Vermú porno

Las personas “de bien” se van a misa los domingos por las mañanas. Yo que, en su día, entre ser y estar ya me decidí por el verbo “estar” seguido del predicado “buena”, me olvido de mi promesa de no ir a nada de esto si no es cobrando, y me apunto a un vermú-tertulia sobre porno que conducen Andrés Barba y Amarna Miller. A ella no la conocía. Al multipremiado escritor Andrés Barba admito que me apetecía conocerle por una sincera admiración sin dobleces. Esperaba más de él, por ejemplo que no se hubiera traído a la novia, [...] pero lo cierto es que el foro no daba para más; no daba para nada, quiero decir.

Como siempre que se teclea o pronuncia la palabra “porno” aquello supuraba dos cosas. La una me la callo y la otra era expectación. Quizá por ello los coordinadores de Matadero presentes superaban al número de personas que asistíamos al evento y que llegábamos convencidos de que íbamos a participar en una tertulia. Sin embargo, una vez allí, lo único que se toleraba era escuchar pacientemente un seudo diálogo entre el citado novelista, ensayista y traductor y una directora, productora y actriz porno (copio del flyer) salpicado con algunas preguntas y apuntes de los presentes, que eran consideradas como interrupciones por los coordinadores. Allí sentada, en mi cojín rojo de peluche colocado en la primera fila, casi a los pies de la mesa de ponentes, creí perder las piernas de tenerlas en posición de indio casi tres horas. Menos mal que invierto fortunas en clases de yoga y de pilates. A quien se le diga que las amortizo así… Lo de poder hablar no era verdad, insisto, pero sí lo fue, eso sí, lo del vermú o el refresco y el picoteo de fritanga. Acomodados todos y todas, hago un barrido a lo Niña del Exorcista para verificar que además de mucha curiosidad perversa, aquel foro había atraído, como siempre que se promociona algo con el término “porno”, a gente digamos curiosa… Ah, y a un rubio con las venas hinchadas a lo largo de unos brazos requetecachas y unas piernas hipermusculadas que toma asiento justo a mi lado (será aspirante a porn star, decidí nada más detectarle). Croquetas, embutidos y empanadillas han visionado tan en silencio como los humanos los tres minutos de escenas protagonizadas por la actriz X. Una selección de planos donde lo mismo se metía un pollón pinchado de Cavernjet, o morcillón a base de Viagritas del Niño Jesús en la boca o en la vagina, que se automagreaba las tetas; se la veía en plano picado masturbándose o se agitaba haciendo el cowboy reverse sobre el maromo de turno.

A las 13:35, tras el visionado del pornazo en público, se produce un gran silencio. Dan por iniciada la tertulia. El diálogo (puro guión al principio) entre los dos ponentes era tan poco espontáneo y enrarecido como el aire que se respiraba en aquel sótano atestado un mediodía de julio. Él abre fuego y ella alaba lo interesante de su pregunta (alabará igualmente las otras doce que se le formularon). La alaba… pero opta por contarnos a todos, sí o sí, y aunque no fuera ésa la pregunta, cómo llega ella a hacer porno. Un clásico: tú respondes lo que quieras con independencia de la pregunta que te hagan; es de 1º de Entrevistas. Amarma justifica su incursión en el mundo del porno alegando que estudiaba Bellas Artes y que comenzó a posar como modelo de fotos eróticas. Ello, unido a que el porno que veía en internet no le gustaba por lo de siempre: por poco verosímil, por machista, porque cosifica a la dama, etc. (Vid. el discursito que llevan soltando las “feministas” del porno una década o más). Lo que no implica que a mí me parezca razonable en absoluto, aunque ella piense que cuela. Y yo para mis adentros: ¡Ah, claro, y como no te mola el cine X que se produce, decides hacer porno tú! Y no sólo dirigiendo, sino desde la arena: rodando escenas. El caso es que la chica cuando surfeó sobre el cine X sólo detectó gonzos y porno amateur. Apunto un par de ideas y el Rubio Cachas, sin permiso, me coge el folio, corta un trozo, me quita el bolígrafo y anota algo. Desde ese momento, nos turnaríamos mi material escolar.

Efectivamente no hay calidad cinematográfica en los vídeos de los tours gratuitos de zoofilia o en los que los particulares aficionados suben esos vídeos originariamente privados que muestran a un cenutrio abriéndole el cacas a la colgada que se presta a que la follen por ese culo lleno de granos y de celulitis. Hoy me vengo arriba con la poesía, ¡venga! Aquí el escritor alude a algo muy cierto: el porno que demandamos en voz alta, el que confesamos ver o admitimos que nos gusta, dista mucho, pero mucho, del porno que en realidad nos excita, que es francamente menos glamouroso y confesable. Un 10 para Barba en esto. Se deja correr el asunto de que en el porno, como en casi todo, también hay modas, y que éstas evolucionan. Y que el sector ha perdido un mucho el rumbo en esa carrera hacia ninguna parte donde todo es poco y mucho nunca es suficiente. Desde hace unos cuantos años, se producen espantosos gang bangs, triples penetraciones y saltos mortales con aro de fuego.

