Reflexiones playeras ajenas

Copio, sí, sí, he dicho copio, el texto de mi amigo Eduardo que, en vez de dedicarse a escribir, prefiere montar exitosas tiendas de camisas. Lo ha debido teclear en su propio teléfono, tostándose al sol, porque quien puede y va sobrado, regurgita estas cosas sin despeinarse. Y como creo que es maravilloso, yo voy y sin pedirle permiso, lo comparto con ustedes.

 

Reflexiones playeras: La Playa del Maspalomas parece Cocoon.

Resulta extraño ver gente tan mayor en el ambiente. La edad es un tema tabú que sólo se confiesa ante los íntimos. En los perfiles siempre hay una corrección estándar de cinco años. Cinco menos, claro. Las maricas no cumplen nunca 40. Cuando se acerca el momento, inmediatamente pasan a restar cinco a su edad real. Por efecto dominó, un tío de 37 pasa inmediatamente a publicar 32. Por debajo de 27 no hay corrección, siempre con la esperanza de que pregunten, pero ¿años o centímetros? Ninguno osa poner 28, porque ahí todo el mundo da por hecho que son años, como si el límite de la fantasía estuviera en los 27 centímetros, en un país en que el pene medio mide 13,58 y el 80% oscila entre los 10 y los 18.

A partir de los 45 años, las apariciones públicas se espacian en el tiempo, e intuyo que la vida social se limita a círculos más íntimos. A partir de los 50 o se tiene un físico impresionante para seguir saliendo, o mucha personalidad para acallar las críticas.

Es el momento de afianzar las parejas y el círculo de amigos. Y comprarse perro. Se puede saber cuánto lleva una pareja por la raza de perro que estaba de moda cuando decidieron formar una familia. Los hay del año del Carlino, del Jack Russell, o del Bulldog Francés, por ejemplo. Cancanear ayuda a salir de casa cuando el ambiente está cargado. Y con suerte subirle un regalito al marido o dejar los calores en casa ajena.

El tiempo pasado juntos va mezclando los armarios y así terminan por clonarse (ocurre también con los matrimonios heterosexuales). Cada uno se ajamona o se amojama según le dicta su naturaleza. Son los años de la tranquilidad. Llega el momento de tomarse una cerveza serenamente en la playa, mientras se mira de reojo a los padres jóvenes que han conseguido adoptar.

Los padres homosexuales llevan a sus hijos a la playa para educarles en la tolerancia y de paso lucir sus sonrisas perfectas de dientes blanqueados, sus torsos fibrados, su peinado con raya al lado y una vida de primeras páginas del Hola. Si no eres una pareja de catálogo, tipo los embajadores de Estados Unidos, ni te planteas la adopción, como mucho hacerle un hijo a tu amiga bollo de toda la vida y esperar que la cadena de montaje de coches donde trabaja su chica no se traslade a Rumanía para abaratar costes.

Una vez se pasa esa barrera, da igual tener 60 que 90, te vuelves invisible por mucha camiseta de tirantes que luzcas y por más corto que sea el mini-short.

Sí, la Playa de Maspalomas parece a ratos Cocoon, a ratos un episodio de Mujeres desesperadas y al caer el sol, todos nos recogemos y nos dirigimos hacia el faro como una caravana de caminantes de The Walking Dead.