Gente tóxica

Como buena alumna de cole de monjas, mi ADN lleva grabado, además de la afición por los hidratos de carbono, el mensaje de que todos los seres humanos son merecedores de amor, de compasión y respeto; sin embargo, yo no hago más que toparme y tratar de apartarme de gente tóxica. El otro día, encontré un texto de Walter Riso que enumeraba los rasgos que presentan estas personas. En el decálogo identifico conductas y situaciones que me han invitado a escapar de los sujetos y sujetas que los perpetraban, ya fueran ligues, parejas o aminemig@s, conocid@s y familiares, … También recuerdo que, a pesar de haber sufrido por las rupturas y abandonos de estos sujetos -que de todo ha habido-, con el paso del tiempo, ha sido muy liberador verme alejada de su egocentrismo y negatividad. Por no ampliar mi círculo de enemig@s, me abstengo de dar nombres y apellidos, pero ustedes pueden rellenarlo, como terapia incluso:

1. En primer lugar, una persona que habla demasiado de sí misma y se olvida del otro muestra exceso de ego.

2. Otra actitud tóxica es la queja constante de quienes tienen un discurso pesimista y negativo. Existen personas que siempre ven el vaso medio vacío y hacen un drama de situaciones cotidianas.

3. Asumir el rol de víctima con mucha facilidad. Es una forma de querer ser el centro del mundo y de llamar la atención de los demás.

4. Algunas personas creen que el mundo está en su contra, pero no analizan qué es lo que pueden estar haciendo mal en su comportamiento. Es decir, tener capacidad de autocrítica es el primer paso para cambiar.

5. La envidia, los celos y la soberbia son como vampiros emocionales que roban la energía de los demás.

6. Las personas que viven algún tipo de actitud tóxica no son felices porque su modo de pensar les impide vivir en calma y en armonía con el entorno. Sin embargo, conviene destacar, que cualquier persona tiene todos los recursos necesarios para modificar ciertas actitudes y tener más felicidad.

7. Una persona que sufre la actitud tóxica de la envidia no se alegra con las alegrías del amigo porque, a nivel interno, vive pendiente de su propia carencia.

8. Una persona que tiene la actitud tóxica del exceso de soberbia es aquella que ejerce el rol de autoridad constante, te corrige incluso cuando no tiene que hacerlo y se comporta como si estuviera en posesión de la verdad. Además, no se permite aprender de los demás y se siente incómoda cuando le llevan la contraria.

9. Una persona que tiene actitudes que no le dejan ser feliz termina agotada por sus propios pensamientos negativos que se vuelven un disco repetitivo. Una actitud tóxica es la de responsabilizar a los demás de asuntos propios.

10. Las personas que tienen actitudes tóxicas sufren mucho pero con frecuencia, no demuestran su malestar porque no reconocen sus propios errores. De esta forma, se ponen a la defensiva en las relaciones personales. El primer paso para poder avanzar y pedir ayuda es detectar un área de mejora.

La finalidad del bienintencionado autor del listado de defectos era su detección, para corregirlos gracias “a la fuerza de voluntad, al deseo de ser feliz y a la capacidad de cambio, dada la infinita capacidad de superación personal que existe en el corazón humano“. Yo, naturalmente, discrepo; la experiencia me ha demostrado que la gente no sólo no cambia, sino que empeora.

Dejen que es recomiende otra clasificación más (que nos gusta una lista…). Ésta es sobre los usuarios de facebook más odiosos. Aquí también pueden poner los nombres de los que saben a ciencia cierta que pertenecen a cada categoría: desde el que te manda mil veces la invitación al Candy Crush o el que desde su muro abomina de todo lo visible y lo invisible, pasando por el exhibicionista emocional que publica incluso fotos de lo que a nadie interesa. Lean y rían.

Quizá influya en mi sensación de rechazo por la raza humana la resaca post electoral que no por lógica y predecible resulta menos inquietante. Recuerdo, hace años, una de las mil entrevistas personales a las que a lo largo de mi carrera hacia ninguna parte me he visto obligada someterme; harta ya de preguntas más que indiscretas e irrelevantes para el puesto al que aspiraba, respondí: “a mí puede usted pedirme un certificado de antecedentes penales, una analítica de sangre y de orina y de cabello, hacerme tres mil baterías de tests psicológicos y psicotécnicos y pruebas de inglés y de informática y hasta de embarazo, si quiere, y solicitarme que traiga los originales de los títulos universitarios y de post grado, …, que no va a poder descartarme por absolutamente ninguna razón. De nuestro Presidente del Gobierno quizá no podamos decir lo mismo“. Ahora que lo pienso, no sé si fue esta frase o la de “he hecho de todo, menos de comercial, de puta y de etarra” la que me excluyó del proceso de selección… Pues eso: ahora que ya han obtenido el puesto (vía urnas), a toro pasado, toca leer las letras pequeñas de los programas electorales, las frasecillas desapercibidas en los debates y durante la campaña, desenterrar los secretos de los candidatos, airear las peripecias sexuales y las filias y las fobias y los flirteos con ideologías peligrosas… Y la Bolsa, subiendo inexplicablemente. Un sinvivir esto, oigan.