Cuando tú vas, yo vengo

El inevitable “Cuando tú vas, yo vengo…”.

Que la excitación del él cada vez es menor y que la tuya aumenta según se asienta la relación, es un hecho. Otro asunto será mantener esa pasión, pero lo cierto es que según a ti te gusta más porque ganas en confianza, y cada ocasión te enriquece más porque te atreves a probar, a pedir, a relajarte, incluso te familiarizas con la multiorgasmia, a él, sin embargo, para estar tan excitado como las primeras veces, no le basta con mirarte. La familiaridad surte efectos opuestos sobre la pasión que experimenta cada género. Así de crudo es el tema.

Tirando de los recursos literarios, novelando un poco, en eso del primer encuentro, el hombre bien podría representar al Conde Drácula: para él, primer encuentro sexual con una mujer parece el mejor o, por lo menos, el más excitante. Le permite desarrollar su faceta depredadora, pero es que además, hace suya a la víctima y le cambia la vida, ejerce de conquistador, y algo fundamental: saborea sangre nueva…

Para nosotras, generalmente, el asunto es bien distinto. Es notorio que al hombre le pone la novedad mientras que el erotismo femenino parece potenciarse cuando alcanza un grado de complicidad mayor con su pareja. Por resumir: el primer polvo para él es el mejor, cuando para ella quizá lo sean los siguientes, a partir del segundo o del tercero… Téngase en cuenta.

Verdades sobre tu cuerpo

El cuerpo sigue a la mente. Si la activas, éste se pondrá alerta; si la relajas, él lo hará. Por lo mismo, si la erotizas todo tu cuerpo se predispondrá. Has de entrar en situación.

La piel es nuestro órgano más extenso y todo el cuerpo es una zona erógena. Ante semejantes evidencias, parándonos a pensarlo, nos desbordamos: se nos acumula el trabajo. Que no cunda el pánico: las manos, los brazos, la lengua, la pelvis, las piernas… al cabo de un rato se agotan y se entumecen. Sin embargo, a la lengua no le pasa. Sé consciente de que es tu músculo más potente y úsala para algo más productivo que hablar mal. Lo cual nos lleva a la siguiente gran verdad: ninguna mucosa debe acariciarse en seco y cualquier estimulación será más intensa si va lubricada.