Lo importante

Para asumir que no eres Irina Shayk no hay consuelo, como tampoco lo hay cuando comprendes que sólo te aguardan señores tipo Pichurrín en los bares de singles… Además de que los Reyes Magos hayan olvidado traerme una reducción de estómago, dejen que les cuente por qué lloro hoy:

¿Se puede llegar a imaginar que un café caramelizado con nata tamaño pequeño puede llegar a albergar hasta 11 cucharaditas de azúcar? ¿Y que una lata de Coca-Cola contenga nueve cucharaditas? Cuesta creer, ¿verdad? Fíjese hasta qué punto estamos enganchados al azúcar que según Action on Sugar incluso un yogur desnatado puede contener hasta cinco cucharaditas de azúcar. Encontramos azúcar en los yogures, y también en el pan, en los refrescos, en las verduras congeladas, en la comida enlatada, en la bollería, en la pasta, en la leche, en la salsa de tomate y en todo tipo de comida que sufra un proceso de elaboración, incluso en la conocida como comida light o zero y en la comida salada, la menos sospechosa de contener azúcar añadido. Verdad de la buena, aunque no se lo crea“. +

Por un lado, para aceptar que ya no te cabe en la XS viene bien saber que siempre venden una talla mayor (y hasta varias más) y por otro, ayuda mucho dejar de ver todas las redifusiones de “Guerra de Cupcakes”. Leído lo del azúcar, me planteo yo que no sé qué hace más daño a la población, si la repostería indiscriminada o el porno…

Se me ocurren otros modos de hacer el sinvivir más llevadero, pero no quiero inducir a nadie a nada que no haría yo misma, y encontrarme que me cierran también este blog por hacer apología del McNamara way of life… Y aun eso, tampoco sería fatal. Al fin y al cabo, lo peor que pueden preguntar de ti no es “¿Y dónde publica ahora?” sino : “¿Causa de la muerte?”. Esto se me ocurrió viendo una serie policíaca el otro día… Ahí tenemos la verdadera demostración de la teoría de la relatividad de cualquier drama, por fétido e inmanejable que se presente. Y hablo de esos dramas que nos hacen llorar a mares, como llora Ronaldo abrazando su estatuilla de oro… No dejan de emitir el momento del astro del fútbol, acompañado por el señor que anuncia Viagra. El brillo resplandeciente de su tercio superior paralizado por el bótox no ha impedido que sus lágrimas emocionen a todos los que, a pesar de hallarse en estado de pobreza y de exclusión social, o con unas cejas mucho peor depiladas que las suyas, se dejan arrollar por el pan y circo y no se coscan de que en ese rato, los del Gobierno han aprobado varios impuestos...

Otra de “por detrás y sin lubricante y a pelo” que, como ya he divulgado mil veces, se considera una de las prácticas sexuales más dolorosas, sucia por escatológica, amén de hallarse entre las menos saludables -sigo hablando del sexo anal, no he vuelto a las novedades legales-, de las que mayor riesgo de contraer ETS, ITS, hepatitis y sida.

Estaba revisando con cierta dosis de escepticismo un antiguo manual de Educación Sexual, uno de los como treinta o cuarenta que debo tener acumulando polvo por las esquinas. Copio:

P: “¿Puede quedar embarazada una mujer después de un solo acto sexual?

R: Sí, siempre que el acto coincida con la ovulación si bien conviene advertir que en ciertas condiciones de gran tensión emotiva la ovulación puede desencadenarse por el propio acto sexual”.

Por favor, lean y relean bien… De nuevo, me siento entre victoriosa y como Ronaldo al comprobar, una vez más, que mis conclusiones particulares son en realidad auténticas teorías apoyadas por científicos. ¿A quién le importa qué fue antes si el huevo o el balón de oro?

Iba a dejar para otro día otra cita de inconmensurable valor. A mí, al menos, me rechinó… Pero como en esto me comporto igual que con el sushi, lo despacho aquí y ahora:

El otro día me ligué a una mujer casada que me dijo que hacía seis meses que no follaba. ¿Te imaginas? ¡Dios, qué cachonda estaba! Creía que me iba a arrancar la picha. Yo no paraba de gemir. <<¿Y tú? ¿Y tú?>> No dejaba de repetirlo, como si estuviera chiflada. ¿Y sabes lo que quería, la muy puta? Quería venir a vivir aquí. ¡Tú fíjate! Me preguntaba si la amaba…., y yo ni siquiera sabía cómo se llamaba. Nunca sé cómo se llaman…. No quiero saberlo. ¡Las casadas! ¡Dios! Si vieras todas las tías casadas que traigo aquí, perderías para siempre las ilusiones. Son peores que las vírgenes, las casadas. No esperan a que tomes la iniciativa: te la sacan ellas mismas. Y luego hablan de amor. Es repugnante. ¡Te aseguro que estoy empezando a odiar a las tías!”

Leyendo ciertos fragmentos de Trópico de Cáncer, me resulta imposible aguantarme. No me aguanto ni la envidia insana: ojalá yo hubiera escrito como Henry Miller de pequeña. Introduzco ese trocito concreto como la paletada de arena que viene a compensar tantas y tantas que se dan de cal, por sistema, a los señores casados a causa de su tendencia a ser infieles, pero no me aguanto la arcada que me provocan ciertos hombres. Los capaces de pensar y decir y actuar como en este concreto extracto. Párrafo a párrafo, se me vienen a la mente las fotos de ciertos perfiles de mi red social de cabecera e imagino a mis ciberamigos dando voz al personaje. Al delantero del Real Madrid me lo imagino también perfectamente…

Últimamente, sin poder remediarlo, las instituciones incuestionables, se me antojan el Meetpacking District del año 1900 en lo relativo al amor. Supongo que acusándolas a ellas, exoneramos a nuestra propia desidia: el auténtico matadero consiste en la falta de detalles; en la tediosa reiteración de dichos y hechos, cuando las anécdotas ingeniosas se van agotando o cuando idear alguna nueva resulta un esfuerzo que no nos merece ya la pena. Al amor lo matan la falta de voluntad, la autoindulgencia y lo efímero de la ilusión; perece en el facilismo que nos empuja a esos lugares comunes que, revisitados, no entusiasman ya; en los “yo soy así” que pocas veces encuentran el merecido: “pues ya va siendo hora de que aprendas y de que cambies, porque no estás solit@ en el mundo”.

Muchas personas llevamos el miedo atado al vientre: cuando no hay una pareja, tememos estar solos. Cuando la hay, tememos que termine. Pocas veces nos planteamos que el peor escenario es el de la soledad acompañada. Saberte un single y que te pinchen a 33 revoluciones, mata. Afortunados me parecen los mortales orientados a la consecución de metas crematísticas. Al fin y al cabo, se trata de objetivos mucho más plausibles que lograr el imposible: que la felicidad que llega de la mano de lo perecedero sea eterna. Ahí ando yo, abrazando un ideal romántico que oculta la fea marca del fórceps, girando y girando en esa danse macabre al son de una sinfonía de raquítica esperanza condenada. Pero Cristiano Ronaldo ha ganado su segundo Balón de Oro y nada más importa en el mundo.