El orgasmo está sobrevalorado

Tipos de orgasmo, orgasmo express, orgasmo femenino y orgasmo masculino, potenciadores del orgasmo, fármacos contra la anorgasmia, fármacos contra la disfunción eréctil, puntos orgásmicos, etc. Hay toda una industria orgásmica. Hasta ahí, normal, dado que vivimos en una sociedad de consumo. Pero la cosa empieza a ponerse fea cuando la cultura, el pensamiento de la gente, se tiñe de esta idea. La gente folla mucho, muchísimo… pero no lo hace necesariamente cada vez mejor. Nadie cuestiona que hacemos acrobacias, nos introducimos objetos indescriptibles por cualquier agujero y gastamos en tecnología sexual auténticas fortunas para tirarnos a muchísimas personas de las que no tenemos tiempo de aprendernos ni el nombre y, aún así, “no nos sentimos llenos” –de hecho, la sensación de insatisfacción se va agravando-. Es que resulta que hay un error de base: estamos obsesionados por conseguir orgasmos. Pero, por placenteros que sean, al final se desvanecen, duran lo que duran, unos segundos… y eso desgasta tremendamente. Porque la vida es otra cosa, y el sexo, también. Parte de la cagada se debe a menospreciar la trascendencia del acto sexual que, en definitiva, es el que origina ni más ni menos que el milagro de la vida. Quizá nos ahorraríamos muchos malos polvos si nos detuviéramos a pensar: “¿si el condón falla querría tener a esta persona cerca forever and ever como padre/madre de mis vástagos?” -porque paradójicamente, la única mujer que es para toda tu vida es precisamente “la ex” que es la madre de tus hijos, ésa de quien te quisiste librar…-. Sólo es una reflexión.

Nos hemos excedido, hemos malinterpretado los conceptos de libertad y de modernidad. Bien está librarnos del oscurantismo; perfecto lo de desmitificar tabúes y desenmascarar falacias. Totalmente necesaria la información anticonceptiva y de prevención de sida, hepatitis, ETS e ITS: conozcamos las reglas del juego; imprescindible lo de equiparar a la mujer y al hombre en deberes y placeres… Pero, de ahí a perderle el respeto, a trivializarlo, a infravalorarlo… Al final, como no somos animales –o no solamente-, nos sentimos tremendamente defraudados. La relación sexual supera al estricto orgasmo. El orgasmo es algo que si viene, bienvenido sea, pero no ha de ser la meta. La meta es disfrutar de un buen rato en compañía de alguien que nos gusta, que nos divierte, a quien admiramos, a la que respetamos e, incluso, queremos… Durante ese tiempo que compartimos podemos darnos el lujo de pasar la lengua por todo su cuerpo, de acariciarlo, de contarle nuestro pensamiento más profundo o delirante, podemos abandonarnos y que sus manos nos saquen de este mundo por un rato…

Me da pereza y siento tremenda impotencia al tratar de sintetizar en una línea toda la sabiduría que durante milenos ciertas culturas han acumulado. El sexo es una fuente de placer. Podríamos entenderlo como si fuera viajar. Si eres aficionado a ello, embárcate con la idea de aprovechar cada instante, de empaparte de lo que ves, de lo que oyes, de lo que experimentas… Deja que te lleve, ya regresarás de allí dondequiera que aparezcas. Disfruta del viaje, sin obsesionarte por el destino. Como verás, aludo al viaje de placer, el de vacaciones, lo que para muchos es sinónimo de quitarse el reloj, apagar el móvil, repanchingarse en un entorno cómodo y agradable… Prepárate para ser un turista modelo: aséate bien para no atufarles; ponte algo que te favorezca para salir ideal en las fotos; respeta a tus compañeros de viaje, hazles el trayecto ameno, compórtate como te gusta que ellos hagan contigo; ofréceles lo mejor que tienes –en realidad, se trata de un privilegio estar ahí, del merecido premio que te estás dando, ¿no? Pues alegra esa cara-. Acepta una parada fuera de itinerario, la visita de monumentos no anunciados en la guía, un retraso “por culpa” de alguien que tuvo un contratiempo; sé capaz de improvisar una ruta alternativa si algo obstaculiza la marcha prevista. En definitiva, sé abierto y generoso.