Orgullo (?)

Como suele decirse, cada cual cuenta la feria como le va en ella. Y yo quiero dar mi versión. En vez de Orgullo Gay por mí puede llamarse Vergüenza Gay, o Desorganización Gay… El PP tiene tanta homofobia que no logra dismular su animadversión a la hora de gestionar adecuadamente un evento que trae a la capital a dos millones de homo-gastantes: hoteles, restaurantes, bares y discotecas; aviones, taxis y transporte público; tiendas de moda y complementos; museos y galerías… Pocos sectores de la economía son ajenos a experimentar un pico de consumo gracias a la afluencia de turistas y visitantes. Los demás países son conscientes de la inyección económica que implica que sus ciudades se conviertan en la sede de los Pride, Parade, etc., y actúan en consecuencia; y aquí… como si nos sobrara. Me parece mal que se mime más a las hordas de fans de Susa que no trajeron un duro; que molestaron como si fueran termitas con esas mochilitas, esas banderitas y oliendo a sobaco y a pies; que coparon la ciudad saturando los servicios de transporte público casi gratis y que lo único que gastaron fueron suelas y nuestros recursos públicos (sí, los que salen de mi bolsillo cuando cada año Hacienda llama a mi puerta)…

Y por lo que les toca a los cuatro empresarios hosteleros del colectivo, pues bien que barriendo p’a casa, p’a las fiestas de pago en macro-discotecones, han vaciado de contenido el evento, convirtiendo la parte pública y visible de este último Orgullo en patético. Me voy a ceñir a un único dato, para mí muy ejemplificativo: el año pasado trajeron al mundialmente famoso deejay Bob Sinclar (tengo hasta una foto con él cuando acababa su sesión gratuita en una Plaza de España atestada y vebrante). Y este año tenemos a Paquirrín en la Plaza de Callao. Seguro que no hay diferencia…

Quienes asistieron al desfile, que no ha recorrido la Gran Vía hasta la Plaza de España como siempre, se quejan de la lentitud y de la cantidad de tiempo que tardaron en pasar las carrozas. Del calor insoportable, de que el recorrido era sin tramos de sombra, sin ventanas desde las que recibir “baños” y sin bares o establecimientos donde comprar refrescos. Esos días Chueca ha sido un patético espejismo de lo que otrora fue durante el Orgullo: una decepcionante aglomeración de gente fea, de familias completas (abuelos, niños…) venidas desde el pueblo, grupos de heteros poligoneros haciendo botellón… No es por nada pero para ese target ya está la Verbena de la Paloma. La Plaza de la Independencia era una réplica de ese momento que al Gobierno le gustó tanto como fue la ocupación de la Puerta del Sol por los indignados sólo que, en el Orgullo, con lo que te topabas eran pseudopijitos borrachos, paletos borrachos, perroflautas borrachos y una docena de gays llegados de provincias que no se habían enterado de que allí no pegaban… Una concentración humana carente de interés y con instantes desagradables de frotamiento “accidental” con gente que te da mucho asco…

Aprovecho para explicar que el Frotteurismo es una parafilia que describe la excitación sexual, exclusiva o preferente, a través del frotamiento con extraños. Se practica aprovechando tumultos, manifestaciones, encuentros deportivos, la cola del cine o los momentos en que el Metro va atestado de viajeros. Implica el roce intencionado con otras personas sin su consentimiento y sin la participación activa de éstas. Suelen practicarla predominantemente hombres, de perfil pasivo, inseguro.

Sean malos.