Age matters also

No ha sido un chupito de ese milagro antigrasa que se llama KH7 -y que por cierto, ya les aseguro yo que no soluciona la celulitis ni destruye los nódulos de las cartucheras, ni vaporizándolo directamente sobre zonas rebeldes…-, sino un comentario, lo que me ha revuelto por dentro. Estaba en un restaurante, y provenía de la mesa de al lado. Era acerca de Jennifer López. Con desprecio (intoxicado de pura envidia, obviamente), una fea -y rancia y desinformada y presumiblemente falta de legitimación para opinar- criticaba que el novio actual de la cantante tuviera unos veinte o veintidós años mientras que ella, JLo, tiene 46, me parece.

Stephen Vizinczey nos proporciona un impagable fragmento que retrata con precisión microscópica, creo, las relaciones Cougar. En esencia, existe una pasión insuperable, una cómoda simplicidad que va de la mano de una tolerada dosis frustración…

<<El recuerdo de mis infructuosos esfuerzos me paralizó y, durante largos minutos, me sentí desvalido y asustado. Como si intuyera lo que me pasaba, Maya siguió acariciándome la espalda con sus dedos cálidos hasta que recuperé la erección.

Ella me guió en su cuerpo y, una vez dentro, me sentí tan feliz que no me atrevía a moverme por miedo a estropearlo todo. Al cabo de un rato, ella me dio un beso en la oreja y susurró:

– Me parece que voy a menearme un poco.

En cuanto empezó a moverse, descargué. Maya me dio un apasionado abrazo, como si mi actuación hubiera sido lo más fabuloso que había visto en su vida. Envalentonado por su aprobación, le pregunté por qué no parecía importarle la diferencia de edad.

– Soy una pécora egoísta -confesó-. Lo único que me importa es mi propia satisfacción.

Y seguimos haciendo el amor, mientras se apagaba el sol y llegaba la oscuridad. No he aprendido mucho desde aquellas horas en que el tiempo parecía haberse detenido: Maya estuvo enseñándome todo lo que hay que aprender. Pero “enseñar” no es la palabra: ella, sencillamente, se complacía a sí misma y me complacía a mí, y yo iba descubriendo nuevos territorios sin percatarme de que iba perdiendo mi ignorancia. Ella se deleitaba en todos los movimientos, o, simplemente, con tocar mis huesos y mi carne. Maya no era de esas mujeres para las que el orgasmo es la única recompensa por una actividad pesada: hacer el amor con ella era consumar una unión, no la masturbación interna de dos desconocidos en una misma cama. […]

Cuando volví a casa de Maya, cenamos y volvimos a la cama, sólo para sentirnos el uno al otro y charlar. Naturalmente, le dije que la quería -y la quería, y aún la quiero-, y le pregunté si ella me quería a mí.

– Sí, te quiero -dijo muy seria-. Pero ya verás cómo el amor no dura y que es posible querer a más de una persona al mismo tiempo.

– ¿Es que tienes a otro?

– Bueno, tengo a mi marido -dijo ella con los ojos muy abiertos-. Pero eso no tiene por qué preocuparte. Esa idea de que sólo se puede querer a una persona es lo que confunde a la mayoría de la gente.

Me dijo que le hubiera gustado tener hijos y que estaba buscando un empleo de maestra.

– ¿Cuándo?

– Más adelante, cuando tú me dejes.

Volvimos a hacer el amor, y lo hicimos otra vez antes de que fuera la hora de levantarme para ir a la escuela.>>*

 

Ejemplos como el de la artista encuentro varios, sin esforzarme demasiado (y hoy tampoco voy a contarles mi vida para ilustrar este post, que bien podría…). Que si Madonna y sus últimos novios (Jesús Luz, we will always love you…), que si Demi More cuando estuvo con Ashton Kutcher, que si la Duquesa de Alba con…

Me niego a iniciar un peregrinaje por todos conocido y por las revistas femeninas revuelto sin grandes aportaciones: que si la edad no importa, que si… Pamplinas. Le duela quien le duela, si “size matters” -y matters mucho-, “Age matters also“. Porque si la plenitud sexual de unas sucede a partir de los 35, la de ellos llega a los 19-20; luego, todo es ir cuesta abajo…

Me permito copiar aquí mismo un estudio muy reciente acerca de la diferencia de edad:

Dicen que para el amor no hay edad. Sin embargo, una encuesta realizada a 2.000 personas dice que sí la hay.

El sondeo realizado por la compañía de seguros británico Confused.com, determinó que la diferencia de edad perfecta en una relación de pareja es de 4 años y 4 meses, siendo el hombre mayor.

En tanto, un 33% de las mujeres señaló que no le importaría que su pareja fuese hasta 7 años mayor, mientras sólo 1 de cada 100 dijo que quería un hombre más joven.

A pesar de que la mayoría de las mujeres creen que el hombre tiene que ser mayor que ella, se permiten juzgar a otras féminas que mantienen una relación con alguien mucho mayor.

Por ejemplo, más de un tercio cree que si una mujer está saliendo con un hombre mucho mayor, debe ser porque éste es muy rico, mientras el 18% piensa que la relación no va a durar.

Además, una cuarta parte de las mujeres dijeron que si veían a una mujer joven con un hombre mucho mayor, inmediatamente pensaban que era una interesada.

Por otro lado, varias mujeres admitieron que son financieramente más dependientes. Un 55% dijo que no podía permitirse el lujo de pagar un arriendo o un dividendo por su cuenta, mientras sólo un 24% de los hombres dijo lo mismo.

De hecho, la estabilidad económica fue una de las razones por las que las mujeres dijeron que preferían inclinarse por alguien mayor que ellas. Otras razones señaladas fueron, el aprender una perspectiva diferente o contagiar su juventud a alguien con más años.

No me nieguen que, antes de terminar de leerlo, ya intuyen ustedes que, si hablamos de dinero y de intereses crematísticos, entonces el hombre sí debe ser mayor. Pero si hablamos de pasión, o estamos ante una mujer capaz de pagarse solita sus facturas, entonces, mejor uno que funcione. Eso sí: antes de ponerte a pulir como una loca, asegúrate de que es un diamante… De nada.

 

*Fragmento de la novela “En brazos de la mujer madura”.