El amor

Mi post de hoy, como siempre bienintencionado, tiene por objeto hacer que muchos practicantes del postureo cultural puedan de una vez, citar al Marqués de Sade habiendo leído al menos un par de párrafos suyos. Muchos saben que el autor maldito estuvo encerrado durante casi veinte años; cuando no en asilos para locos lo recluyeron en cárceles. También es notorio que en sus épocas de apogeo, era habitual que permaneciera enganchado a la absenta y al opio y que organizara orgías.

En La filosofía en el tocador, uno de los libros prohibidos por la Iglesia católica durante mucho tiempo, Sade ofrece numerosas escenas explícitas (muy explícitas), así como un verdadero decálogo de todas las “perversiones” sexuales que deja con el rango de cadete al mismísimo Hugh Hefner. Pero yo vengo a recoger lo que versa sobre el amor vs sexo.

<<Habláis de los lazos del amor, Eugenia. ¡Ojalá nunca lleguéis a conocerlos! ¡Ah! ¡Ojalá que, por la felicidad que os deseo, nunca se aproxime a vuestro corazón un sentimiento como ése! ¿Qué es el amor? Creo que sólo puede considerárselo como los efectos que producen en nosotros las cualidades de un objeto hermoso; esos efectos nos producen un estado de arrobamiento, nos excitan. Si poseemos ese objeto, nos sentimos contentos; si es imposible poseerlo, nos desesperamos. Pero, ¿cuál es la base de ese sentimiento? … El deseo. ¿Cuáles son las consecuencias de ese sentimiento?… La locura. Entonces tengamos en cuenta el motivo y protejámonos de sus efectos. El motivo es poseer el objeto. Pues bien, tratemos de conseguirlo, pero con sensatez; gocémoslo una vez que lo poseamos. De lo contrario, consolémonos: otros mil objetos similares, ya a menudo mejores, nos compensarán de la pérdida de aquél. Todos los hombres y todas las mujeres se parecen: no hay amor que se resista a los efectos de una sana reflexión. ¡Oh, qué engañosa es esa ebriedad, que, al absorbernos los sentidos, nos sumerge en un estado tal que no vemos nada más, que sólo vivimos para ese objeto, al que adoramos locamente! ¿Acaso eso es vida? ¿No es desear permanecer en una fiebre abrasadora que nos consume y nos devora, sin dejarnos otra felicidad que los goces metafísicos, tan parecidos a los efectos de la locura? [...] ¿Se tienen muchos ejemplos de de esas uniones eternas que jamás han sido desmentidas? Cuando, tras unos meses de goce, el objeto vuelve a ser colocado de inmediato en su sitio, nos ruborizamos por los inciensos que hemos quemado en sus altares y a menudo llegamos a no poder concebir que haya podido seducirnos hasta ese extremo.

¡Oh, jóvenes voluptuosas, entregadnos vuestro cuerpo todo lo que podáis! Follad, divertíos, esto es lo esencial; pero huid afanosamente del amor. Sólo tiene de bueno lo físico, decía el naturalista Buffon, y éstos no fueron los únicos temas sobre los que reflexionó con tanto acierto este buen filósofo. Os lo repito: divertíos, pero sin amar en absoluto. Nos os preocupéis por amar: acabaréis cansadas de lamentos, suspiros, miradas, esquelas amorosas; es vuestro deber follar, multiplicar y cambiar el objeto del placer, oponerse firmemente a que sólo sea uno el que os cautive, porque el objetivo de ese amor único sería, atándoos a él, impedir que os entreguéis a otro, cruel egoísmo que se convertirá en algo fatal para vuestros placeres. Las mujeres no están hechas para un solo hombre: la naturaleza las ha creado para ser de todos. Siendo siempre putas y jamás amantes, huyendo del amor y adorando el placer, así es como no cosecharán más que rosas en la carrera de la vida. ¡Sólo nos prodigarán flores! Preguntad, Eugenia, preguntad a la encantadora mujer que acaba de hacerse cargo de vuestra educación el caso que hay que hacer a un hombre una vez que se ha gozado de él. Preguntadle si daría un solo paso para conservar a este Agustín que hoy hace sus delicias. En el supuesto de que se lo quisieran arrebatar, tomaría otro, no pensaría más en él, y en cuanto se cansase del nuevo, no dudaría en inmolarlo en un par de meses si de ese sacrificio pudiesen nacer nuevos goces.>>

El sello de Sade viene determinado porque se entremezclan las hazañas sexuales con párrafos y párrafos de digresiones; se trata de sus célebres sofismas, reflexiones mediante las que justifican sus actos los personajes (se nota claramente que Sade habla por su boca, claro). Mediante estos pasajes, el libertino autor esboza sus teorías y sus ideales y filosofa en diálogos que bien podrían haberse escrito ayer al salir de un after (si a alguien le diera por ponerse cursi cuando va hasta las trancas de GHB).

En otra novela erótica, Fanny Hill, Memorias de una cortesana, de John Cleland, sin embargo, se apunta lo opuesto:

<<Mientras nos tomábamos unos instantes de pausa para el deleite de los sentidos, disfrutando del placer de la unión de los cuerpos, la impaciencia tan natural al placer pronto nos obligó a retomar la acción. Entonces comenzó el tumulto por su lado, y por el mío los gemidos que le respondían y me mantenían a la par de él; hasta que nuestro goce fue demasiado fuerte para ser soportado, y los órganos de nuestras voces mezclándose se convirtieron en órganos del tacto… ¡Y ahora!, ¡ahora lo sentía hasta mi mismo corazón!, sentí el prodigioso y agudo dolor que en el amor precede al placer: ¡el amor! Éste es el verdadero condimento del placer; y sin él, por más intenso que sea el goce, éste no pasa de ser algo vulgar, ya sea con un rey o con un mendigo, porque, sin lugar a dudas, es el amor el que lo eleva, ennoblece y exalta.>> (leer +  fragmentos de la novela).

Obviamente me falla la medicación, o su dosis, porque concedo a ambos mensajes el mismo grado de acierto.