Apágala y Enciéndete

Ay, qué sensación de mareo me producen las infinitas contradicciones en las que hay que nadar… o resignarte a morir ahogada en ellas. A lo mejor el mareo se debe a la pluralidad de combinados ingeridos recientemente (muy recientemente, mucho)… Lo dudo: las cuestiones que me ocupan tienen tal calado que merecen un mareo en sí mismas… Hace tiempo que no les obsequio con esas impagables frases que escucho por las calles, en los bares o en la televisión. Hay quien suelta las palabras como ráfagas, parecen yo, así que me paso el día intentando recomponerme, la verdad. Dejo aquí retazos de mis conversaciones, juzguen el estado de cordura o delirio ambiental; yo soy incapaz.

De mi propia cosecha:

¿Cómo he llegado yo a ser tan tan tan fan de una monja y, simultáneamente, de Pelopony?

¿Cómo puedo amar a los animales cada día más y que me fascine totalmente la moda de la falsa taxidermia?

¿Cómo hay personas que se autodenominan tu “amiga” pero que no te defienden jamás e incluso aprovechan el minuto que tardas en ir a pedir otra copa para difamarte o reírse de ti?

¿Cómo es que me doy instintivamente a las torrijas y no al brócoli?

Perlitas de amigos:

Me ha diseñado el tatuaje una amiga, quería algo que me recuerde que estoy muy loco, Cari, que lo mire y no me dé por follar sin condón, que yo me pongo muy ciega…

<<- ¿Qué límites tienes? -me pregunta-.

– Mira… Me hice un esguince de tobillo metiéndole el pie a uno, así que te puedes imaginar.

– Ay, qué bien nos vamos a llevar…>>

 

Les pido que lean este párrafo:

<<Es importante que el amante sepa cómo se ha de despedir. Para empezar, no ha de mostrarse dispuesto a ponerse en pie, sino que debe hacerse de rogar un poco… Es preciso que se comporte de modo que dé la plena sensación de que le duele irse y se quedaría más tiempo si pudiese… Ambos amantes han de ir juntos hasta la puerta de dos hojas, en tanto que él le dice a ella cuánto teme el día que tiene ante sí y cuánto anhela la llegada de la noche…>> El Libro de la Almohada, de Sei Shonagon.

Me parece una cita maravillosa, un pildorazo de modales. Se lo dedico de corazón a tanto gañán urbanita con ínfulas de moderno (pero que en el fondo se saben a priori incapaces de subir a ese fastuoso tren del respeto, que se les antoja quizá demasiado lento -comparado con lo rápido que mandan un whatsapp, supongo-. Ay, que me lío…) A lo que iba: ser un grosero no es tendencia (y vestir de gayer total, con las bermuditas y la pajarita, tampoco, por más que la unanimidad gay de Tele5 no se quite el ya consagrado como uniforme del verano…). También se lo dedico, y también de corazón, a las zorras de las madres de los antes citados gañanes urbanitas, que van de modernas y de “yo es que soy amiga de mi hijo” y excusándose en eso, han hecho un verdadero destrozo de proporciones dantescas con la generación de los castellanofollantes de diecimuchos y veintibastantes…. Queridas: menos hostias. No sois amigas ni de vuestras propias amigas… Os creéis las más modernas porque podéis ir a clubes de intercambio de pareja y depilaros las ingles brasileñas pero sois madres y ello os obliga a educar. Vergüenza debería daros haber echado al mundo a esa horda de tarados tecnofílicos, pornoadictos, groseros, impacientes, narcisistas yonquis de los aftersexselfies, superficiales, analfabetos y crueles bestias folladoras. He dicho. Y creo que hablo en mi nombre y en el de tres o cuatro mil íntimas aminemigas que se quejan como yo, con razón, porque somos las que seguimos en las calles y nos los tenemos que tirar.

Por si alguien necesita consuelo, ahí, va uno que leí hace nada: “De todo se sale menos del Corte Inglés de Nuevos Ministerios“, así que con no pisarlo… Sigo convencida de que salvo escasas excepciones, la programación de ciertas cadenas podría sustituirse por piezas publicitarias como ésta. Si este anuncio de Dúrex no logra calar con su mensaje, que Dios nos asista. Y es que, desde que anoche Sor Lucía Caram tuvo que responder a la rotunda pregunta de “¿Para qué sirve Dios?”, me siento en una pura contradicción.