Quiero pero… me da vergüenza II

El otro día esbocé una serie de fantasías que muchas tienen y que suelen temer plantear a sus perejas. Lean algunas de ellas, junto con las recomendaciones de consagrados sexperts. Yo no las comparto pero a quién el importa eso…

Tirarte a otra mujer

A muchos les encanta que admitas que sucumbes a las fantasías lésbicas. Se les dilatan las pupilas y salivan sólo de imaginarte con tu amiga Fulanita en lencería y entre sábanas. Si es lo que te apetece, ¿por qué no hacerlo realidad? Si tu pareja no se ajusta al celoso enfermizo y la relación es relativamente reciente, no te importará asumir el riesgo de platearlo de modo directo. No es tan sencillo si se trata de una relación duradera, sin embargo. Para muchos, la monogamia es la monogamia, sin consideraciones o excepciones basadas en el género, y puedes encontrarte de pronto en un buen problema por atreverte a alimentar este tipo de pensamientos. El simple hecho de plantearlo ya cuenta como infidelidad para muchas personas y bastante hombres admitieron que preferirían que sus parejas tuvieran un desliz sin que se lo contaran. Dicho lo cual, ¿por qué se lo cuentas a tu pareja? ¿Buscas su permiso, quieres que se una para que os mire, o simplemente le informas de que es algo que vas a hacer? ¿Se trata de una experiencia única y aislada o de algo que planeas hacer regularmente?

Sugiéreselo así: piensa en todo esto bien antes de abrir la boca, empaqueta bien la idea diciéndole que has tenido un increíble sueño erótico donde estabas tú con otra mujer en algún escenario que te fascine. Observa la reacción que esto provoca en él. Será relativamente sencillo avanzar desde este punto a una conversación más seria sobre ello.

Hacer un Trío

Recomendar cierta prudencia a la hora de sugerir esta práctica es como sugerir que no lleves la revista “Novia” si a tu pareja le acaban de plantar ante el altar. Por el mero hecho de que él haga bromas constantemente sobre ello no significa que no lo quiera probar. En general, y teóricamente, queda como muy “macho” pensar que puede ocuparse de dos chicas o muy “cool” aceptar la presencia de otro hombre en su cama. Pero cuando la cuestión puede convertirse en realidad, todo tipo de miedos aparecen.

Sugiéreselo así: Invéntate que has leído en una revista un reportaje sobre tríos y que cada vez son más frecuentes, y pregúntale: “¿Qué te parecen?”. Si no reacciona con absoluto horror, confiésale que te gustaría probarlos, háblale de por qué te excita y, pero siempre con tacto, con buen gusto, y cargándole a él de cumplidos. Si decidís ir adelante, siempre, siempre, practicad sexo seguro, y trazad las reglas de lo que se permite y de lo que no (besar, acariciar, sexo oral, penetración o juegos anales). No toleres que te dejen excluida, para si te encuentras a disgusto y recuerda siempre prestar más atención a tu pareja que al “invitado”.

El Role Play

Desarrollar el juego de cambio de roles es bastante menos heavy que proponerle un trío o ir a un local de intercambio de parejas, pero aún así, no deja de ser un escenario distinto y con cierto grado de incomodidad para algunos. La razón es el riesgo de hacer el ridículo porque se supone que ambos debéis interpretar/actuar. Si es tímido, representar el cartero bien dotado que llega para depositar algo más que el correo, será como bajar al infierno, e incluso si no lo es, le dará miedo echarse a reír cuando te encuentre disfrazada de Madonna (algo que a ti te ofenderá de por vida) y le hará refrenarse, y eso que no es que le estés proponiendo nada fuera de lo común.

Sugiéreselo así: Escoge tu momento y suéltaselo como un chiste. Dile que una chica del trabajo te ha contado que ella y su novio se disfrazan y representan alguna escena y pregúntale qué opina. Su respuesta puede ser desde un “es una gilipollez” a “a mí me daría la risa”, a lo que tú podrías responder “Yo también me sentiría un poco tonta y me reiría, pero puede ser divertido. ¿QUé te parece jugar a médicos y enfermeras, no jugabas a eso de pequeño?”. Una vez que le has aclarado que no tiene que ser absolutamente serio, las probabilidades de que acepte la idea, aumentan.

Spanking

Los azotes sitúan a uno de los dos miembros de la pareja en posición de dominio, y dado que herir a otra persona o dejar que te hagan daño es inaceptable, se convierte en un momento afrodisíaco. Algunos hombres encuentran que azotar a su pareja es degradante -y obviamente lo es, sin lugar a dudas, si es que no lo has consentido o solicitado- pero muchos desean que les azoten… y eso es otro tema.

