Sal y pimienta

Forma parte de la leyenda negra, urbana o rural, que es la mujer quien más se horroriza cuando la pareja confiesa sus deseos de probar a hacer cosas inusuales, consideradas por la generalidad como “perversas” y destinadas a satisfacer ciertos “oscuros” deseos. La verdad es que el hombre es quien más amenazado se siente. Disculpen si hoy me dirijo a mis queridas lectoras en femenino.

Por centrar el tema: sepas que cuando tú como mujer le pides que eleve el grado de erotismo, implica que estás cambiando los roles sexuales tradicionales, lo que puede anular su masculinidad. Lo normal, entre hombres, es afirmar que les encantaría que una chica llegara en un bar y les dijera: “Vámonos a mi casa ahora mismo”. Pero la bien distinta realidad es que mayoría de los hombres saldría huyendo si eso sucediera de verdad. Se espera de ellos que actúen como cazadores y depredadores sexuales y que sean ellos los instigadores de cualquier perversión, no ellas.

Hay cierto tipo de hombres que reaccionaría con desaprobación ante cualquier sugerencia tuya de poner un poco de picante en tu vida sexual. Las mujeres, delicadas cual pétalos como somos, se supone que no deseamos cosas “traviesas”. Prepárate porque este juicio del hombre hacia ti será fulminante y cortante: eres una guarra o una puta y definitivamente no eres la adecuada para sentarla frente a sus padres en un almuerzo de domingo. Siendo sinceros, si de verdad crees que ésta será la reacción de tu otra mitad, que sea incapaz de compartir tus fantasías sexuales será el menor de tus problemas y deberías reconsiderar la elección de esa persona como tu pareja. Una cosa es ser respetuoso con el otro y mostrarte incluso reservado sobre tus necesidades y apetencias sexuales, y otra bien distinta es tener que enterrarlas porque has dado con alguien que pretende que te sientas culpable o mal contigo misma. Para autocastigarnos ya nos bastamos nosotras solitas; lo hacemos sin ayuda de nadie, muchas gracias.

Afortunadamente, a pesar de todas las potenciales trampas y peligros, siempre hay formas de conseguir orgasmos y conservarlo a él también. Es una cuestión de seguir unas simples reglas y comprender posibles reparos acerca de la particular fantasía que anheles. Aquí van, para empezar, algunas normas básicas que debes aplicar siempre que sugieras alguna novedad sexual.

– Conviértelo en idea suya. Cualquier buen negociador te dirá que una persona está mucho más abierta a hacer algo si piensa que la idea provino de si mismo. Si siempre anda quejándose de su jefe, por ejemplo, ¿qué mejor manera que ser totalmente irrespetuoso que tener sexo sobre la mesa de su despacho, en horario de fuera de oficina y siempre que no os pillen?

– Deja muy claro que es algo que jamás has querido hacer con ningún otro. Su primer pensamiento será: “¿Lo ha hecho antes con otro?”. Si lo has experimentado con alguien previamente, cuéntale una pequeñísima, insignificante mentira piadosa para que crea que él ha logrado despertar en ti este increíblemente erótico lado tuyo.

– Convéncele de que si lo sugieres, es porque confías en él. Transmítele que sabes que no te va a juzgar y que ha logrado que te sientas tan cómoda contigo misma, que sientes que puedes abrirte de verdad con él y contarle todo.

– Dile que sólo lo propones porque pretendes tener la mejor vida sexual posible. Conoces todas las cifras estadísticas sobre parejas que se ponen los cuernos y no deseas que eso os ocurra a vosotros. Quieres asegurarte de que vuestra vida sexual permanece tan excitante como al principio para que él no sienta la necesidad de “extraviarse”.

– Sé consciente de que la mayoría de los hombres se sienten amenazados por la nueva generación de mujeres con confianza en su propia sexualidad. No importa cuán liberal sea él, debes recordar que su pobre “p***” está aún recuperándose de la horrible noticia de que el pene por sí mismo no basta para proporcionarte un orgasmo. La mayoría de los hombres dará la bienvenida, encantados, a la posibilidad de explorar tus fantasías sexuales una vez sus miedos hayan sido disipados, pero es realmente crucial que plantees tu propuesta de modo suave y con tacto, en vez de asumir que él irá para adelante con todo por el mero hecho de que es un hombre.

Con estas premisas, ya puedes lanzar la bomba: contarle cuáles de tus fantasías te gustaría realizar. Seguramente la mayoría de ellas coincidan con las suyas. Las más habituales van desde probar un lésbico y hacértelo con otra mujer, a montaros un trío eligiendo a una “estrella invitada” (ojito no termine siendo “tercero en discordia”); intercambio de roles; unos cuantos azotes y ataduras con pañuelos o cuerdas (aquí ojo también, no se ahogue nadie y tal); probar el sexo telefónico o mantener conversaciones “sucias”; intentar ver juntos una peli porno “bizarra” o muy extrema… Recuerda: con mucha mano izquierda… Y que Dios reparta suerte.