Me pregunto si, quizá, de haber investigado un cuarto de hora más, si hubiera leído algún libro o artículo o ensayo sobre el género, si hubiera hablado con la gente del mundillo, …, Amarna habría llegado a realizadores consagrados como Andrew Blake o Michael Ninn quienes, no sólo no cometen el error de mostrar la pértiga de sonido en el ángulo muerto sino que cuidan el casting, la iluminación, las localizaciones, los efectos especiales, la post producción, el vestuario y los guiones. Todo eso que ella echaba tanto a faltar y que, creyéndose cualificada para ello, quería bienintencionadamente anexionar a la pornografía mundial. Y me permití hacer ese inciso, apunté que ese porno de “calidad” sí existe y se lleva haciendo treinta años. El mismo que ella “demanda” y que, por lo que explica, no ha tenido ocasión de descubrir… Me clavo las uñas para no decir que ya he escuchado eso mil veces, de boca de todas las que quieren pasta rápida y fama a espuertas, aunque para ello deban comerse muchos kilómteros de pollas, so pretexto de hacer porno “para mujeres”. A mí ese discurso me apesta (¿son 3512 ó 3513 las veces que lo he rebatido en radio, prensa escrita y televisión?). Me hastía por ilusorio, por machista per se y por pueril. Pero claro, allí no dejaban meter baza. Con lo de “es que no hay porno de calidad”, insiste ella para explicar su imperiosa necesidad de encontrar un discurso cinematográfico que a ella le guste y le interese dentro del X. Y yo ahora (no allí, que no se podía) repito: quizá no haya necesidad de buscarle tanta enjundia a este producto de entretenimiento para adultos orientado a la excitación física de sus espectadores mediante la exhibición de todo tipo de conductas sexuales. Me consta que los profesionales que se lo han propuesto, sí han logrado darle una gran calidad, pero no sé hasta qué punto eso es necesario para que quien lo visione se excite… Porque, ¿cómo de arty puede ser una pedazo de mamada o de enculada? Y desde otro punto de vista: ¿acaso estamos locos pretendiendo unificar el objeto de deseo? No creo que sea posible establecer un canon acerca de lo que es susceptible de provocar morbo a cada persona. Nada tan singular como el particular objeto de deseo de cada cual. (Al respecto, recuerdo a Amarna Miller reflexionar acerca del universo de los fetiches, del carácter altamente pornográfico que un objejo inocuo y anodino como un cinturón puede alcanzar en la psique de un fetichista de los cinturones, por ejemplo).

Y entonces, la actriz X ataca al porno actual por su falta de realismo. El escritor apunta que no es ése precisamente el fallo del género, que no le es imputable eso en concreto. El cachas rubio de ojos azules que tengo sentado justo a mi izquierda y que me había cogido un trocito de folio y me quitaba el boli de vez en cuando, salta: “A ver, ¿no te parece realista que la escena sea follarse al fontanero o al telepizzero? ¿Y si le da por el culo a la actriz y al sacarla se ve la mierda, eso ya sí sería realista, o eso ya hay que eliminarlo?”. Uppsss gran silencio… y risas.

Ella reconoce que el rasgo que comparte con las demás personas que se dedican al porno es el exhibicionismo. Que a ella desnudarse en público, lejos de incomodarla, incluso la relaja, que le resulta más comprometida su faceta como directora, porque las preguntas y las cuestiones le resultan más íntimas que follar ante una cámara, puesto que, al fin y al cabo, “todos estamos aquí porque alguien en su día echó un polvo”. Gran calado, hondo calado todo; ah, y por supuesto tampoco lo había escuchado antes.

Con sus intervenciones el escritor demuestra que hizo sus deberes y trata de aportar información que en su día recabó para un libro. Cuando no nombra un ensayo, esboza alguna teoría o lanza idearios de algún discurso intelectual ajeno sobre el mismo eterno debate que he presenciado y del que he tomado parte desde hace siglos, y que me consta que es imposible de zanjar: pornografía-arte, pornografía-erotismo, pornografía-legalidad, pornografía machista vs pornografía feminista… El rubio cachas vuelve a meter baza y pregunta: “¿Entendemos porno feminista el que incluye escenas de besos y caricias sin quitarle a ella la ropa y por machista el que saca escenas de azotes en el culo?”. Bien apuntado pero pasan de él porque lo dice en un tono que da miedito.

También hablamos de que el cumshot ha sido el centro de atención del cine X, que ello es un modo machista de ignorar el siempre misterioso placer femenino porque, ahí está el quid de muchas veladas insomnes masculinas: ¿Sabes realmente si ella finge los orgasmos? Las escenas hardcore muestran la descarga del esperma como colofón, pero es más que cuestionable si podrían eliminarse, o usarse simplemente como una anécdota más, volcando el peso del acting en los besos o las caricias o en ese secreto e íntimo goce femenino que se perpetúa como un misterioso pasajero no identificado.

