Leyendo, leyendo

Leyendo, leyendo, además de aprender que si voy a Dubai y sufro un delito de violación, en vez de denunciar al violador, mejor le apuñalo o le disparo, y me largo de allí, para evitar que, encima de drogarme, de molerme a palos y de violarme, estos bestias tercermundistas y machistas me metan en la cárcel (aunque luego me saquen) he localizado varios potingues, como la burundanga, el Rohypnol y el betel.

Sobre la burundanga hablábamos, precisamente, anoche en una cena. A uno de mis amigos, con casi total seguridad, le robaron usando una droga como ésta. Fue hace pocos días. Sucedió en un bar… Él creyó que había ligado, y que se iba con los dos chulazos a casa, con la mala suerte de que antes de salir del local, ya debieron haberle echado algo en la bebida. Decía que veía borroso, que se la iba la cabeza, que estaba mareado… Se fue con ambos pero, como se sentía mal, casi al llegar a su portal, quiso dejarlo. Al decirles que había cambiado de idea, se pusieron violentos, le empujaron. Mientras uno le quitaba el móvil y le inmovilizaba, el otro le vaciaba los bolsillos y le robaba el dinero…

Hay mucha leyenda urbana y cierta información no muy clara en las redes sociales sobre la burundanga. A través de una noticia relativamente reciente, se dio a conocer esta sustancia, empleada por un violador en serie, que actuaba, cerca de mi casa y que violaba a las mujeres que le contrataban como curandero o vidente.

Una leyenda urbana, considerada falsa, asegura que la burundanga se administra impregnada en una tarjeta de visita o un folleto o catálogo comercial que, aparentemente con “inocencia”, alguien en un bar, o un profesional, nos facilita. Al tocarla, la burundanga entra en contacto con nuestras manos y hace su efecto anestésico: tras el mareo y/o las náuseas, perdemos la conciencia, lo que deja expedita la vía para el robo, la violación o el asesinato.

Los análisis y pruebas médicas realizadas con la burundanga descartan la teoría de las tarjetas de visita/folletos como modo de suministrar esta droga, puesto que para que sea efectiva, ha de inhalarse o ingerirse. Para que surta efecto por la vía tópica, entonces se ha permanecer en contacto con la sustancia de modo prolongado.

La burundanga es inodora e insípida, lo que complica su detección si, por ejemplo, se echa en una bebida durante un descuido o a escondidas. Los efectos que provoca son los asociados al delirio: pérdida de conciencia, fallos de memoria, desorientación y alucinaciones.

Hay una droga de farmacia equivalente, el Rohypnol, que se utiliza como sedante quirúrgico, ya que es un potentísimo anestésico y altamente adictivo. Se considera la droga de la violación por excelencia, la que utilizan para echártela en una copa y…

Al cabo del rato, hablábamos sobre “cuernos”… Y salió el “betel“; no salió, sino que lo mencioné yo. Es una palabra que acabo de aprender. Aparece en un libro, cuyo contexto es la Camboya colonizada por Francia en el s.XIX, que aún no he terminado. Se titula “Quinientas mujeres para un hombre“. Cuando en el texto se mencionó la palabra, procedí a archivarla en la mente como “truco que evita el adulterio”… Se trata de una planta trepadora, típica del Sur y del Sudeste asiático. Por lo visto, se consume más habitualmente en Extremo-Oriente que en Europa el tabaco. Hombres, mujeres y hasta niños, mascan continuamente su hoja untada de cal viva y mezclada con fragmentos de nuez de arenque. ¿Qué placer puede producir esta masticación? Además de euforizante, los indígenas la encuentran agradable y hasta útil; les procura salivación abundante, calma la sed, conserva los dientes y facilita la digestión. Quizá sea así. Pero, según razona el propio texto: <<al lado de todas esas ventajas íntimas y personales, ¡qué repugnancia para el europeo, cuando ve abrirse esas grandes bocas pintadas de rojo, encuadradas en labios deformados por la acción de la cal! Y aun pase, si los dientes fuesen solo rojos, pero los dandys cambodgianos y muchas mujeres a la moda se sirven de un barniz negro especial, y nos enseñan unos dientes del más puro color de ébano. Nuestra repulsión es entonces invencible, lo saben los indígenas>>. Por ello, explica más adelante: <<los maridos celosos obligan a sus mujeres a masticar betel y a barnizarse los dientes para preservarlas de las audacias francesas. En París, ¡qué revolución si los maridos intentasen emplear tales procedimientos, a fin de asegurarse a fidelidad de sus esposas!>>.

Y leyendo, leyendo, esta vez una revista digital, rescato un párrafo soberbio, del artículo: “Un perro no es un niño”. No es de sexo, avisados quedan.

<<La queja completa suele ser esta: “Qué horror. ¿Sabes lo que me molesta muchísimo? Cuando Fulanita compara a su perro con mi hijo. O cuando Menganita llama al suyo ‘mi bebé’. ¡Un perro no es un niño! ¡No tienen ni idea!”

La verdad es que, a no ser que Fulanita sea alguien con auténticos problemas psicológicos, estoy seguro de que sabe a la perfección que su perro no es un niño. Sabe que tener un perro no es como tener un niño. Lo que está diciendo es: “¡Estoy feliz! Tengo en mi vida a un ser que hace caca y me proporciona alegrías”.

Esa persona está intentando buscar algo en común contigo, con esa vida en la no paras de hablar de sus hijos. Sé que es difícil entenderse de verdad cuando tienes hijos y tus amigos no. Las estrechas relaciones de otro tiempo pueden convertirse en reuniones esporádicas en las que hacemos todo lo posible para ponernos al día sobre la vida de alguien con quien ya tenemos muy poco de que hablar. En la universidad éramos amigos íntimos, pero ahora tenemos vidas muy diferentes. Así que, cuando Fulanita hace un intento casual y tal vez torpe de identificarse con tu historia de tener que limpiarse caca de bebé del flequillo y la compara con la de tener que limpiar la caca del perro de la alfombra, no hay que tomárselo mal. Solo quiere ser simpática. Y volver a ser amiga suya.>>