¿Bisexual o miedo a salir del armario?

Regreso a sus retinas con el humilde objetivo de entretenerles un rato, contribuyendo quizá a que su ya anémica productividad laboral descienda ad inferum (eso, si es que tienen ustedes trabajo, que es altamente probable que no). Un par de artículos de base científica se me metieron en el ojo el otro día gracias a sus respectivos títulos. Siendo honesta, tampoco difiere de cómo se nos meten los hombres en la vida, digo en la cama: por el aspecto y a través de las pupilas. Y les diré que el mismo rechazo que me producen la mayoría de los tíos me ha causado el 95% del contenido de estos supuestamente documentados textos, científica y sociológicamente elaborados y destinados a conocer, reitero lo de supuestamente, a las mujeres. Encontrarán, tanto unas como otros, sin duda, muchas cuestiones acerca de las que reflexionar y preguntarse. Confíen en mí, que hay para todos.

¿Bisexual o miedo a salir del armario?

Si eres una mujer, probablemente la respuesta es “sí”, eres bisexual. (Aquí mi yo interno se indigna y el externo, afónico de haber negado esto mismo mil veces, reclama su derecho de hastío y huelga).

Si eres un hombre, posiblemente, sea lo segundo.

Al menos así lo ven lo recientes estudios de los expertos en el tema. Las pruebas señalan un aumento de evidencias de que las mujeres son más “eróticamente moldeables” que los hombres. Nuestra sexualidad, por lo visto, varía dependiendo de nuestras circunstancias y entorno social; somos camaleones sexuales (según el texto, insisto). Ésta es la razón que hace totalmente plausible para nosotras llevar a cabo la elección intelectual de ser lesbianas, más que ser arrastradas a ello por un designio innato.

Según leí, este interruptor también funciona al revés. Y menciona las “hasbians” como Anne Heche, eran gays y ahora son heteros. El motivo por el que nosotras somos mucho más adaptables que los hombres es que las mujeres nos excitamos con algo más que aquello que vemos. Tenemos en cuenta la personalidad, la lealtad, la inteligencia y la amabilidad y miramos a nuestras parejas potenciales como personas, más que los hombres. Esto nos hace más proclives a enamorarnos de la persona, más que de su género. (Suena todo fenomenal, ¿verdad? Pues yo disiento… Personalmente, por muy amable, comprensiva, divertida e inteligente que sea una amiga, yo sigo fantaseando con saltar sobre un maromo musculoso de 1,90 y además no estoy en absoluto dispuesta a comerle el coño a ninguna por protoamigapluscuamperfecta que sea, llámenme especialita si quieren… Y ahí les dejo otra de mis grandes conclusiones después de demasiados años escribiendo, leyendo e investigando sobre esto: la prueba del algodón está en el sexo oral…).

El artículo asegura que la Madre Naturaleza nos ha hecho “bi” a nosotras por una razón. Una mujer tras el parto ha de darle el pecho a su bebé sea niño o niña para alimentarle, por lo que debe estar abierta al contacto físico íntimo con ambos sexos. (Supongo que el redactor o investigador del estudio no tuvo en cuenta que muchas mujeres a) abominan de la maternidad y la descartan radicalmente; b) la mera contemplación de una escena de lactancia les provoca náuseas y c) que poco o nada tiene que ver el contacto de un bebé lactante, con mera finalidad nutricional, con el que se desarrolla con un adulto/a en plena interacción sexual, con una finalidad tan subjetiva como distinta de la alimenticia. Me alarma tener que apuntar que la sexualidad humana responde a la necesidad de comunicación, placer, venganza, aburrimiento, celos, deseo, reproducción… Sí, aquí también pueden tacharme de retorcida pero ¿acaso no lo es más asimilar el contacto físico de un/a bebé mamando con otro que sí conlleva impulsos sexuales?

