La culpa la tienen los padres que las visten como…

Algunas frases de las películas cobran tal peso dentro del guión que se alcanzan status de refrán o de muletilla dentro de un idioma. Tal es el caso de “La culpa la tienen los padres que las visten como putas“, que decía Torrente, el personaje encarnado por Santiago Segura. Por lamentable que me parezca la saga, como soy muy capaz de utilizar esos “otros” principios que tengo siempre dispuestos en la manga, hoy me sirvo de ella para plantear uno de los más escalofriantes delitos que se cometen: el tráfico y explotación sexual de menores. Reflexioné sobre ello gracias a la biografía de Ricky Martin, que explica la acción que lleva a cabo desde su ong, precisamente respecto de esta causa.

Amén -nunca mejor dicho- de los casos asociados a obispos y a otros cargos de la Iglesia, denunciados recientemente, invito a reflexionar acerca de algo que yo no me había planteado hasta hace poco: las zonas de conflicto y los países donde suceden desastres naturales, son el paraíso para los depredadores sexuales. Niños y niñas que lo han perdido todo, incluso a sus familiares, quedan desprotegidos y abandonados, a merced de estos traficantes.

Pedofilia es un término que se emplea lo mismo que paidofilia (en griego páis-paidós, significa “niño” o “muchacho” y “filia” “amistad”, “gusto por”, “amor”). En sentido estricto consiste en la atracción sexual primaria hacia un niño o niña, aunque no se lleve a cabo ningún acto sexual. Sin embargo, y pese a que “pedófilo” no es un término jurídico, el uso de esta palabra se ha generalizado. Abarca desde personas que sienten el deseo sexual por un menor (puramente secreto y sin consecuencia), a casos de consumo y producción de pornografía infantil. En este sentido, hay que matizar: será delito cuando se utilice a menores, pero en la industria del cine X se trata de un género pornográfico como otro cualquiera cuya especialidad es que incluye a actrices con un aspecto aniñado: están planas, sin curvas, y aparentan ser menores -siendo adultas- para disfrute de aficionados a esta estética; las visten como colegialas, como animadoras, etc. Se denomina «loli-con» o “complejo de Lolita”.

Cuando se trata de atracción por muchachos, por chicos adolescentes, se denomina efebofilia, y el porno, por supuesto, también se hace eco en los mismos términos. Ambos conceptos se relacionan pero no son lo mismo que la pedofilia ni que la explotación sexual de menores (cuando se trafica con niños y niñas para prostituirlos) o que el abuso sexual infantil (cuando, bien aprovechando situación de proximidad -son familiares, profesores, vecinos, etc.- imponen al niño actos de carácter sexual, bien por la fuerza y bajo amenaza, bien manipulándoles y engañándoles… Se conocen casos en que se involucra incluso a bebés).

La OMS no fija una edad: habla de adolescencia como el periodo comprendido entre los 10 y los 20 años. La legislación de cada país define concretamente la mayoría de edad y prevé incluso excepciones y casos especiales en que ésta se rebaja para determinados actos jurídicos. Las relaciones con menores de edad son ilegales por la sencilla razón de que participar en una relación sexual ha de ser una decisión libre y consciente, y para tomarla y dar un consentimiento válido, hay que tener capacidad. Un menor no tiene tal capacidad –y aunque lo aparente, siempre puede subyacer, como decía antes, de una manipulación, una amenaza, una coacción, una necesidad económica, etc.-. El perfil de un pedófilo se ve mucho en el cine: maniáticos, raros, pervertidos, baja autoestima, cargados de rabia e inadaptados. La clave para detectar este tipo de casos muchas veces, reside en observar la conducta de los niños, o incluso, señales físicas en su cuerpo. Normalmente, suelen ocultarlo porque parte de la manipulación incluye que todo permanezca en secreto, o convencerles de que constituye un juego que nadie más puede saber…

Los abusos sexuales de menores son una de las causas de infelicidad más frecuentes, aparte de provocar graves problemas y traumas sexuales en la edad adulta –rechazo, bloqueo, miedo, anorgasmia, vaginismo, etc.-. Las víctimas requieren terapia especializada para superarlo y para borrar esa errónea conciencia de culpabilidad que muchas sienten.

Se calcula que entre un 10 y un 20% de niños ha sido objeto de algún tipo de abuso. En los criterios de DSM-IV se considera niño a todo menor de 13 años y los potenciales abusadores han de tener al menos 5 años más. Su perfil demuestra baja autoestima, tendencia a la reincidencia y se estima que los pedófilos son en un 95% heterosexuales y en un 5% homosexuales.

*D.S.M.-IV. Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales. Barcelona. Masson. 1995.