El rey de la selva

El ser humano en su prepotencia pretende ser único. Sin embargo, más allá de que manejemos el ecosistema –y seamos tan eficaces destruyéndolo-, compartimos con el cerdo el diseño del corazón y con la rata el del cerebro (y no estoy leyendo el horóscopo chino de nadie… o sí, no lo sé).

Otra curiosidad animal: no somos los únicos que nos besamos en la boca. Los jabalíes lo hacen también, así como los bonobobos (una especie de mono que, por cierto, también copula de frente, como nosotros).

Podemos buscar en el reino animal una endeble excusa a la eyaculación precoz: el macho ha de hacerlo a toda prisa para no prolongar innecesariamente su vulnerabilidad. La cópula se produce en tiempo récord para evitar el ataque de otros animales mientras está “distraído”. Sería una estupenda coartada de base evolucionista… de no ser porque hace mucho que las personas no follamos en la jungla rodeados de depredadores.

Quien se acompleje sabiendo que el meriones crasus, un roedor del Norte de África, puede copular hasta 100 veces en una hora, que se consuele sabiendo que hay cosas peores… Los machos de ciertos tipos de arácnido y los de la mantis religiosa, mueren devorados por sus respectivas hembras durante o justo tras el acto. Mejor elegir bien a tu única amante, ¿no?

Por cierto, la industria de juguetes sexuales ha diseñado y está ya en fase de estudio de mercado el Hotdoll, un muñeco erótico para perros (se fabricará en dos tamaños, según sea de grande la mascota). Con todo lujo de detalles, han previsto un orificio rosa simulando el órgano sexual femenino, con un depósito de gel con fragancia que emula el olor de la hembra y propiedades desinfectantes, textura piel, patas antideslizantes).

Concluyo por hoy con un concepto que yo conozco de modo empírico, muy a mi pesar, por culpa de experimentar con el desastre y de lo mal que están las calles, pobladas de tarados. Hablo del que viene siendo “si te he visto no me acuerdo”. Sepan que no es sólo propio de los machos de la especie humana sino que en el mundo animal este comportamiento se da muy habitualmente. Hasta leer el libro “El sexo puede ser divertido”, del que ya he hablado aquí, no había encontrado su explicación científica ni su denominación técnica: se denomina deserción postcoital. Ganas me dan de imprimir camisetas con esas palabras.