La triple P

He decidido titular Triple P a este post porque si pongo PPP, seguro que les confundo y que alguien creerá que debe esconderse, protejerse o ponerse a cubierto, aterrorizándose al imaginar que cabe ir a peor, y ya parecía imposible, tras este año de PP… Pero pueden traquilizarse. Como digo con frecuencia: yo no escribo de política sino de pollas. En un sentido muy amplio, claro.

La triple P de la que les quiero hablar es una teoría que he encontrado en un libro. Sí, en uno de los que me leo cada semana. No se trata de una teoría escuchada en el baño de un afterhours, haciendo cola en una narcosala, ni solicitando nada en el INEM. Uso la lectura como refugio donde protegerme de mí misma, del resto de los humanos y de la circunstancia (porque una es una y su susodicha, que a veces tiene mucho más de “sus(t)o” que de “dicha”…). En mis evasiones no fiscales manejo textos ajenos y medicamentos intensos. Y también me gustan las altas graduaciones, tanto en bebidas alcohólicas como en los cristales de las gafas (ya se entiende que unas para ver doble y otros para ver algo…). Probablemente, cuando lleguen a este punto leyendo, piensen que voy beoda… No. Es que no me encuentro a mí misma. Resulta que he empezado a escribir mi cuarto libro. Llevo destripándome para ello unos días… Y me siento exacta y precisamente como cuando se está escribiendo un nuevo libro… Entre concentrada, enloquecida, revuelta, inspirada y deseándolo, incapaz de hacer otra cosa, atrapada en tu propia mente y en el estado de ánimo en que resuenas para que esas páginas se llenen de letras con tu mensaje, y a la vez temiendo afrontar el reto y muy consciente de que puedo abandonar en cualquier momento… Publiqué tres libros en tres años. Llevo “sin” desde 2009. Y de pronto, creo que voy a poder sacarme de la cabeza y de las tripas “eso” que ya empieza a tener forma, y me apetece más que comer, que salir, que dormir, que leer, que ver la tele, que hablar o que follar. Porque a mí, cuando estoy en trance, me sobran el mundo y sus habitantes. Y así me siento: tengo una voz para ese libro pero me he quedado muda para este blog. Y si no muda, sí muy afónica. Pero si en su día hice de la manipulación una forma de vida, ahora descubriremos si soy buena ventrílocua. Sepan que les respeto y que por eso les explico este cambio de tono. Y de tercio.

Y retomo lo de la triple P. Una teoría fabulosa que yo desconocía y que he llegado a estudiar en mi ya prolongada investigación y mis constantes intentos por acercarme a esa bestia negra (y a veces parda) que son los hombres heterosexuales que pueblan las ciudades a fecha de los corrientes. Y sí, hay días que por su culpa se hacen muy pero que  muy corrientes… La cuestión es que sean la minoría, como las bestias pardas. Y que sus zarpazos sean los mínimos. Lean, por favor.

El libro del que les hablo es “Act like a lady. Think as a man. What men really think about love, relationships, intimacy and commitment“. De Steve Harvey(Actúa como una dama. Piensa como un hombre. Lo que los hombres piensan de verdad acerca del amor, de las relaciones, la intimidad y el compromiso). Se enfoca en los heterosexuales y su autor es el famoso monologuista y humorista americano. Este trabajo de Steve Harvey está siendo mi libro de cabecera desde hace meses. Podría titularse “en la mente del asesino”, pero ya está registrado…

Este señor nos explica, todo paciencia, muchas obviedades que ninguna tenemos interiorizadas y a las que yo, que me creo tan lista, me he estado oponiendo porque me veo además muy moderna por culpa ciertos mensajes feministas tan absurdos como esos que abogan por no depilarse, ni teñirse el pelo o los que piden que la mujer haga la mili… Desde que lo leí, hará un año, he comprobado que amigas que han seguido sus consejos, han obtenido éxitos, ¡funcionan!

TEORÍA DE PPP

El amor que da y que necesita una mujer es distinto del que un hombre requiere y del que ofrece. Resulta confuso identificar los sentimientos masculinos y tampoco es fácil reconocer las intenciones que albergan. Si un hombre quiere a una mujer hará cada una de estas tres cosas: PPP.

Profess o reconocimiento, en el sentido de “darte tu sitio”. Ello implica que te introduce en sus distintos círculos: familiar, laboral, social… Además, si un hombre va en serio contigo y te quiere en su vida, cuando te presenta a su entorno lo hace otorgándote un título: “mi novia”; “mi pareja”; “mi chica”; “mi mujer”… muy ditinto del “ésta es X” o “X, una amiga”.

Protect o protejerla. Cuando un hombre te quiere, si alguien dice, hace o insinúa, o simplemente piensa en hacer algo ofensivo contra ti, “su mujer”, corre el riesgo de ser fulminado. Por naturaleza, un hombre eliminará cuanto encuentre en su camino que pueda resultar ofensivo o peligroso para ella. La protección no consiste exclusivamente en utilizar la brutalidad o la fuerza física, se extiende a los consejos, recomendaciones, o al mero hecho de no dejarla sola ante situaciones difíciles.

