El corte

Unos mensajes anunciando un inminente reencuentro provocan que me invada una balsámica sensación de consuelo: me encanta comprobar que no todos están perdidos, que no todos son unos inmaduros, que no todos son unos yonquis descerebrados, que no todos son tan gilipollas, vamos. Una sonrisa se me graba en la cara mientras tecleo y recuerdo. Porque estos recuerdos, para variar, distan mucho de provocarme lágrimas. Repito: no todos son tan gilipollas. Aprovecho la inspiración para ponerme a recabar datos acerca de este concreto tema, sobre el cual he leído hace muy poco. Subrayé unos fragmentos en el libro que estaba devorando porque me mostraron una perspectiva del holocausto que hasta ese momento jamás había tenido en cuenta y cuya lectura, casualmente, coincidió con el partido del Real Madrid contra el Maccavi de Tel Aviv y la reacción antisemita de muchos tarados ante la victoria de los israelíes.

<<El sudor rezumaba por mi labio superior, inundaba mis axilas y resbalaba por los costados. Tenía la camisa empapada. Mi ropa interior era un trapo mojado pegado a mi estómago, a mis nalgas y al verdadero problema. La prueba de quién era. El corte de Abraham, la señal del pacto, la incisión de mi infancia, el prepucio ausente, la prueba irrefutable de quién era. Me quedé mirando al hombre uniformado que me había confundido con un gentil, recordando a otros hombres uniformados que habían sido igual de ineficientes. [...] Por los vagones había corrido el rumor de que había un judío entre ellos. Y el rumor había llegado hasta los oficiales, que empezaron a gritar obscenidades, a atizar golpes con la culata de sus rifles, a gritarles a los hombres que se bajaran los pantalones. El hombre que había explicado esa historia se había adelantado y había empezado a manosear botones. La culata de un rifle le había aplastado entonces el pecho. Había caído al suelo y rodado hasta confundirse con el montón de combatientes de la resistencia magullados, golpeados, incircuncisos, sin que lo descubrieran. Pero yo ahora estaba en América. Aquí los hombres uniformados sonreían, aun murmurando insultos por lo bajo. Pero tarde o temprano acabaría bajándome los pantalones. Tarde o temprano me delataría. El odio a los judíos no conocía sexo. En el campo había un hombre que había sido traicionado por su amante aria. Y eso era lo que yo estaba pensando la primera vez que vi a Susannah.

[...] La dentadura era de familia. Estaba sonriéndole a un niño, a quien reconocí del grupo de huérfanos del barco, y en esa sonrisa vi un clan grande y cariñoso que le había estado sonriendo desde su infancia. Llevaba una identificación sobre su pequeño y puntiagudo pecho izquierdo, pero yo no estaba lo bastante cerca como para leer su nombre ni el de la institución para la que trabajaba como voluntaria. [...] Debió de notar que la miraba, pues levantó la vista. Nuestras miradas se encontraron. Vi el rubor coloreando sus mejillas.[...]

Y fue ahí cuando se me ocurrió. Cualquier amante se enteraría. Cualquier prostituta se enteraría. Pero una buena chica no sospecharía nada. Podría bajarme los pantalones y seguir manteniendo mi secreto.

Madeleine (hermana de Susannah) y yo nos casamos el verano siguiente, justo después de su graduación. A ella no le importaba que yo no fuera judío. Hitler, decía, la había convertido en atea.

Y en cuanto al secreto oculto en mis pantalones, había tenido razón al pensar que una buena chica no se enteraría. Llevábamos tres meses casados cuando se dio cuenta de que estaba circunciso. A aquellas alturas ya me había enterado de que, a diferencia de lo que sucedía en Europa, en los Estados Unidos había también hombres no judíos circuncisos. Le expliqué que mis padres habían visitado los Estados Unidos con motivo de su luna de miel y que, ya que yo había sido concebido aquí, decidieron rendir un homenaje a esa costumbre local>>.

De El chico que amó a Ana Frank, de Ellen Feldman. Por supuesto, cuando habla de las buenas chicas que no se enteran, me sentí aludida.

Según wikipedia:

La circuncisión consiste en cortar una porción del prepucio del pene que cubre al glande, dejándolo permanentemente al descubierto. Los motivos más frecuentes para circuncidar son religiosos, culturales o médicos. En 2006, según estimaciones de la OMS, el 30% de los hombres del mundo estaba circuncidado, 68% de ellos son musulmanes. En el Judaísmo, este ritual se llama Brit Milá. Aunque no se menciona en el Corán, la circuncisión se practica en todo el mundo islámico.

Cuando se realizan para razones médicas, principalmente como un tratamiento contra la fimosis y la parafimosis, la circuncisión implica 10 hombres por 1000. Hay controversia sobre la circuncisión infantil sin razones médicas. Este debate está relacionado con la ética médica, la justicia, los derechos humanos y la ciencia. Diversas organizaciones de salud no se ponen de acuerdo sobre los beneficios y riesgos asociados con la operación, pero ninguna recomienda la circuncisión rutinaria. De acuerdo con la OMS y el ONUSIDA, la circuncisión es una estrategia (con la prevención y el uso del condón) de prevención adicional contra la epidemia del SIDA en las zonas donde el VIH es generalizada en África subsahariana.

Pueden leer +, por entretenerse y por curiosidad, porque van a ver que este tema es un paradigma de controversia: estudios que afirman que es mejor la circuncisión por higiene vs otros informes que aseguran que no hay pruebas de ello. Que si se incrementa el placer sexual vs las opiniones que niegan este extremo. Quienes entienden que la circuncisión neonatal es una mutilación vs quienes atribuyen beneficios para la salud física y sexual del niño circuncidado… Háganse su propia opinión, infórmense respecto de otros tipos de corte que se practican sobre el pene, como la postotomía y la extirpación del frenillo o frenectomía, entre otras, aunque yo a algunos en vez de circuncidarlos los castraría, pero no me hagan caso… me debe de faltar litio.