Geisha

Hay quien dice que los grandes amores no son nunca dignos de los dolores que producen“. Pedazo de frase. La dijo O-Kita, la protagonista del libro Geisha, de lo mejor que he leído en varias décadas. Últimamente no hago más que leer y equivocarme. Bueno, y saltarme la dieta. Ah, y pensar en torturas japonesas. De modo involuntario, he acumulado libros asiáticos: tailandeses, coreanos y japoneses. De entre sus páginas, obtengo tesoros. Sabiduría, historia y drama a partes iguales. De uno de ellos, Geisha precisamente, escrito en 1960 por Stephen Longstreet junto con su esposa Ethel Joan Godorff, expertos ambos en la cultura oriental, he aprendido muchísimo acerca de los entresijos del Japón antiguo y de estas fascinantes mujeres.

Disfruten conmigo de ellas, de las geishas, culpables de una de mis obsesiones antes incluso de haberlas visto y tocado mientras correteaban escurridizas y resplandecientes en las callejuelas de Riponji y Gion.

Rescato unas conversaciones entre los dos protagonistas, la geisha O-Kita y David, un médico holandés. En ellas se desvela el abismo cultural entre Oriente y Occidente y se desploma el muro que la falta de conocimiento eleva sobre la reputación de las geishas.

- Léame un poema de amor. ¿En su país son también tristes los mejores poemas de amor?

- Muy tristes. Nadie escribe bien sobre amores felices. Éste es un poema de Izumi Shikibu:

Cuando ya no exista,

¿recordaré

más allá de este mundo

la última vez que estuvimos juntos?

- ¿Vive la autora?

- Oh, no. Vivió hace mucho tiempo.

- ¿Son todos los hombres como usted en el país del cual procede?

- ¿Los Estados Unidos de América? ¿Se refiere a Boston o a Nueva Orleans?

- Soy una muchacha muy ignorante.

- Muy hermosa.

Orgullosamente dijo:

- ¡Oh sí! Por eso soy una geisha muy fina. ¿Son hermosas las geishas en su país?

- No, en realidad, no tenemos geishas -el hombre rió-. No puedo imaginar una geisha caminando a pasitos por una calle de Boston.

- Entonces, ¿quién actúa en las fiestas antes de que lleguen las cortesanas?

Daniel tornó a reírse.

- ¿Cómo puedo explicarle una cosa que jamás logrará comprender? A causa del temor y de lo culpable que uno se siente después de haber pecado, la gente no puede aceptar lo que aquí ustedes conocen simplemente como placer de la mente y del cuerpo -de pronto se rió-. Yo mismo no estoy libre de ello. Sentirse culpable por algo que se sabe que no hace daño alguno es una mala cosa, O-Kita. Se me dijo que fui concebido en pecado original, y he crecido como una contradicción entre un pasado perdido y la perspectiva de un futuro en exilio… Me gustaría volver a verla de nuevo.

- Puede usted dar una fiesta, el daimio Ito me contrataría.

- No, no, odio esas fiestas. Me desagrada permanecer sentado con las piernas cruzadas y beber ese estúpido vino caliente. Supongo que usted no ha bebido nunca ginebra.[...] ¿Quiere usted venir conmigo a presentarme a Hokusai? Su amigo del daimio Ito, y sin duda me hará cientos de favores.

Para explicar lo que ella creía que él no comprendía, O-Kita miró de hito en hito los sorprendentes ojos azules.

- Una geisha no es una cortesana. No tiene que acostarse con nadie que no le guste. He hecho mal en decir esto, lo sé. No era mi propósito provocar su cólera. Me gustaría ir con usted y con Horusai al teatro que hay junto al río… Me siento muy confusa.

Inclinó la cabeza. Daniel le cogió la mano en un silencio roto tan sólo por la lluvia y su respiración.

- Comprendo. Es usted una dama para mí.

- Mi confusión me llena de vergüenza -contestó O-Kita, pronunciando la fórmula, tras haber hecho una ligera pausa.

- La ha provocado mi torpeza. Es imperdonable. ¿Es ésta la respuesta conveniente?

 

Geisha y prostitución

(wikipedia)

Aún existe cierta confusión, especialmente fuera de Japón, sobre la naturaleza de la profesión de las geishas. Esta confusión se ha complicado debido a la comparación con las oiran, particularmente en onsen.

La geisha puede contraer matrimonio, pese a que la gran mayoría prefería retirarse antes de casarse, y podían tener hijos fuera del matrimonio. También ahora pueden ir a la universidad y son totalmente libres de elegir un novio o un danna. Mientras que los compromisos generalmente incluyen coquetear e incluso bromas sugerentes (no obstante codificados en maneras tradicionales), nunca incluyen actividad sexual, y una geisha no es pagada por sexo, aunque algunas pueden elegir tener una relación que incluya el sexo con algún cliente fuera de su rol como tal.

