Sexo oral y verbal

Recientemente, a raíz de la repercusión mediática que alcanzaron las declaraciones del actor Michael Douglas, donde admitía que el  cunnilingus era el origen de su cáncer de garganta, abordé el asunto del peligro que puede entrañar realizar cualquiera de las prácticas de sexo oral.

Aprovecho para incidir e insistir: ojo con el sexo oral sin protección porque aunque la saliva tiene una alta capacidad antivírica, y las encías cuentan con protección, el VIH sí se transmite a través de las amígdalas, cuya función es prevenir y eliminar las infecciones del organismo; por ello, pueden ser la vía de acceso para el virus (según American Journal of Pathology) si se está en contacto con semen, líquido preseminal o fluidos infectados.

Seguramente añadiré información acerca del sexo oral en otra ocasión, porque queda mucha plancha… Sin embargo, hoy voy a divagar por derroteros colindantes. Sexo oral no es lo mismo que sexo “verbal”. Charlar sobre sexo no es propiamente “sexo” y sin embargo es indiscutible el enorme morbo que suscita explicar las fantasías o las batallitas erótico-festivas a alguien -sea este alguien una persona que te atrae o que, a priori, sólo es un amigo o un conocido que no te gusta, que te resulta indiferente pero que, tras esa conversación, quizá te empiece a interesar o cambies la manera de mirarle…-. Mientras este tipo de conversaciones “de hombres” o “de mujeres” son habituales y en ellas, entre amigos/as, se cuentan cada detalle para ponerse brutos y divertirse, entre personas potencialmente afines en el plano sexual, se siembra el germen de algo más: multitud de relaciones surgen por haber compartido secretos de alcoba, detalles sobre experiencias sexuales vividas o deseos eróticos por cumplir. La razón es que participamos en una overdose de insinuación, de descripciones tórridas y sinceras, sea empleando un lenguaje más o menos sucio o comedido; el efecto de ello es que el sexo se instala en nuestra mente, ésta se erotiza durante la conversación y por lo tanto, nos sube la libido… Nos sumergimos en una charla donde nos permitimos desvelar nuestros sueños húmedos y que estos sean conocidos por alguien que sólo escucha, que no está ahí para vivirlos con nosotros… No resulta nada infrecuente que nos excitemos hablando de sexo, de cómo lo hacemos, de lo que nos gusta que nos hagan… y terminemos haciéndolo con esa persona que, en principio, sólo era alguien con quien charlabas… Sensu contrario, es habitual emplear la frase “ahórrate los detalles”, precisamente para frenar la erotización de una conversación porque, ponerse en modo calenturiento con ese interlocutor o en ese instante, no procede.

Dentro del fascinante mundo de las parafilias, creo que hay una que en cierto modo, conecta con este tema. La narratofilia describe una clase de fijación sexual por la que una persona sólo se excita al escuchar o narrar historias eróticas.

La narratofilia (de narrato-narración y filia-amor por) pertenecen a este grupo las personas que consiguen su excitación sexual y alcanzan el orgasmo sólo: hablando de las excelencias de su desempeño sexual, de su vida sexual, de la calidad y hechuras de sus genitales, contando chistes subidos de tono, leyendo relatos eróticos, o novelas de contenido sexual al compañero/a de cama. Pertenecen a este grupo también los que necesitan para excitarse y alcanzar el orgasmo ir avanzando la jugada a la pareja durante la relación sexual. (Fuente 20minutos).

Siendo muy entretenido y excitante el que te cuenten/pidan que relates, si el placer sólo se logra de este modo, no deja de ser un bloqueo y un condicionante que impide en normal desarrollo de la sexualidad.

Prácticas parafílicas aparte, cuando estas confidencias o lecturas eróticas se dirigen a la pareja como destinatario único y especial, son, probablemente, uno de los “trucos afrodisíacos” y recursos más enriquecedores y positivos para la relación.