Mencionan películas mainstream que incluyen sexo explícito. Producciones de Von Trier, o la infumable 9 Songs y alguna otra, que son malas pelis con mucho sexo estomagante y gratuito y sórdido y mal filmado y que tampoco nos sacan de pobres. Y creo que la respuesta es “sí” a si el cine convencional de grandes salas y circuito comercial cada vez incorpora más escenas de sexo donde se muestra la práctica sexual de modo explícito. Y “sí” a que lo ruedan cada vez mejor. Y se debe a que funciona. Funciona como reclamo y porque es parte de la cotidianeidad. Porque todos follamos si se tercia y la vida sigue, no nos vamos a negro ni se corta la emisión.

Se plantea que si bien el cine viene del teatro, y el cine X viene del cine, ¿por qué no hay teatro porno? O mejor dicho: ¿Es el peepshow el súmmum en este ámbito? Alzo la mano para pedir la palabra y me permito recordar al alumno de arte dramático británico que como obra de fin de curso planteó y realizó en directo y sobre el escenario de su escuela, en la función de fin de curso, su primera penetración anal.  Tras el revuelo, parece que la conclusión es que hacer un espectáculo que se disfruta en público de un acto tan privado rompe con su esencia. Me he perdido. Yo creo que se trata de que aún da miedo todo esto. Proponer un show, una obra o una performance que llega hasta las últimas consecuencias físicas a poca distancia del espectador implica que haya un dueño de un teatro dispuesto a cederlo para tal contenido; exige un casting que se atreva a que le estigmaticen; una agencia de comunicación que se quiera tirar al barro y vender “coño, polla, culo” ante los medios papistas y peperos. El escritor lanza un pedazo de verdad: una misma imagen puede ser arte y puede ser porno, pero es imposible contemplarla como ambas cosas a la vez. Toma ya.

Lo cierto es que el Barba me ha resultado frustrante porque se le han quedado grandes dogmas en el tintero, lo sé yo… Amarna me sorprendió por la licenciatura en Bellas Artes, por su discurso sui generis pero elaborado dentro de todo, por que supiera expresarse bien y pudiera hablar inglés… Mea culpa: al principio de ella esperaba la misma nada, el mismo analfabetismo y la misma ordinariez que del resto de sus colegas de curro. Durante años no coloqué mi grabadora sino ante descerebradas con ínfulas; hipócritas que rodaban bukkakes y dobles penetraciones pero se ofendían si se les hacía reflexionar acerca de la necesaria relación entre porno-protitución (sabiendo yo hasta las tarifas que cobraban cuando que se prostituían, que era cada vez que podían). Más de una me pareció una zorra enloquecida y autoengañada reivindicando su ejercicio de una libertad muy mal usada, profanando el universo del sexo para las demás mujeres con más cerebro y menos codicia. Hay muchas que pretenden dignificar las atrocidades que filman forrándose con una costrita de datos googleados y lanzándolos como principios filosofales baratos y sin enjundia. Mientras noto el hormigueo en las piernas dobladas, recuerdo la de veces que ante algunas de ellas he pensado: “Dale, nena, que no eres la primera a la que abren el cacas ante una cámara por ochenta euros la escena. Ni la última, claro. Futuro esto que haces no tiene, pero algunas tienen “suerte”. Para ejemplo Celia Blanco que lleva años viviendo en el clan Bardem… Si tienes suerte y uno con power o un millonetis se encoña contigo, algún día podrás usar tu nombre de pila, como ha hecho Cecila Gessa que lleva long time intentando matar a Celia Blanco. Lástima que la gente tenga memoria y existan las hemerotecas”.

Salí medio mareada y casi a la carrera, con la imperiosa necesidad de evitar cualquier conversación privada con ponentes, coordinadores o asistentes… Vine a casa para plasmar lo dicho allí lo antes posible, me regañaba a mí misma por haber vuelto a “caer”, por ir a estas cosas que ya sé cómo son, que no me aportan nada y que sólo remueven la mierda, esta vez disfrazándose de iniciativa cultural. Y mientras empiezo a escribir esto, lean por ustedes mismos el email que recibo:

Asunto:

Gracias por el boli y el trozo de papel

 

En el sótano eran contados con una mano los que sabían algo de porno.

Ha sido una charla muy softcore, no dejaban pie al hardcore, aunque tú has estado ahí intentando poner algo de sal.

Nada, cuando te apetezca hablar de porno extremo, u oscuro como lo llaman otros, avísame.

Para cualquier otra cosa, avísame igualmente.

 

Intento rehacerme de este correo, sorprendida de la rapidez del Rubito Cachas. Me fui sin haber dicho mi nombre a nadie y sin despedirme pero ya me ha localizado y me ha escrito. En menos de media hora… Lo leo y lo releo… “Para cualquier otra cosa, avísame igualmente”… Me gusta a mí un subtexto y que tenga las tildes tan bien colocadas como los músculos. Pero justo cuando casi pierdo la cabeza en derroteros que no deben revisitarse, leo la frase que publica justo ahora Alejandro Jodorowsky en su muro: “Mujer, selecciona tus encuentros. Las caricias de algunos perros dan pulgas”. Y se me baja todo.