Canibalismo sexual

Quién sabe si por tratarse del primer post del año, hoy no opto por citarme a mí misma siguiendo el soliloquio de mi ego voraz sino que voy a homenajear a un tercero porque la sorpresa, y también la incredulidad ante mi propia ignorancia vencible, me superan.

En “Por qué es divertido el sexo“, he leído unos párrafos que me han desobitado los ojos. Y la razón, probablemente, será que una está tan imbuída de contenidos eróticos y sexuales para humanos que se llega a distanciar e incluso olvida (o acaso no ha conocido jamás) los hábitos y conductas del resto de las especies, todas sexuadas y practicantes a su modo, sea éste el que sea… Para que vean que soy muy capaz de hacer un cambio de registro: de Carrie Bradshaw a Félix Rodríguez de la Fuente. Les parecerá una clase de Ciencias Naturales pero pienso que merece la pena; verán que resulta entre aleccionador y sobrecogedor trascender un poco de la sexualidad recreativa que disfrutamos los de nuestra especie y encarar que la evolución sexual está severamente constreñida por compromisos heredados y por la historia evolutiva previa.

Si se piensa, hay verdaderos abismos respecto de los demás seres vivos, en cuanto a la sexualidad (ni mencionamos la capacidad de pensar, de hablar y de intervenir sobre el medio ambiente…). “En la mayoría de las especies de peces una hembra pone huevos y un macho los fertiliza fuera del cuerpo de ella. En los mamíferos placentarios y marsupiales una hembra da a luz -copio literal al autor para quien supongo que las mujeres parimos y las ratas, por lo leído, “dan a luz”-, crías vivas, y no huevos, y todas las especies de mamíferos practican la fertilización interna (esperma masculino inyectado dentro del cuerpo de la hembra)”.

Hay que saber que algunas características sexuales podrían ser más ventajosas para la supervivencia y la reproducción que otras según la disponibilidad de alimento de cada especie, su exposición a depredadores y otras características biológicas. Citaré un ejemplo que a primera vista parece diametralmente opuesto a la lógica evolutiva: el canibalismo sexual. El macho de algunas especies de arañas y mantis es devorado rutinariamente por su compañera exactamente después (o incluso durante) la cópula. Esto es algo que me he hartado de mencionar para hacer chistes sobre devoradoras de hombres y demás, en plan topicazo, pero que, hasta hoy, lo admito, no había llegado a entender en absoluto.

En mi enorme generosidad, comparto con ustedes los secretos de las verdes caníbales. Para empezar, y aunque nos asombre, sepan que esta práctica implica el consentimiento del macho, puesto que en estas especies se acerca a la hembra, no hace ningún intento de escapar y puede incluso inclinar la cabeza y el tórax hacia la boca de aquélla de manera que la hembra puede abrirse camino a mordiscos a través de la mayor parte de su cuerpo mientras su abdomen permanece adherido completando la tarea de inyectar esperma dentro de ella.

Si se piensa en la selección natural como la maximización de la superviviencia, tal suicidio caníbal carece de sentido, por lo que explica el libro. Sin embargo, en realidad, la selección natural maximiza la transmisión de genes, siendo la supervivencia con frecuencia tan sólo una estrategia que proporciona repetidas ocasiones para proceder a ella.

Supongamos que las oportunidades de transmitir genes aparecen impredecible e infrecuentemente, y que el número de la progenie producida en tales ocasiones aumenta según las condiciones nutricionales de la hembra. Tal es el caso de algunas especies de arañas y mantis que viven en bajas densidades de población. Un macho tiene suerte si encuentra una sola hembra, y no es probable que ese golpe de suerte ocurra dos veces. La mejor estrategia del macho es producir la mayor cantidad posible de progenie que lleve sus genes como resultado de su afortunado hallazgo. Cuanto mayores sean las reservas nutricionales de la hembra, más calorías y proteínas tendrá ella disponibles para ser transformadas en huevos. Si el macho partiera después del apareamiento, probablemente no encontraría otra hembra, y la continuación de su supervivencia resultaría entonces inútil. En vez de ello, animando a la hembra a que le devore la capacita para producir más huevos que lleven sus genes. Además una hembra de araña cuya boca está distraída masticando un cuerpo de macho permite que la cópula con  los genitales del macho tenga lugar durante más tiempo, resultando en más esperma transferido y más huevos fertilizados. La lógica evolutiva del macho de araña es impecable, y sólo resulta estrambótica a nuestros ojos debido a que otros aspectos de la biología humana hacen del canibalismo sexual una desventaja. La mayoría de los hombres tienen más de una oportunidad de copular en su vida (y si pagan, ya ni hablamos…); además, incluso las mujeres mejor nutridas normalmente dan a luz a un único hijo al tiempo, o, como mucho, gemelos; y una mujer no podría consumir de una sentada la suficiente cantidad del cuerpo de un hombre como para mejorar significativamente las bases nutricionales de su embarazo.

El canibalismo sexual de arañas y mantis es favorecido por las variables económicas de baja densidad de población y baja tasa de encuentros, y por las variables biológicas de la capacidad femenina de digerir comidas relativamente grandes e incrementar considerablemente su produccion de huevos cuando está bien nutrida.

Seguramente el libro me llegue a explciar por qué le sexo es divertido. Si no, vaya un fraude de título tramposo.