Sexo instantáneo

Muchas relaciones se establecen para la estricta satisfacción de un impulso sexual acuciante y salvaje y, una vez logrado, nos dejan entre gastados o con la sensación de haber sido utilizados o convencidos de haber perdido el tiempo. Real como la vida misma. Sin embargo, no es menos cierto que los quickies, los one night stand o polvos esporádicos pueden ser increíbles. Las clases de idiomas debería cobrarlas aparte. Y hablando de clases, de cobrar y de apartes, hago uno y les cuento que me han contratado para hacer de coach (profesora, consultora) a un grupo de cachas que quieren dedicarse a cobrar por servicios sexuales a mujeres. Díganme si este giro de guión tiene desperdicio… Durante años entrevistando escorts, publicando sobre ello, sirven para algo. Para tener ahora un grupo de alumnos cachas  a mis disposición. Lo malo es que dispongo de sus números de teléfono. Y conozco sus tarifas. Ay, qué peligro si me da por no aburrirme un martes lluvioso cualquiera… Lo único que me tranquiliza es saber que todos tienen de veintitantos para arriba.

Como les decía a mis guapos alumnos (les pedí que me llamaran de usted…), si queremos disfrutar también del “aquí te pillo, aquí te mato” no debemos caer en el simplismo. Si es que, puestos a pecar, yo recomiendo pecar de todo menos de simple… Medie o no dinero, la química ha de crearse a base de cierta atracción física, por supuesto, pero para que esa chispa sea una hoguera, hemos de lograr complicidad y desarrollar comportamientos sensuales que transforman un polvo corriente o lamentable, en un polvazo digno de ser recordado (o repetido; el factor fidelizar clientes a estos muchachos les va a venir bien).

Las caricias que extienden la excitación hacia otras partes del cuerpo despertarán cierta afectividad y harán del encuentro algo grato. Es clave conocer este matiz. Cuando no existe un vínculo emocional con la otra persona, tendemos a la urgente satisfacción del instinto, y ello se traduce en que nos ceñimos exclusivamente a los genitales, vamos muy “al grano”. Muchos refieren incluso que cuando sólo es sexo, ni siquiera besan en la boca, o lo hacen muy “de pasada”. ¿Recordáis “Pretty Woman”? Pues lo mismo que decía Julia Roberts en su papel de prostituta, lo de “no beso en la boca porque eso es muy íntimo”, lo comentan muchas personas y, sin embargo, ello no obsta para que practiquen una felación, cunnilingus y/o penetraciones de todo tipo.

No tiene mucho misterio el final del cortometraje si el argumento va de dos extraños que se miran y se esconden en un cuarto de baño de una discoteca o si estamos resolviendo una pelea que instantes atrás nos tuvo con la vena del cuello hinchada y desgañitándonos, pero sendas carreras hacia el orgasmo se pueden hacer de dos modos. O bien en solitario, con el apoyo presencial de un cuerpo en usufructo, o bien adueñándonos del pronombre “nosotros” por un rato, y tratar de esprintar juntos, para que no sea un acto insípido, decepcionante para ambos (tras eyacular él se encuentra con que no tiene nada que decirle y ella, aunque alcance un orgasmo, se siente con un vacío hasta doloroso).

En relación al hombre, se necesita que en la fase de acercamiento o de preliminares se desvíe la atención del pene y se tengan en cuenta todos sus demás puntos erógenos. Su erección será la misma pero, al encontrarse “mimado” en todo su ser, la reacción física se verá teñida de cierta afectividad, de una sensualidad que definitivamente satisface a ambos mucho más –y que, por descontado, tiene dos efectos positivos: retrasa la eyaculación y potencia la sensación orgásmica-.

Por el lado de la mujer, si bien la tendencia es meter la mano y agarrar los pechos o bajarla y colarte entre sus bragas nada más empezar, será más interesante y logrará mayor placer si le haces sentir la pasión mediante largos morreos de película –no de las porno, por favor, sino, sin que sirva de precedente, de las de adolescentes americanos-, caricias paulatinamente más intensas y que avanzan por todos los rincones de su cuerpo. La clave será ir creando una expectativa, ganar terreno dando rodeos por las zonas próximas a sus puntos más erógenos (clítoris, pezones, entrada de la vagina…), haciéndola desear que avances hacia las zonas genitales.

Ambos pueden satisfacer ese deseo de sexo sin amor por turnos, dándose tiempo para recibir y regalar apretones, lametazos, caricias y besos y siendo receptivos a las señales (jadeos, susurros, alteración de la respiración, movimientos de la pelvis, acercamiento/alejamiento del cuerpo, abrazo más intenso, rechazo, quejido, etc.) del otro.

Sepan que mis alumnos me dedicaron más de una mirada de reconocimento, en plan “ella sí que sabe”. A ver si es que he dado con mi verdadera vocación…