Poco recomendable

Mi amiga Marta me etiquetó el otro día en un artículo sobre ARCO que yo ya había detectado y destacado en mi propio muro. Fue una de las tres personas que, en una semana, instintivamente pensaron en mí, en mi exposición censurada versus el “Arte moderno institucionalmente apoyado” (den por puesto aquí, junto al apoyo institucional, el emoticón de la caca por triplicado, por favor). Y es que, sin falsas modestias, ¿para qué?, las Barbaridades que yo exhibo resultan infinitamente más ingeniosas y divertidas que la mayoría de las obras expuestas en galerías, museos y asimilados en derechos.

Y no me refiero exclusivamente a esta edición de ARCO… Hablo remontándome a varios años de experiencia profesional y rememorando la cantidad de visitas a ARCO que tuve que hacer en su momento. Insisto: lo hice durante años, para entrevistar in situ a bastantes “artistas” quienes, a tenor de las piezas expuestas y de sus discursos, entre poco y nulo talento poseían… ¡Ay, madre! La “obra” de la mayoría era… Señoras y señores, era p’a pedir que devolvieran el dinero de la entrada (o, si ibas acreditada, como yo, el del taxi)… Pero diga lo que diga, mejor lean la broma de El Jueves, la que Marta encontró y donde me etiquetó. Me parece insuperable.

Amén de arte, y de un momento de zozobra mundialmente sufrido, ocasionado por la caída de Whatsapp, en Madrid hemos tenido desfiles. No necesito más enemigos, por lo que voy a evitar cualquier comentario destructivo contra colecciones concretas -si las palabras portaran tijeras…-. Inconcebible que nadie les diga a los “creativos” modistos, mientras preparan las prendas, aún a tiempo de evitar que rematen y metan en los desfiles semejantes desastres, que eso es imponible, que jamás ninguna figura humana podría vestirse con algo similar, que si quieren “crear” en base a esas “ideas” quizá deberían aplicarlas a una lavadora y no a una falda… Me consta que las personas nacemos y morimos solas y todo eso de la soledad inherente a la vida… pero, ¿acaso los diseñadores, tan fiesteros, tan de ir a cada evento de croqueta gratis, no tienen amigos? Hablo de amigos de verdad, no sólo de esos de cambiarse el turulo mientras les agarran el cubata… ¿Acaso sólo dialogan con su ego? Hasta aquí mis impresiones acerca de las mamarrachadas de muchas de las colecciones femeninas que he visto.

Pero hubo moda de hombre también. Ahí estaba yo, echada en el sofá, viendo ese intento de programa de moda que ponen los fines de semana por la mañana, con Dexter dormidito sobre mí, ronroneando, cuando, tachan tachan… Tengo que reírme… Bueno, sonreír… De la hilera de modelos masculinos que protagoniza el especial, los dos más guapos resulta que han estado con muy poquita ropa en mi salón, en este mismo sillón, de hecho… Y aún me escriben mensajes cutres, de esos de “tengo ganas de verte, guapa”, whatsapps que yo borro sin responder siquiera… ¿Ahora…? Me parto… Ahí van ellos, tan serios, caminando desde su metro noventa con paso firme… Afiladas las siluetas por el hambre, las renuncias y las tundas de ejercicio… y la genética, por supuesto. Hechos un esperpento, afeadas las caras por la ira profesionalizada de estilistas y maquilladores que, inexplicablemente, aún no han recibido tratamiento psiquiátrico ni internamiento para subsanar sus complejos y traumas infantiles.

Cuánto tarado sin diagnosticar hay y cuánto daño hacen… Lo digo siempre. Aunque, más que a estilistas y maquilladores crueles, lo suelo usar referido al problema mental común a muchos de estos hombretones, a su donjuanismo (bueno, también a otros síndromes que aquejan a los españoles de entre 25 y 40, mi target). Miedito me dan. Eso, lo de que me dan miedo, también lo digo mucho. Hace unos años encontraba una reflexión fabulosa en un ensayo sobre la prostitución. Decía que el lugar donde más putas hay en el mundo es en una biblioteca, y no leyendo precisamente, sino en las páginas de los libros. La ramera, la zorra, la madamme, la cortesana, la meretriz,… han sido personajes habituales en los relatos de toda época y autor (empezando por la Biblia). Si bien las putas siempre han contado con la complicidad de los escritores, tan tolerantes cuando recrean a los hombres puteros y tan puteros ellos en su inmensa mayoría, todo sea dicho también, no sucede lo mismo con los donjuanes. Acerca de ellos, del daño que producen, yo misma he escrito mucho. Y he encontrado análisis psicológicos interesantísimos y críticas acérrimas contra su enfermiza y peligrosa conducta. Elijo uno magnífico, donde descubro peligrosas reminiscencias de mi propio baquetear por los mundos de Dios… Pertenece a “El resto de la vida” de Ángeles Caso, donde una madre habla con su hija, sobre un amigo de la primera.

<<- ¿Poco recomendable…? ¿Qué quieres decir?

- Me refiero a cómo trataba a las mujeres. ¿Nunca te diste cuenta? Claro, tú eras muy joven… No sabes qué rabia me daba su empeño por seducir constantemente. No podía vivir sin que hubiese un montón de mujeres enamoradas de él y sufriendo por su causa. Sólo así se sentía bien, como si el dolor ajeno le diese seguridad en sí mismo… Mentía sin cesar, hacía lo que fuese con tal de convencer a cada una de ellas de que era el amor de su vida. Y en cuanto lo había logrado, salía corriendo… [...] Sí, era un experto en la mentira y el engaño. Una vez le oí hacerle un hermoso discurso a una estudiante de Historia Antigua. Le habló de Orfeo y Eurídice. Le dijo que sería capaz de volver a la Tierra a buscar a su amada si muriese antes que ella… Y ella le creyó. Por lo que sé se ha pasado la vida esperándolo.>>