cafeína, funcionaban este domingo como reclamo mejor que una buena ostia, por consagrada que estuviera.

 

 

Hice fotos con unos y otros, tuve reencuentros con antiguos errores,… En definitiva: babeando y mareadita perdida… Peor que una diabética en una piscina de dulce de leche.

Inevitable frotarse los ojos ante ciertas visiones: mujeres masculinizadas con las tetas de silicona encapsuladas, hombres que parecen un catálogo de venas y músculos que les revientan la piel, hormonados al borde de la ginecomastia, drenados hasta el límite cadavérico. Eso se encuentra, además de chulazos, en el universo de los seres ciclados… Pinturas que ponen los cuerpos marrones, que no morenos. Granos como volcanes en las espaldas que señalan acusadores la trampita del jeringuillazo, ese peligroso pichazo que tantos meses de elevar hierros ahorra. Plataformas de metacrilato, extensiones, tangas con flecos, tattoos al estilo del club de alterne más barato del Strip. Latas de atún, bocadillos integrales de pavo y tuppers con arroz y pollo hervido. La ley del chándal.

Me paseé por un paraíso de cachas y me tentaron más de un millón de posibilidades líquidas y en polvo… Qué fácil resulta terminar con un hígado cirrótico. Yo soy más de gintonics… Pero ojo, que cada cual se mata como prefiere y se obsesiona con lo que le da la gana.

A la cita con el Gobernador Mr Schwarzenegger del viernes en el Palacio De Cibeles, confieso que me abstuve de personarme.

Entre barras asimétricas, americanas para pole dance y de bar, llegué a sentirme muy en mi salsa, no vamos a negarlo. Parece que no hace falta morir para visitar el inframundo. No es difícil entrar, lo difícil es salir. Y yo creo que he salido. Aunque mis pulsiones básicas, y las que no lo son tanto, pero con mis chakras 1, 2 y 3 mareaditos, se hubieran vuelto a equivocar encantados mis chakras 4, 5 , 6 y 7, los cuales ahora por fin mandan: cuando veo un tremendo de estos, en vez de subirme encima hasta el amanecer, lo que me da por pensar es: “ay Dios, qué poquito ha leído éste” y se me baja todo, pero todo. Esa musculatura hipertrofiada de la que he sido tan fan es, además, una promesa de polvo regulero: mucho ciclo que encoge los testículos y performance sexual casi siempre entre patética e impredecible. “A estos mejor te los llevas a hacer una mudanza que a una orgía”, le dije a mi acompañante, arriesgándome a que me dieran un mandoble certero y letal.

Como explicaba, ahora me enfrento a esas moles de músculos con el pleno convencimiento y la absoluta certeza de lo poquito o nada que pueden señores como estos aportarme… como yo a ellos, claro. Lo malo es que este autocontrol mío es muy endeble y puedo recaer en cualquier traspiés, con dos frases o tres miradas.

 

Agradecimientos: Dpto. de Prensa de Arnold Classic Europe. Sergi Constance. Tony Lage. Dani Veas.