Fue tradicional para las geisha tener un danna, o amante. Un danna era generalmente un hombre adinerado, algunas veces casado, que tenía recursos para financiar los costos del entrenamiento tradicional de la geisha y otros gastos considerables.

Aunque una geisha y su danna podrían estar enamorados, la relación está sujeta a la capacidad del danna de entregar algún aporte financiero. Los valores y convenios ligados a este tipo de relaciones no son bien comprendidas, incluso entre los japoneses.

Se especula sobre la venta de la virginidad de las geishas y de su cuerpo a un solo cliente (hasta que el danna se cansara y entonces se buscaría otro). La publicación de la novela Memorias de una geisha generó gran polémica sobre este tema, porque está comprobado que las geishas no venden ni vendían su virginidad. Por el contrario, la ceremonia se celebraba poco antes del Erikae y consistía en visitar a todos los clientes y clientas más cercanos, agradecerles el cuidado prestado durante el aprendizaje de la Maiko y finalmente, entregar un dulce japonés a cambio de ayuda financiera.

Al contrario de como se suele afirmar, la geisha no atiende solamente hombres. Desde sus inicios también tenía clientas con las cuales forjaba relaciones tal como con un cliente masculino. Incluso, muchas veces se celebraban cumpleaños infantiles o adultos con geishas como compañía.eisha y hokan

Las geishas se originaron como profesionales del ocio y entretenimiento.

¿Sabíais que originalmente la mayoría eran hombres?

Una geisha (芸者?), pronunciado gueisha, es una artista tradicional japonesa, cuyas labores constituían, tras un aprendizaje que podía ser tanto desde los 15 años o de la infancia, en entretener en fiestas, reuniones o banquetes tanto exclusivamente femeninos o masculinos, como mixtos.

En la región de Kinki los términos geiko (芸妓?) y, para aprendiz de geisha, maiko (舞妓?) han sido usados desde la restauración Meiji. Las geisha fueron bastante comunes en los siglos XVIII y XIX; hoy en día aún existen, pero su número ha disminuido. Mientras las “profesionales” daban ese entretenimiento sexual, las geishas usaban sus habilidades en distintas artes niponas, música, baile, narración…

Dentro del género, hay diferentes subtipos: las geishas de ciudad (machi) trabajaban independientemente en fiestas fuera de los “barrios de placer”, mientras que las de barrio (kuruwa) lo hacían dentro de éstos. Al caer el nivel artístico de las cortesanas, las geishas ( tanto hombre como mujeres ) tuvieron una mayor demanda.

 

Prosigo con la novela de Longstreet. <<O-Kita entró en aquel momento. Su tocado estaba hecho en el más complicado de los estilos preferidos de las geishas. Habíase empolvado el rostro y el cuello, y los polvos conferían a su cutis una blancura mate. Se había pintado los ojos. Hizo una profunda reverencia y quedóse de pie, con las manos dentro de las mangas de su quimono más lujoso de tres colores: oro, encarnado y azul pálido. La faja que le ceñía el talle era muy ancha, de fuerte color púrpura, con el lazo detrás, lo cual indicaba que O-Kita no era cortesana sino geisha, pues aquéllas llevaban el lazo delante. La penetrante mirada de Madame Bigotuda descendió y se detuvo en los blancos calcetines de O-Kita, hendidos para separar el dedo gordo de los demás, y en los zapatos de madera barnizada, que parecían sandalias.

[...] O-Kita se sentó en una estera y se puso a meditar con serenidad acerca de sus situación. No tenía nada de tonta, y había perdido ya las ilusiones. Se había criado en las casas de té, en esa trampa para cazar mujeres, en ese lugar en el que reina el vicio, y sabía por experiencia lo que eran el brillo de los placeres y la alegría de los lupanares. Debía gratitud a los dioses que le habían dotado del talento necesario para ser geisha, en vez de condenarla en las filas de las mercenarias del amor, que nacían y morían en el Yoshiwara en perpetua esclavitud y a las que esperaba un destino espantoso.

Lo que había impedido que O-Kita se diese a la bebida y al libertinaje, como hacían tantas geishas, eran su sangre fría y su orgullo. Ella había tomado lo que tenía que tomar; pero estaba sobre aviso y sabía guardarse de las enfermedades y de que fuera explotada su persona con miras interesadas. No se dejaría encenagar en el vicio que la rodeaba. Había conocido muchos pesares en su vida: humillaciones, frustraciones, momentos horribles de los que no quería acordarse; pero, como era sensata, había sobrevivido, y el sobrevivir lo era todo en aquel lugar, en aquella ciudad, en aquel mundo. Era fácil volverse necia y estiércol. Algún día sería libre y no barril de saladar en que se guarda pescado crudo maloliente y rábanos picantes, o una de aquellas desgraciadas que hacen ademanes impúdicos tras los barrotes para llamar la atención de los patanes ebrios e incitarles a satisfacer los deleites de los sentidos. Había miles de mujeres allí. Muy pocas se salvaban, pero ella se salvaría. Se libraría del inicuo régimen de esclavitud, de los servicios forzosamente prestados, de la ritual obediencia a los poderosos ricos que vivían tan distanciados de ellas.[...]

