Paraíso: Amor

Aprovecho para recomendarles que busquen como puedan la manera de ver una de las pelis que más me han gustado ever. La encontró escondida en un mini catálogo de verano de La Casa Encendida mi amigo Edu, que no se pierde nada y a quien no se le escapa nada y fui a verla con una amiga, Ana. Se titula “Paraíso: Amor“. La dirige un austríaco, Ulrich Seidl que mezcla -o eso afirmo yo- el documental con la ficción. La acción se localiza entre Kenia y Austria. En el largo, se presenta del modo más crudo el abismo entre el Norte y el Sur, el mundo rico y el mundo pobre. El de los depredadores sexuales por diversión y el de los prostituidos como modo de vida. La nota de originalidad la aporta el que, que por una vez, se trata de mujeres pagando por sexo a muchachos que gestionan sus miserables e inexpertas caricias a cambio de billetes. Una interpretación tan magistral por parte de las actrices y de los supuestos “nativos” que se te olvida que es una película (de ahí que antes apuntara que bebe del género documental) y te transportas a las inmensas playas, a los hoteles de lujo, a las callejuelas sin asfaltar y en penumbra, a las destartaladas casuchas multicolores y precarias… Desnudos físicos y actos sexuales más que explícitos sin convertir el flime en un porno. Desnudos del alma que te arrancan a golpe de empatía y de compasión sensaciones tan humanas como ausentes en el celuloide yanqui de las superproducciones: jarros de vergüenza ajena, de desprecio, de pena, de asco,…

Si alguna vez me convierto en una Sugar Mama espero vivirlo con dignidad y valentía, sin sufrir y sin que nadie padezca por mis caprichos.

Mientras cambio la aspiración de “Quiero convertirme en Almodóvar” por “Quiero dirigir actores como Seidl”, mirando billetes a Senegal estoy.