Para torrijas estoy yo…

Les hablaría de mis vacaciones de Semana Santa. Han sido unos pocos días en la única zona de España donde hizo sol, acompañada de mujeres muy distintas con un común denominador: el de estar desnortadas por culpa de un tío, de un “ex”, cada cual el suyo… El “ex” inombrable, ése que ha estado ahí durante años, o durante tres noches, pero que provoca que mujeres divertidas y maravillosas lleven en los bolsos más drogas que los Miami (con receta, eso sí). De cosas así va mi próximo libro, En Un Bar de Dudas, del que ya les he ido avanzando algo. Les contaría que amén de cubatas y de ansiolíticos, hicimos turismo. El universo conspiró y nos regaló la Luna llena más hermosa que recuerdo, que salió del mar y nos prometió felicidad mientras nos abríamos en canal y lavábamos las penas en la orilla, escuchando flamenco en vivo, cubatas en mano. Hubo un día que llegamos hasta una cala atravesando kilómetros de monte (casi me da un infarto subiendo aquellos riscos… Yo soy más de coger un taxi que de sudar la gota gorda pisando un campo sin asfaltar…). Les hablaría de una montaña que muere asomada al mar, de rocas perfectamente cortadas por la marea, de arena blanca y fina que se te pega al cuerpo y que te hace brillar como ningún hombre sabe (agradecimientos a las partículas de cuarzo); y les contaría que me hice amiga del perro de unas lesbianas que iban sin depilar y que me vigilaban descaradamente mientras les enseñaba a mis amigas unas pocas asanas… Es sencillamente espectacular hacer yoga en semejante escenario, al caer el sol. Pero no les voy a hablar de eso, ni de las agujetas que tengo porque ayer se me ocurrió volver a las clases de baile contemporáneo en una academia de esas súper cool donde las cinco chonis que había, las Paulovas de Chueca, me miraban raro porque era nueva… Como me pagan por hablar de sexo, ahí voy; reconduciendo que es gerundio.

Sepan que para no dar asco en bañador, toca sufrir. U operarse y sufrir también. Podría utilizar eufemismos, como hacen las imbéciles que curran de redactoras en las revistas femeninas (sí, ésas que no me dan ni la hora porque no escribo para lerdas…). Podría copiar-pegar una dieta que te prohibe beber, comer y vivir en general. O sugerirles que practiquen vida sana -defina usated vida sana: ¿acaso lo es hartarse de café, permanecer bajo la luz artificial en un habitáculo enano respirando envidia mezclada con oxígeno enrarecido, madrugar más que Batman, pasarse la jornada rodeada de gente que te odia porque haces dos fotocopias menos y ganas cinco euros más, aguantar a una madre a quien todo lo que haces le parece poco, esperar la llamada/mensaje de un gilipollas que te vas a tirar o que ya te has tirado y no es lo que te vendía…? ¿Acaso eso es vida siquiera?-.

Sepan, queridos todos, que el consumo calórico de la actividad sexual no es como para sustituir el gimnasio. Circula en internet un listado de “acto practicado/calorías consumidas”: unas 10 por beso; 20 por abrazos; 250 por un ratito haciendo el misionero y hasta 500 por una acrobacia de las gordas… Salvo que tengan la misma suerte que yo a veces, por favor, no dejen las mancuernas. Se puede estar estupendamente a cualquier edad. La medicina puede ayudar a sobrellevar y reducir los efectos físicos que provoca la menopausia en la mujer (descalcificación y desajustes hormonales, etc.), pero lo más efectivo será el cambio un actitud hacia a la aceptación de que es una fase más, natural, y que sólo impide el embarazo, pero no afecta al deseo ni a la capacidad sexual. Parte de la culpa de este drama se la pueden atribuir las campañas de belleza que emplean a niñas de 14 años para anunciar los potingues antiarrugas destinados a las treintañeras, dejando como maduras aceptables sólo a iconos sexuales como Sharon Stone, o a unas Jean Fonda y Raquel Welch retocadas frame a frame con el inferno (un programa que relega el phosohop para quienes no disponen de presupuesto). ¡Eso no es la madurez, eso es Hollywood! Si sólo siendo así se es deseable, apaga y vámonos. Pretenden que la sexualidad –lo deseable- se asocie a culos de top models brasileñas adolescentes, provocando una sensación de impropiedad, de vergüenza y de rechazo hacia los cuerpos maduros. En fin, todo un error y todo un horror para mujeres que por su generación ya tuvieron que crecer con el convencimiento de que las palabras “vagina” o “clítoris” eran sucias, pecaminosas, pornográficas, impronunciables por una señorita (fíjense que incluso hoy, los correctores automáticos de word subrayan ambas como si fueran una errata).

En otro orden de cosas, y por si no escribo más para ustedes, les doy el truco de los trucos. Los movimientos de contracción y relajación de los músculos vaginales se pueden sincronizar no sólo con la respiración, sino con giros y movimientos de la pelvis. Será preciso ensayar en privado hasta integrar los desplazamientos con la capacidad de aprisionar el pene entre las paredes vaginales y, después, ponerlo en práctica con él. La danza del vientre es la manifestación artística de los movimientos que se pueden esperar de una mujer durante el acto sexual. Por ese motivo, los hombres latinos -me refiero a aquellos que saben bailar- son magníficos amantes… Lo ideal sería que las caderas (de ambos) ondularan libremente, sin control, sin miedo a descoyuntarse… Ésa es otra clave del éxito en la cama -y de los vídeos musicales de una que yo me sé…-. Que ninguna se crea la “súper-fémina-súper-activa” por haberse sentado encima de uno una vez. Si te arrodillas encima de él debes, como mínimo, complementar sus movimientos y variarlos, eso es ser activa. La idea debe quedar clara: si cargas todo tu peso sobre él limitarás sus movimientos igual que te pasa a ti cuando él se echa encima y no se acuerda de mantenerse a pulso. Participa de las embestidas: yendo hacia él, ajustándote con giros o resbalándote hacia delante y detrás o disminuyendo su potencia. Lo “denunciable” no es permanecer inmóvil puntualmente, sino que pueda definirse a una persona como pasiva, perezosa o inerte. Alguien que sólo recibe sin dar desequilibra el intercambio de energía en que se basa la relación sexual.

Yo prefiero comer torrijas pero…