Sugiéreselo así: Planea una vista a un sex shop o navega por la web de alguno y compra un látigo de látex-cuero (según presupuesto; dan miedito pero son muy suaves), pero si estás muy segura de que le divertirá. Dáselo junto con una nota donde expliques lo que te gustaría que te hiciera con él. Si te pone nerviosa, compra un libro donde se describan escenas de azotes y léelas en voz alta a tu pareja. Su reacción, de interés o rechazo, lo dirá todo. Para empezar, trata de que resulte divertido, utiliza puntas suaves en lugar de rígidas, palmetas falsas, pañuelos de seda o medias en vez de las peligrosas esposas reales. Por favor, nada de collares de castigo y de máscaras de asfixia hasta que ambos seáis mega fans del BDSM.

 

Sexo telefónico – lenguaje “sucio”

“La primera vez que usé lenguaje sucio el tío con el que estaba perdió su erección y me llamó puta. No hace falta que diga que me pone un poco nerviosa intentarlo de nuevo, a pesar de que me encante que ellos lo hagan conmigo”. Recibo cartas y correos como éste, de mujeres, todo el tiempo, y en ellos hay un elemento común: confusión. Él ve porno con sus amigos y lo hace con sus amigos, ¿por qué no iba a gustarle usar este tipo de palabras y expresiones? La clase de hombres que suele reaccionar mal son normalmente los más tradicionales, conservadores, criados en un entorno familiar donde el sexo se considera algo sucio y que, definitivamente, las buenas chicas no harían. Pero incluso los hombres “normales” a veces encuentran difícil expresarse con este tipo de lenguaje “sucio” con sus novias o les suena muy grosero saliendo de sus bocas. Parece una falta de respeto, lo cual es, por supuesto, la razón por la que tanto el lenguaje “sucio” como el sexo telefónico funcionan tan bien: nos hacen sentir incómodos sexualmente, y a veces eso es bueno.

Sugiéreselo así: Eleva el tono de tus gemidos y, accidentalmente, deja que la palabrota o la frase se te escape, y observa cómo reacciona. Si parece que le gusta, empieza a describirle lo que está sucediendo: “Noto cómo desapareces dentro de mí y eso me pone tanto”. Si lo que quieres es que sea él quien utilice lenguaje explícito contigo continúa susurrando al oído: “Dime lo que te gustaría hacerme”. Si da la sensación de estar horrorizado, haz una risita para quitar tensión al momento. Explícale que no tiene que blasfemar ni que ser ofensivo para resultar sexy, y que no se preocupe de si suena empalagoso o como un cliché (de hecho, ¡casi todo el lenguaje sexual lo es!). Si practicas sexo telefónico puedes “inspirarte” echando un vistazo a libros eróticos y revistas para hombres.

Ver una película porno de las fuertes

Pocas cosas provocan una divergencia de opiniones en tan poco rato como la pornografía: por cada uno que lo considera un inofensivo hobbie masculino o un remedio para despertar una vida sexual carente de lujuria, aparece uno con el alma recta que tuerce el gesto por la mera mención de una foto de una chica desnuda y que opina que todo este asunto está mal, mal, mal… Y no hablo sólo de abuelitas liando un escándalo, sino hombres y mujeres de muy buen ver que tienen un problema real contra el porno. Muchas mujeres se preocupan porque no actúan ni se parecen a las estrellas porno, pero más a menudo aún, está el miedo masculino y su sentimiento de amenaza ante los actores X.Ellas quieren las enormes tetazas y ellos el pedazo de rabo y la erección. A ellos también puede sorprenderles que una mujer pueda valorar el porno de buena calidad porque… pues porque de ellas se supone que no tienen interés por el sexo duro, ¿no? Por esto sugerir que ambos veáis juntos una peli clasificada con XXX puede que no sea meterse en el jardín que imaginas.

Sugiéreselo así: Lleva a casa un montón de películas eróticas y observa su cara cuando digas “¡Esto me pone. ¿Te gusta?”. Si afirma, quizá puedas seguir con un: “Pues quizá deberíamos ver juntos algo más fuerte aún, ¿te parece?”. Elige películas más soft para las primeras veces, y pasa a lo que de verdad te apetece después. No te sorprendas si al ver porno “bizarro” te excitas o si te aficionas a cierto tipo de escenas que no se suponen especialmente destinadas a las mujeres: las hay que disfrutan con los lésbicos, sin que ello implique que se han vuelto bisexuales ni lesbianas; las hay que se enganchan al porno gay (normal, puesto que los actores son mucho más guapos y con mejores cuerpos que los heteros de las pelis menos recientes…).