O-Kita fue llamada al castillo del shogun para entretener a los huéspedes. Permanecería allí unos días que cambiarían su vida. A lo largo del libro se desgranan interesantes claves de la cultura japonesa. En una conversación entre la dueña de una casa de té y un artista se menciona un oficio del que, en Oriente, no había oído hablar:

- Esperaré. Tal vez pueda hacer dibujos cómicos para algunos de los que se hallan en tu casa ahora. Yo no soy orgulloso. Me gusta reír y dibujar en tanto tus geishas entretienen a los clientes. Has de saber que podría ser un geisha verón, un hokan, si no fuese por mi loca afición a dibujar.

Los hokan actuaban delante de los señores en las casas de té, eran bailarines que danzaban con piruetas groseras. Sus danzas llegaban a hacerse bastante “libres” conforme se calentaban e iban abriendo las botellas de sake. En ese momento, se mandaba a buscar a las cortesanas y las geishas harían una reverencia y abandonarían la estancia. Al salir recibirían su paga y se ausentarían.

Me llama poderosamente la atención que el geisha varón no había aparecido en ninguno de los más de diez libros que he leído sobre geishas. Menciona también los yaru y los wakashu, y los “repugnantes vicios de éstos”. Y también las jogoku, o prostitutas sin licencia.

Cuando leí esta novela, aún no conocía barbaries infinitamente peores perpetradas por los nipones sin despeinarse -y de las que les hablaré pronto-, por lo que me impresionaron dos específicas maneras de torturar o dar muerte típicas de Japón. Un tipo, un individuo de una banda que acometió contra el Príncipe, fue encontrado y capturado en el bosque por los samurais que le escoltaban. No imploró gracia. No la esperaba. <<Soy un ronin. Mi amo se hizo el harakiri en el castillo de Nikko tiempo ha. No tengo más que decir. Sigo el camino de bushido.

- ¿Acaso quieres morir?

- Que he de morir lo sé desde que nací.

- Ahora eres un bandido y antes fuiste un orgullosos samurai. ^Deseas morir como un caballero?

- Deseo la muerte. Humillo mi cabeza. ¡Cortádmela! ¡Caballero soy!

- No se concibe para ti una muerte tan buena -replicó el daimio Ito-. Mandaré que te desnuden. En todas las aldeas por donde pasemos haré salir a las viejas para que te arrojen excrementos y piedras, para que te saquen los ojos para qye te corten las partes pudendas. ¡Te comerán, vivo aún, los perros!

- ¡No, eso no es honroso, mi señor! El ronin también tiene derecho a morir con arreglo a la tradición. Decapitado con espada, de un único y fuerte tajo. [...]>>

 

Otra de las actividades de las geishas era la del espionaje:

- ¿En qué puedo servirle, príncipe Taira?

- Conocemos la casa de té en que tú estás, y a tu ama. Tenemos confianza en ti, y queremos que nos prestes un servicio. No ignoras que sabemos premiar y castigar. [...] Dentro de unos cuantos días, el daimio Ito Kojin y su séquito llegarán a Edo. Arreglaremos las cosas en forma tal que puedas actuar en su presencia. Hace algunos años que no vive en Edo. Bebe mucho. Queremos que lo complazcas con tus habilidades.

- Me deber es complacer.

- Hay algo más. A los del castillo del shogun les gustaría saber con quién ha mantenido relaciones amistosas durante estos últimos años que ha permanecido ausente de Edo. Nos gustaría saber de qué habla en sus momentos de descanso. Y conocer sus sentimientos acerca de los comerciantes.

O-Kiya bajó los ojos y se quedó mirando a la estera. No cabía duda de que acababa de ser invitada a espiar dentro de los muros del castillo.

 

Su mayor valor era su gran belleza así que, cuando deseaban hacerles pagar por alguna supuesta traición, por no colaborar lo suficiente en las intrigas de los aristócratas o por tomar parte de conspiraciones, lo que hacían era desfigurarlas. Con un peine de hierro les destrozaban el rostro. Infinidad de cortes sangrantes que cicatrizaban con visibles cicatrices vitalicias destruyeron las carreras de las más insignes y hermosas geishas, fueran o no culpables realmente.