Bangkok boy

Aprendí a corresponder al “afecto” de mis clientes, masturbándolos y besándolos y acariciando sus cuerpos, pero pronto me di cuenta de que si quería seguir siendo contratado, tenía que estar dispuesto a hacer más. Razoné que, si la mesa se girase, a mí no me gustaría que, si yo pagase a una chica, ella fuera restrictiva en las cosas que estuviera dispuesta a hacer o no en la cama. Así que pensé que tenía pocas opciones aparte de hacer felaciones y practicar sexo anal. Anteriormente, siempre me había dado miedo que dichos actos me convertirían en gay; en cualquier caso, si me compensaba el dinero, con la suficiente cerveza, podía tirar para adelante con cualquier cosa.

No recuerdo exactamente la primera vez que practiqué sexo oral a un hombre porque estaba borracho; en cualquier caso, aunque suene raro, nunca olvidaré la comida que tomé después. Cuando acabó el business, salí como siempre con los otros chicos; pero mi estado de ánimo cambió en el momento en que empecé a comer. Cualquier cosa que pusiera en mi boca me recordaba al apestoso trozo de carne que había metido ahí antes. Y entonces, recordé lo repugnante que lo encontré, jadeando para poder respirar, mientras su órgano empujaba dentro y fuera de mi boca. Cuando por fin acabó, corrí al baño y me aclaré la boca a conciencia, sin embargo no pude librarme del sabor que me dejó ni de la impresión mental de lo que había sucedido. El alcohol fue la única cosa que encontré que me ayudaba a borrar en parte el asco, así que pedí más cerveza. No he vuelto a permitir que nadie vuelva a eyacular en mi boca. En el futuro, cuando notaba que un cliente estaba a punto de correrse, he utilizado mis manos para ayudarle a terminar.

La mayoría de mis compañeros heteros -y sí, hay bastantes- detestaban recibir sexo anal. Aunque nunca lo reconocían estoy seguro de que, a pesar de todo, ocasionalmente, lo pasaban por alto con tal de recibir dinero extra. Asumí que ellos eran como yo en ese sentido. Aunque suene increíble, a pesar de haber trabajado en ese sector del negocio durante tantos años, rara vez he hecho de pasivo en el sexo anal. La mayoría de las veces, yo era el que daba. El cómo me las arreglé para conseguirlo y seguir teniendo clientes regulares e incluso de largo tiempo, me asombra.

Mi primer intento de ser pasivo no fue ni agradable ni consensuado. Regresé junto a un cliente a su habitación, tras haber pasado juntos la noche bebiendo y cenando. Acabé cayendo desplomado boca abajo en su inmensa cama, totalmente borracho. Un dolor como una puñalada en mi parte trasera me despertó de un sueño profundo. El cliente se estaba aprovechando de mi estado de embriaguez y me había penetrado. A pesar de que utilizó lubricante, aquello era horriblemente doloroso. Lo peor de todo, era que estaba violándome sin condón: por lo que yo imaginaba, podía tener sida. Luché por liberarme pero él estaba encima, apoyando todo su peso sobre mí, con una mano sujetándome la nuca para inmovilizarme. Me agité de modo insensato provocando que me penetrase más profundo, mientras que él me empujaba la cabeza contra la almohada para eliminar cualquier resistencia. Intentaba tomar aire, gimiendo de dolor, mientras mis brazos y piernas se agitaban salvajemente. Empecé a maldecir intermitentemente, entre ruegos y súplicas para que parase, pero mi resistencia sumada a su obvia dominación, sólo incrementaron su placer conforme embestía más fuerte y más rápido. Rezaba para que eyaculase pronto y que ese horror terminase. Mi indefensión claramente le excitaba, y me penetró a lo bestia para hacerme aún más daño hasta que por fin descargó dentro de mí. Tras desmontar, se alejó como si yo fuera un trapo viejo que hubiera desechado. Estaba aturdido. Pero me las apañé para vestirme deprisa y escapar sin siquiera pensar en que me pagase. Cuando llegué a mi apartamento, me lavé y me refugié en mi cama. Me eché sintiéndome triste, con dolor y en shock, esperando no haber cogido una enfermedad. Me habían violado, pero como bar boy, sentía que no tenía derecho a protestar -era parte del trabajo-.

