Cirugía mamaria I

¿Que sin tetas no hay qué? Sepa todo el mundo que a golpe de talonario, o entregando fajos de dinero B, o recurriendo a la financiación en cómodos plazos mensuales amablemente ofrecida por las propias clínicas, hoy día, podemos comprar el paraíso (no es del todo cierto –ya verán que las curvas de vértigo no siempre llevan a la Gloria, aunque sí, frecuentemente, a polvazos insospechados-, pero la frase mola…).

Últimamente, casi no voy al cine porque con los telediarios ya me surto suficientemente de horrores y con el facebook de catastrofismo… Y encima, dispongo de mi propia mente para recrearme en el dolor y derivar a estados de ansiedad y de pánico de agárrate y no te menees. Desde esa sensación confusa, una mezcla truculenta de pena, ansiedad, depresión y escándalo les escribo. Adelanto que no se debe a la vuelta a la tele de Belén Esteban. Eso me produjo vómitos… y tenía Primperán a mano.

El detonante de este post (siempre hay al menos uno, como en los asesinatos) ha sido la noticia de una mula que llevaba las prótesis rellenas de cocaína… Yo que pensaba que para mi novela sobre cirugía, ya lo había documentado todo.  Me espanta pensar que un ser humano se preste, por cuatro mil euros, a una condena de privación de libertad por tráfico (llevaba 1.377 gramos). A ello se suma la carnicería. Dicen los agentes de policía que notaron vendajes y que descubrieron dos cortes abiertos bajo los pechos. La chica de veinte años, panameña, había viajado con las heridas sangrando y supurando.

Las intervenciones femeninas de pecho se denominan mamoplastia de aumento y mastopexia. La primera es para un aumento del pecho mediante colocación de implantes. La segunda tiene que ver con la reparación o reducción de los senos (caídos, vaciados o excesivamente grandes…). Son las intervenciones estéticas más solicitadas, ya que la feminidad se vincula desde siempre a las mamas. Se describen tres tipos de intervención: periareolar, submamaria y axilar, en función de la vía de acceso empleada para introducir las cápsulas.

Dejen que copie una conversación con una cirujana estética de Madrid, que mantuve cuando escribía “Historias de Amor y cirugía”.

- Y las operaciones de mamas claramente tienen una connotación sexual –aseguró la doctora-. Sexual total.

- ¿En la mujer tener un pecho grande equivale a lo que a un hombre le supone tener un pene enorme? Con la diferencia de que la ropa femenina es muy reveladora y permite “comprobar” antes de estar desnuda…

- Sí, es una finalidad sexual, completamente. Es cierto que las mujeres llevamos la ropa escotada y por más que marque un pantalón, no se marca una polla tanto ni tan constantemente como se marcan las tetas con un escote. Una mujer que no tiene tetas se siente totalmente asexual. No se siente mujer, no se siente femenina, ni atractiva. La que tiene mucho culo puede o no presumir de él, pero sigue sacando el pecho para sentirse bien.

- Moda y armonía, en cirugía estética, ¿van de la mano?

- Uhmmmm. No, yo creo que no. Y en el tema del pecho olvídate. Ahí moda y armonía… nada que ver. Ahí es moda, moda, moda. Es como cuando me dicen: “No quiero parecer ordinaria, ¿no me pondrás mucho, verdad?”. “¿Qué talla quieres tener?”. “Una 100”… ¡No, claro, ordinaria no! Porque para mí, ordinaria es más de una 90. Sinceramente, muy, pero que muy poquita gente, piensa antes de operarse.

- ¿Qué edad tiene la paciente que aumenta su pecho? Porque las habrá que no tienen nada, planas, y también casos de personas que sufren una deformidad…

- Ése es un porcentaje mínimo, estaríamos hablando casi de cirugía plástica reconstructiva, no de estética. Sí que es cierto que hay mujeres que tienen complejos con las mamas, pero es muy raro el caso de una mujer que, sin tener tetas, espera a la edad ideal para operarse. Siempre hay algo en nuestra cabeza que hace que nos precipitemos o que te operes ya demasiado tarde, es decir: ¿para qué te operas ya con 60 años? Yo no conozco a una mujer planita que espera a cumplir los 22 años, que es la edad buena, para operarse. Hoy día se operan antes. A los 19 ya están dando por culo con que se quieren operar. Se operan con 22 porque no han tenido dinero antes o porque los padres no las han dejado. Y luego está la plana que se opera con 50 y tantos… ¿dónde vas ya con 60 años a ponerte las tetas?

Existen cientos de manifestaciones audiovisuales, y de subgéneros pornográficos, que otorgan a los pechos femeninos el rol protagónico. Las prácticas más bizarras encumbran a actrices por lo “especial” que sea su delantera. Encontramos aniñadas estrellas niponas, las nínfulas barely legal, como Anastasia Mayo o Zuleidy Lapiedra (antes de recauchutarse), ambas con poco más que un pezón; a las big bobs, las reinas de los récords guiness, como Sabrina Sabrok, dueña de unas tetas más grandes que un balón de baloncesto. De las “mutantes” tipo Celia Blanco (ahora Cecilia Gessa) que han cambiado de look y quizá de talla ya hablaremos.

Algunas parafilias y el parcialismo conllevan fijación con los pechos y su activa aplicación al placer, bien como simple contemplación, o para su roce como ayuda a la masturbación.

Lactafilia: excitación por los pechos que amamantan.

Mazofalacia (mazophallate): frotar el pene entre los pechos (“una cubana”).

Parcialismo: atracción sexual por sólo una parte del cuerpo de la pareja: pies, manos, pechos, etc. (Ver morfofilia, fetichismo.)

Sucusturpación: masturbación que se practica a través de la succión de los propios senos.

(sigue)