Provide o proporcionar. Durante milenios los hombres han sido educados con una misión: traer a casa dinero/recursos con los que alimentar (en sentido amplio) a su mujer e hijos. La masculinidad, en realidad, consiste en ser el que mejor provee a los suyos (además de estar bien dotado). Un hombre paga las facturas que haya que atender: colegios, ropa, consumos (gas, luz, agua), etc., y no derrocha su sueldo en caprichos entregando en casa sólo lo que le sobra. Un hombre que de verdad quiere a una mujer no provoca que ésta le tenga que suplicar el dinero para pagar las cosas necesarias. Si un hombre no puede proveer, sea por egoísmo, estupidez o incapacidad, o por las tres cosas, no se siente un hombre, sino un fracasado y, o bien escapa de los compromisos (rechaza tener pareja o la abandona a ella y a sus hijos), o cae en una larga lista de problemas (adicciones).

Dejen que les traduzca algunos otros fragmentos:

“Nosotros los hombres somos muy simples: si nos gusta lo que vemos, nos acercamos. Si no queremos nada de ti, no. Punto. Por favor, subraya esta parte y recuérdala la próxima vez que un hombre se te acerque: un hombre siempre quiere algo. Siempre. Y en lo que respecta a las mujeres, el plan consiste en averiguar dos cosas: 1.- Si estás dispuesta a acostarte con él. 2.- Si lo estás, cuánto le va a costar que te acuestes con él”.

Si un hombre te ve y se te acerca, ¿para qué crees que ha venido? No le interesa saber nada de ti, no le interesan tus aficiones, tus deseos o tus objetivos. Eso es lo que hacen las mujeres cuando intentan conocer a alguien. Pero para los hombres es realmente menos complicado: ha visto algo que le ha gustado y ahora va a ver si lo puede conseguir. No le importa nada tu personalidad; tus amigo/as para él no significan nada; y le da igual si crees en Dios. Él sólo quiere saber si va a poder acostarse contigo y está hablándote para determinar exactamente cuánto va a tener que invertir para lograr lo que quiere. Por “invertir” no sólo entiende cuestiones de dinero, sino tus “requerimientos”, que van en función de tus valores. Él estará evaluando si tu “precio” es demasiado alto, si se lo puede permitir, si te puede conseguir a crédito, o si puede tenerte esta misma noche. Si tú no pones ningún requisito, si no fijas las reglas y las bases, entonces “eres gratis”, en el fondo le estás diciendo que vas a jugar según las reglas que él imponga. Le estás diciendo que no te importa con qué frecuencia te llame, cada cuánto tiempo vais a quedar o si te abre la puerta del coche… Él sabe que te va a llevar a la cama con un esfuerzo mínimo. Pero si desde el comienzo le expones tus exigencias -que necesitas que te dedique su tiempo, que quieres su respeto y su atención-, entonces él comprende que eres “cara” y que va a tener que esforzarse para lograr el “premio”. Para algunos –quienes sólo buscan pasar un buen rato y no están interesados en el respeto y el compromiso-, ese coste será demasiado elevado. Pero para otros, “tu precio” será razonable y seguirán conociéndote. Según Harvey: “Ahora, cuando un tipo se te acerque sonriendo y te hable como si realmente le interesaras, actúa como tú sabes. Porque ahora, ya sabes. Él quiere acostarse contigo. ¿Cuál es tu precio? Si se lo dices desde el comienzo, él también, desde el principio, te dirá si es demasiado elevado para él. Y entonces, puedes decidir”.

Uno de los famosos -se refiere a amigos suyos personales-, alguien que no está interesado en mantener una relación, confesó: “Tengo tantas que… Si alguna me hace preguntas no contesto; porque, por cada una que pregunta tengo dos que no lo hacen”. “Llámenlo fraude, farsa, error o comportamiento inexcusable, pero así es como funciona. Y esta forma de pensar no sólo se da en las celebridades, sino en todos los círculos -médicos, abogados, conductores de camión y repartidores-. Algunos tienen tantas mujeres disponibles como mis amigos famosos. Y las mujeres con las que juegan siguen la misma dinámica que las supermodelos que cuelgan de los brazos de los famosos. Si te pones a la cola, sea la fila de tres o de treinta y tres mujeres, todos sabemos que no es un buen sitio para estar. El objetivo es no ser de las que está haciendo cola”.

La buscona: en la mente del hombre existe el fantasma de un tipo de mujer que se caracteriza por explotar económicamente a su pareja. Existen féminas que se casan sólo por dinero, pero Harvey advierte que el término Buscona es una argucia masculina: <<Lo inventamos para quedarnos con nuestro dinero y continuar obteniendo de vosotras todo sin que nos pidáis nada o dándoos el mínimo de responsabilidad que los hombres están obligados a asumir. Tened esto claro: tenéis derecho a esperar que un hombre os invite a cenar, saque la entrada del cine o pague la entrada de la discoteca, o lo que sea que haya que pagar a cambio de vuestro tiempo. Acabad ya con esa idiotez de “Pago mi cena para que no piense que le necesito”. Sabed que a un hombre de verdad le gusta sentir que lo necesitan>>.

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