 

Sólo traduzco, lo mejor que puedo, esta página de Bangkok Boy, de Chai Pint, porque, de un tirón, va y destripa dos de los grandes topicazos que tiñen de machismo la (in)cultura sexual hetero. Dicho por un hombre, comprobamos que es mentira lo de que el semen sabe bien y que es magnífico permitir que se te corran en la boca y también explica exactamente lo que se siente cuando te dan por el culo. Con mis poéticas reflexiones, doy por centrado el asunto.

Admito que este libro me ha tenido atrapada varios días. Es uno de los que me traje de Tailandia pensando, con acierto, que me servirían para documentar ese estudio sobre prostitución masculina que nunca acabo…. En sus páginas he podido comprobar cómo se originan todas la cifras astronómicas de contagio de VIH que manejo en forma de estudios científicos y de estadísticas; explica cómo se vive allí la prostitución y de la prostitución, algo que ves por todas partes y a todas horas pero que, cuando no has viajado precisamente en calidad de turista sexual, no alcanzas tampoco a descubrir.

Me recuerda cuántos gays van de heteros pero al revés, para variar… Llevo oyendo, desde antes de comprarme mi primer sujetador, de boca de amigos gays, que todos los heteros son gays y aún no lo saben. No. Y no. No. No. NO. Hay hombres heterosexuales que lo siguen siendo tras mantener relaciones sexuales con otros hombres (en el caso del libro, por dinero), en otros, por curiosidad, morbo, etc. El protagonista tiene novias, va de putas,… Le gustan las mujeres pero hace de tripas corazón y vende sus servicios a clientes masculinos. Para mí, constituye un ejemplo de que se puede escindir el sexo (las prácticas concretas) de la orientación sexual de cada uno.

Este fragmento detalla, además, una violación. En otras páginas, el protagonista manda una queja velada sobre el desastre de sistema de su país (tanto a nivel judicial como del Cuerpo de Policía). Narra corruptelas, errores, investigaciones abandonadas, abuso de poder, … Él es plenamente consciente de que ha sido víctima de un delito, ha sido violado. Pero él mismo opta por callar, sabiendo que difícilmente va a prosperar su denuncia y que el proceso probatorio ante los policías resultaría desagradable e infructuoso. Este libro me ha planteado en diversos momentos la importancia de la autoestima: el hecho de saberse infravalorados y cosificados, hace que ellos mismos se estigmaticen y se priven de sus propios derechos.

Hay además otros asuntos que siempre me han hecho pensar. Por una parte, cuánta doble moral existe respecto de los trabajadores sexuales… Desde el mayor de los secretos y con la máxima discreción, se recurre a ellos. Mediante sus servicios se obtiene placer, diversión, se cumplen fantasías, se experimenta, se obtiene compañía en horas de jolgorio… Sin embargo, en el fondo, casi siempre se les trata como a objetos. Pocos disciernen que lo que se compra es su tiempo, y piensan que son de su propiedad y que pueden hacer con ellos lo que se les ocurra, a veces, por la fuerza…

Unida a la agresión sexual, al dolor físico que conlleva y a la humillación y al asco, se suma lo que yo considero una agravante: el haber realizado la penetración sin preservativo. Ello añadió, como bien apunta la víctima, la preocupación de haberse podido infectar. Ojiplática vivo desde que supe de la moda del barebacking (sexo sin preservativo o “a pelo”). Sin dudarlo, y para que flipen conmigo, copio de la madre wikipedia unas cuantas palabras:

Raw sex: “sexo piel a piel” (skin to skin) es otro término empleado para designar al bareback.

Barebacking parties: Reuniones de sexo en grupo donde no se permite el uso de preservativos. Aquí podemos encontrar dos tipos:

All positive barebackingparties, todos son seropositivos.

All negative barebacking parties, todos son seronegativos.

Bug chasers: Aquellos que buscan ser infectados con VIH

Gift givers: Personas seropositivas que desean infectar a un bug chaser.

Pasarse el bichito: En la traducción de bug por bichito al referirse al virus del sida.

Conversion parties: Reuniones de sexo grupal en las que los bug chasers buscan ser infectados por los gift givers.

Russian roulette parties: Fiestas que reúnen a personas seropositivas y seronegativas. Equiparables a una ruleta rusa, donde los negativos corren riesgo de infección durante las prácticas sexuales.

Fuck of death: Acto sexual durante el cual se produce la infección por VIH.

Les dejo y me quedo tratando de aplicar el consejo de la madre de Ricky Martin: hay que bailar.