Escote masculino

Érase una, otra, vez que las calles -quien dice calles dice redes sociales- me ponen a tiro a un, a otro, mancuernista con un canalillo casi tan potente como el mío, y no es una hipérbole. Rompiendo la tradición de que me engañen en “todo”, en esta ocasión y en lo que respecta a esos pectorales, la que suscribe se percata de la anomalía mientras se sirve la sacarina en el café recién servido, es decir, mucho antes de que él haya decidido si comparte o no su problema conmigo.

Amén de su alarde muscular (el mozo luce bíceps y tríceps a lo loco, mostrándolos permanentemente gracias a esa camiseta, y aprovecha cualquier instante para subírsela y que yo pueda ver esos abdominales, fatídicamente labrados en detrimento de cualquier actividad cerebral, como tuve la desgracia de verificar sólo un par de días después), detecto a simple vista que ese pecho “partío” va acompañado de un sospechoso abultamiento en la zona de los pezones… Y entonces, impido que continúe fantaseando con la idea de que soy alta y rubia, que es como él me ve, por supuesto, y le espeto que para escribir mi tercer libro estuve casi dos años y medio metida en clínicas, leyendo sobre medicina, entrevistando a cirujanos y a pacientes de estética y que su caso ya he tenido oportunidad de analizarlo (en mi cama, también). Y sin andarme por las ramas le pregunto si necesita hacerse una ginecomastia. El guapérrimo asiente, y me empieza a explicar que la sensibilidad le había cambiado, que le dolían cuando se las estrujaban (antes de, aguantaba perfectamente el mismo grado de presión)… Su problema es, precisamente, que le han salido mamas. Sí. Este pedazo de macho tiene pechos. Bueno, le ha salido más uno que otro, me comenta…

A muchos “cachas” les sucede. La culpa es de ciclarse a lo loco y acaban teniendo que operarse. Mi particular opinión acerca del asunto se resume en que los culturistas y adictos a la mancuerna hacen un pan como unas hostias, el mismo que hago yo perdiendo mi tiempo con ellos.

Ginecomastia

Es una alteración mamaria que se presenta en los varones. Se trata de un engrandecimiento y desarrollo en sus glándulas mamarias. Obviamente es anómalo y patológico y, aunque se considera “benigna” en la mayoría de los casos, tiene implicaciones físicas y psicológicas. Puede suceder durante la pubertad o como parte del envejecimiento. Cabe que se produzca la ginecomastia por cambios en el balance de dos hormonas: los estrógenos y la testosterona. En casos raros la ginecomastia es ocasionada por medicamentos (sean o no prescritos), por drogas, por tumores o por una enfermedad. Puede aparecer en un lado o en ambos (bilateral) y en algunos casos se observa galactorrea, que es la secreción de un flujo blanquecino por el pezón. Cuando el aumento se debe sólo al depósito de grasa subcutánea, se habla de pseudo-ginecomastia. Si el problema no se soluciona dejando de tomar el medicamento o droga que está ocasionando la ginecomastia o cuando está causada por una enfermedad o un tumor, procede el tratamiento y en ocasiones puede ser necesaria la cirugía para remover el exceso de tejido mamario. El tratamiento consiste en la extirpación de la glándula a través de un pequeño corte en la areola cuando es una ginecomastia verdadera (con glándula mamaria) o bien eliminar la grasa con lipoescultura. Normalmente se realiza una combinación de ambas técnicas, con anestesia local y sedación y de forma ambulatoria, es decir, sin hospitalización. Cuesta entre 3.500 y 3.600 euros.