Por otro lado -prosigue- la bisexualidad en el hombre no es útil de cara a la procreación, por lo cual, la tasa de bisexuales y de gays es pequeña dentro de las cifras de población absoluta. A esta conclusión llegaron unos investigadores que conectaron tanto a hombres como a mujeres a máquinas que medían el flujo de sangre a los órganos sexuales (una señal de excitación). Una vez conectados, a cada individuo se le mostraron diversas películas eróticas. Eran imágenes explícitas de parejas heterosexuales, otras homosexuales, y había también de primates copulando. Los hombres del estudio sólo mostraron excitación al ver a hombres manteniendo relaciones con mujeres y a mujeres teniendo sexo con otras mujeres; es decir: la mujer era el objetivo de su deseo. Sin embargo, y desacreditando la teoría que afirma que la mujer por naturaleza está a un sólo pasito del celibato, resulta que las mujeres del estudio se excitaron al contemplar todas las películas porno (las de zoofilia incluidas).

Cuanto más flexible eres, mayor es tu capacidad de bisexualidad, y se demostró que los hombres son mucho más rígidos al respecto.

Los hombres miran a su alrededor para encontrar algo que les excita, entonces, se acercan y tratan de tener sexo con esa persona. La mujer hace lo contrario: se excita cuando se les hace algo. La mujer es receptiva, reacciona al impulso generado por un agente, no se mueve por lograr el objetivo. (100% en desacuerdo, pero sólo hablo por mí, claro, que soy capaz de cruzarme un bar, rollo misil tierra-aire, para abordar y derribar al objetivo detectado en la barra de enfrente.)

Respecto del segundo de los artículos que les mencionaba, voy a dejar que lo lean sin mis interrupciones:

5 cosas que las mujeres prefieren antes que el sexo

El sexo es salud. El sexo es placer. El sexo es amor. El sexo puede ser muchas cosas, pero no lo es todo. Según varias encuestas e investigaciones, las mujeres disfrutan más al hacer estas actividades:

1. Tener tiempo para ellas. En una encuesta realizada por la revista Glamour, el 76% de las participantes dijeron que prefieren un “break” para dedicarse a sí mismas antes que tener sexo. La fantasía incluye poder escaparse de la vorágine y disfrutar de un descanso.

2. Dormir. El Instituto Ipsos de Nueva York hizo una encuesta entre más de 2.000 mujeres. ¿El resultado? Ellas prefieren disfrutar de un sueño largo y reparador antes que tener relaciones íntimas con su pareja.

3. Comer chocolate. El Centro de Investigaciones Oncológicas del Reino Unido preguntó a 2.000 personas qué es lo que más les costaría abandonar durante un mes. La principal respuesta femenina fue dejar de comer chocolate.

4. Usar el smartphone. La empresa AVG Technologies encuestó a más de 4.000 mujeres y concluyó que ellas preferían no tener sexo durante una semana antes que renunciar a su celular con acceso a las redes sociales.

5. Leer o mirar televisión. Un estudio publicado en iVillage confirmó que el 63% de las mujeres prefieren hacer otra cosa, como ver televisión, leer o dormir, antes que ir a la cama con su pareja.

Ahora que ya se lo han terminado, les digo que me quedo definitivamente sin palabras, o mejor dicho, horrorizada ante una gran verdad evidente y cruda… ¿Cómo va a nadie a preferir dormir, leer, chatear, ver la tele o hacerse la cera, o comer chocolate,… a echar un buen polvo? ¿Estamos locos? ¿Somos tontas todas? No, no y no. La conclusión es: qué malos son los tíos en la cama para que los resultados de las encuestas sean lo que acabo de leer… Bueno, y cuánta suerte he debido tener yo (casi) siempre.

Entre las confesiones que últimamente regalo, una bien íntima que me llegaba en modo de revelación hace escasos nanosegundos al releer esto: el famoso “no sé por qué a las tías nos encantan los golfos, los canallas, etc, si nos dan muy mala vida”. ¿Quién no lo ha dicho, leído o escuchado unas mil veces? Pues bien, cierto que nos dan muy mala vida y más cierto aún que no hay quien los soporte, y aún peor saber que restan más que suman, y que no convienen… Y todo lo que quieran… Pero precisamente por balas perdidas, por maleantes, por conflictivos, por (escriba aquí ____________ el adjetivo peyorativo que proceda) son los que mejor follan. Punto.

Y otra más: llevo tres semanas echándole la culpa de todo absolutamente a la astenia primaveral. Así no tengo que admitir que tengo resaca. Y sepan que funciona, puesto que entre tanto listo y lista, resulta que nadie sabe bien lo que implica.