Ley de Einstein (la otra)

- Gracias a ti estoy en tan espléndida forma -dijo.

- ¿Por qué?

- ¿No estás enterado de la Ley de Einstein? El placer se convierte en energía.

Detecté esta formulación tan sui generis como maravillosa en un fragmento de uno de mis libros de cabecera “En brazos de la mujer madura“, no me lo he inventado… Y si no fuera porque me da pudor hablar de mi vida, les daría explicaciones… Les aseguro que es cierto. Amén de que el orgasmo regula el ciclo menstrual, tonifica el suelo pélvico o de que practicando sexo se ejercitan los músculos (lo de que adelgace per se es otro mito), y se active la circulación sanguínea, las endorfinas que se liberan con el orgasmo eliminan los estados de tristeza y mejoran las “depres”,… De ahí que tras una maratón de empotramiento instensivo te levantes resplandeciente a pesar de no haber pegado ojo… Hasta el punto de que he acuñado mi propia teoría que, obviamente, ningún cirujano quiere que divulgue: “el sexo es mejor que el bótox”.

Ya hace años que cito constante y conscientemente una frase que soltó la gran malísima, pero incuestionable maestra y fuente de inspiración, Alexis Carrington Colby: “una mujer tiene la edad del hombre que la abraza“. La ley de Einstein y esta frase no dejan de ser verdades tan absolutas como complementarias entre sí. Yo creo que lo importante, sin lugar a dudas, es que la abracen a una. Y desde luego, me consta que el hecho de que tu pareja tenga menos años son todo ventajas para ambas partes; y me voy a refrenar para no añadir aquí, por pura inercia, la archiconsabida lista de famosas de Hollywood que han tenido o tienen un novio cachas veinte añitos más joven… Hay más de una gran verdad de fondo respecto de la compatibilidad de estas parejas que suelen recibir críticas y adjetivos peyorativos a mansalva. Por ignorancia. Bueno, y por machismo.

El hecho de que no se busque como objetivo el matrimonio permite que si alguien te atrae, intentes una relación, “a ver qué pasa”. Otras veces, sucede por puro descarte: ya hablé aquí del drama que supone comprobar que los de treinta y muchos y los de cuarenta y tantos y los más mayores, se dedican a tirarse a adolescentes y a veinteañeras por pura pose, en una desenfrenada huída hacia adelante; por ello, comprendes que, o te lías con vejestorios o aceptas “niñato” como animal de compañía… Además, ahora la independencia económica y el posicionamiento social y laboral de las mujeres, abre la posibilidad de que te permitas estar con quien te atrae (si eres de las que no busca que las mantenga un señor, claro) y pasar del que “te conviene” pero te mata de aburrimiento y/o de asco. Hay además un par de aspectos que pueden hallarse latentes: uno es el ejercicio del control de la relación; el hecho de saber más, de haber vivido más, y de tener más experiencia, etc, te posiciona en la pareja con relativo poder. Otro asunto subyacente sería la negación del paso del tiempo (se da por igual entre los señores que no asumen que envejecen). Iniciar una relación con alguien diez años más joven te insufla una vitalidad y una energía que te rejuvenece (cito de nuevo a Joan Collins y apunto con la sutileza que me caracteriza el resumen de una charla reciente con una aminemiga: “no cambio yo el rendimiento de un maromo en edad de merecer por una charla interesante -hasta que deja de serlo- con un impotente de cuarenta o de cincuenta”).

La cruda realidad es que algunos hombres jóvenes rechazan ser el toy boy de una mujer. Sin embargo, la buena noticia es que son la minoría. Rescato un párrafo del mismo libro, con una reflexión del protagonista.

Durante aquel tiempo, tuve aventuras con unas cuantas chicas de mi edad que me enseñaron que, por inteligente y cariñosa que sea una muchacha, a los veinte años no puede saber ni la mitad que a los treinta y cinco. [...]”

Es más que una leyenda urbana que los hombres a partir de cierta edad relativamente temprana (imposible negarlo y, por tristísimo que suene, esto sucede a los 30), empiezan a perder “fuelle” y su desempeño sexual se puede resentir. Quien no me crea, que consulte las estadísticas acerca de cuál es la droga de moda los sábados noche (y quien dice sábado, dice también lunes…). Me refiero tanto a cuestiones físicas (la capacidad erectiva y de control eyaculatorio, la duración del periodo refractario, …) como a aspectos mentales (la dosis de estímulo que precisan para acometer la gesta, la falta de interés por el sexo…) Sin embargo, sucede lo contrario con las mujeres, cuya plenitud sexual llega a los 50. Y ello se explica tanto desde el punto de vista psicológico (la vida, a base de hostias, ya ha cumplido su objetivo de desmitificarlo todo, todito todo: a las parejas, a los trabajos, a la familia, a los amigos, a los viajes y, especialmente, a las creencias decimonónicas acerca de la pureza, la castidad, la contención, etc, permitiendo a cada una entender que… carpe diem! y que debe disfrutar de su cuerpo serrano como le plazca… si es que puede). Además, desde el punto de vista físico, aunque se detecten algunas huellas del paso del tiempo, el organismo femenino sexualmente se halla en pleno apogeo, pudiendo disfrutar sin tapujos de sus propias eyaculaciones y de su multiorgasmia. Ahora procede eso de “da gusto cumplir años”… Ya, seguro; igualito que el “me encanta ser mujer” que inventaron para vender compresas.